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ABC SÁBADO 6 5 2006 Internacional 33 Patrick, hijo del senador Ted Kennedy, estrelló su coche sin luces a las dos de la madrugada contra una barricada de seguridad frente a la sede del Congreso federal Otro Kennedy, otro escándalo TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL. FOTO: AFP Encarcelado el hombre de confianza de Silvio Berlusconi b El proceso al ex ministro de Defensa, Cesare Previti, requirió diez años para su resolución, aunque su edad impedirá que pase mucho tiempo en la cárcel JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. El que fuera mano derecha de Silvio Berlusconi y ministro de Defensa en su primer Gobierno, Cesare Previti, se presentó ayer por adelantado en la cárcel romana de Rebibbia para cumplir la condena definitiva a seis años de cárcel emitida el jueves por el Tribunal Supremo. Los sorprendidos funcionarios le admitieron, al fin, por la tarde, cuando llegó la orden de su ingreso en prisión, donde pasará poco tiempo pues tiene 71 años y se acogerá a medidas de gracia creadas a su medida en el Parlamento del que formaba parte hasta ayer. El que fuera abogado, hombre de confianza y ministro de Silvio Berlusconi en el Gobierno italiano de 1994, ha recibido diversas condenas por soborno a jueces, tanto con dinero de Finivest como de otras empresas, pero había conseguido evitar la cárcel gracias a la protección del Cavaliere y a la complejidad del derecho penal de Italia, donde las condenas no se ejecutan hasta que la primera sentencia resulta confirmada por otros dos tribunales de rango superior. Quien conoce los entresijos de la Justicia y dispone de suficientes recursos puede realizar maniobras dilatorias hasta llegar al plazo de prescripción del delito antes de que la maquinaria judicial emita la condena definitiva. El Tribunal Supremo ordenó, además, la reapertura de otro proceso a Previti por soborno de jueces en la compra de la editorial Mondadori, en el que fue juzgado también Silvio Berlusconi hasta que el Tribunal Supremo reconoció en 2001 la prescripción del delito que se le imputaba. WASHINGTON. Aproximadamente a las 2: 47 de la madrugada del miércoles al jueves, un Ford Mustang descapotable a excesiva velocidad, sin las luces encendidas y tras casi chocarse con un coche de Policía, se estampó contra una de las múltiples barreras de seguridad que desde el 11- S rodean la sede del Congreso federal en Washington, justo en la esquina de las calles C y Primera. Así ha comenzado el último y muy comentado escándalo en la saga de los Kennedy, cuyo protagonismo esta vez corre a cargo del diputado Patrick Kennedy, hijo del senador Ted Kennedy. Los primeros oficiales del cuerpo especial de Policía dedicado a custodiar el complejo parlamentario que llegaron a la escena del accidente advirtieron que el ileso conductor presentaba ojos rojos y llorosos, ligeras dificultades para hablar y, tras salir del vehículo, un inseguro sentido del balance Pero a pesar de todos esos sospechosos indicios, y en virtud de una supuesta interferencia de sus mandos, Patrick Kennedy no fue sometido a la obligada prueba de alcoholemia como hubiera podido esperar cualquier otro ciudadano en similares circunstancias. En lugar de enfrentarse a una completa pesquisa, se optó por aparcar el dañado Ford de color verde, con evidentes daños en el lado del conductor. Y el diputado fue conducido por unos mandos policiales hasta su vecina residencia particular. Pero al trascender el suceso 19 horas después, y todas las apariencias de un cuestionable trato de favor, la resaca para Patrick Kennedy ha resultado especialmente dolorosa. Para contener la situación, Patrick Kennedy ha emitido un largo comunicado desmintiendo categóricamente que estuviera borracho e insistiendo en que su accidente se debió a la combinación de dos fármacos recetados- Phenergan y Ambien -que había tomado en su casa para tratar su gastroenteritis y conciliar el sueño. De acuerdo a la versión del congresista de- Patrick Kennedy, junto a su padre, Edward, en una acto de campaña mócrata, se levantó de madrugada desorientado pero creyendo que tenía que acudir urgentemente a su escaño en la Cámara de Representantes para participar en un procedimiento de votación. El problema es que el último voto de esa jornada legislativa había tenido lugar casi seis horas antes. AFP El recuerdo de Chappaquiddick Automáticamente, el incidente frente al Congreso ha inspirado casi inevitables comparaciones con la tragedia automovilística de Chappaquiddick protagonizada por el senador Ted Kennedy en julio de 1969. En aquella ocasión, el senador condujo su Oldsmobile fuera de un puente de madera en la costa de Massachusetts, lo que resultó en la muerte por ahogamiento de una joven voluntaria de su campaña, llamada Mary Jo Kopechne. El senador abandonó la escena del accidente sin informar durante horas a la Policía de lo ocurrido. Aunque el poderoso clan pudo entonces evitar graves consecuen- cias políticas o penales, Chappaquiddick figura como un factor decisivo en las abortadas ambiciones presidenciales de Ted Kennedy. Su hijo Patrick, diputado por Rhode Island desde 1995, también posee, a los 38 años, un nada despreciable historial de problemas extraparlamentarios. Tras haber necesitado tratamientos para combatir problemas de adicción a la cocaína y el alcohol, el congresista ha reconocido que sufre de psicosis maníaco- depresiva. En marzo del 2000 fue grabado en video mientras empujaba a una guardia de seguridad en el aeropuerto de Los Ángeles, por un problema de dimensiones de equipaje y no haber sido debidamente reconocido. Caso que se cerró con una generosa compensación monetaria. Aquel verano también fue acusado de causar cuantiosos destrozos en un yate alquilado. Patrick Kennedy anunció finalmente ayer que ingresará en breve en una clínica especializada en las adicciones de medicamentos