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58 Cultura VIERNES 5 5 2006 ABC LA HISTORIA DE ESPAÑA, NOVELA A NOVELA Cayetana Fitz- James Stuart Duquesa de Alba La siguiente presentación explica cómo era el Madrid goyesco. Al tiempo, la Duquesa de Alba nos cuenta cómo era su antepasada Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, personaje esencial de esa época, abordado en la novela La Duquesa de Alba de Carmen Güell, de la colección de ABC Un dieciochesco Madrid de rumores TEXTO: LUIS CONDE SALAZAR MADRID. Muchos aspectos de la vida de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva Bazán (Madrid, 1762- 1802) decimotercera duquesa de Alba de Tormes, pertenecen al tan patrio territorio de la conjetura. Dicen crónicas de época que la aristócrata llevaba una vida disoluta, que dilapidaba su inmensa fortuna en licenciosas fiestas rayanas en lo orgiástico y en controvertidos mecenazgos muy dados al dime y direte de mentidero forense. Cuentan que tuvo a Goya y a Godoy bajo sus sábanas (uno a uno, eso sí) del Palacio de Buenavista, entre las calles de Alcalá y el Paseo de Recoletos, y que su prematura muerte, ocurrida tras un banquete ofrecido en su residencia, no fue sino un asesinato detrás del cual estaba la mano de la propia reina María Luisa, esposa de Carlos IV, envidiosa de la simpatía con que la duquesa regaba jardines, palacios y calles de Madrid, amén de su belleza morena (aunque no esté claro que ella sea ninguna de las dos desnudas majas que pintó el aragonés) inteligencia, instrucción y un toquecito de frivolidad: el cóctel perfecto para producir grandes adulaciones y no pocos celos. Chismorreos con más o menos fundamento que no tenían nada de extraño en una ciudad, ese Madrid de finales del siglo XVIII, poblado por unas 200.000 personas (para un total de algo más de diez millones y medio que había en España) entre nativos y forasteros en permanente tránsito y en el que la clase media prácticamente no existía, la clase baja sí, y mucho, y la alta estaba compuesta en buena parte por esos a los que Larra llamó ociosos y habladores Cayetana de Silva era una aristócrata rebelde En la imagen, una escena cotidiana del Madrid goyesco mo las escritas por Raymond Carr o Campomanes, entre otras. Y mientras, el matador sevillano Pepe Hillo y el picador Laureano Ortega llenaban las páginas de los periódicos capitalinos, entre ellos La Gaceta de Madrid y El Mercurio, con sus hazañas en Las Ventas. -Dentro de las mujeres de la Casa de Alba, ¿cuál considera que ha sido el papel histórico de la duquesa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (1762 1802) -Su españolismo, popularidad y su inteligencia. Para esa época no cabe duda de que era bastante instruida. -Existen las aristócratas rebeldes? -Sí, ella era una. -Siempre entre pintores, escritores e intelectuales, ¿cuál ha sido la relación de su casa con el mundo de las letras? -La relación con el mundo de las letras ha sido muy grande, y con el arte también. ¿Qué queda de lo goyesco que representó tan bien su antepasada en sus sucesoras, y en usted misma? ¿Qué sentimientos o sensaciones provoca en usted esta antepasada? -El gran patriotismo y amor al arte. Lo simpática y española que era. Pero no dejó nada a sus antepasados, lo cual estuvo muy mal, porque no tenía hijos; tenía sobrinos. ¿Hay un balance en la memoria de la casa de Alba entre hombres y mujeres? ¿A quiénes se recuerda más? Porque hay grandes hombres y grandes mujeres en su historia... Se recuerda más al Gran Duque de Alba y a Cayetana la XII Duquesa de Alba- -Finalmente, la duquesa de Alba se implicó en la situación política de la España de su tiempo. ¿Cómo ve usted desde su gran experiencia nuestro actual horizonte político? -Yo soy como ella, muy patriota y muy española, en eso nos parecemos. Majos y majas Era aquella una urbe en permanente estado de obras, en ese sentido muy parecida a la actual, que estrenaba día sí y día también paseos, arboladuras, fuentes y palacetes, integrados en grandes proyectos arquitectónicos de mayor o menor éxito, pero cuyo crecimiento, en extensión y demografía, estaba prácticamente estancado. Majos y majas (decíase de tipos periféricos, ataviados con trajes vistosos, de maneras arrogantes, y que se conocían también como chulos, manolos o chisperos) nobles y aristócratas, lucían palmito por primavera en praderas y verdegales, acompañados los últimos por un séquito de criados en una suerte de botellón, muy esnob y colorista, que tan bien supo reflejar Goya en sus geniales pinceladas. Una visión que contrasta con la de la gran cantidad de mendigos y vagos que deambulaban por la ciudad, una clase muy dada a la violencia que ha quedado reflejada en numerosas páginas de la literatura, co-