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4 Opinión JUEVES 4 5 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LA LARGA SOMBRA DE ETRÁS- -o delante- -de la decisión del presidente de Bolivia, Evo Morales, de nacionalizar todos los hidrocarburos del país está el presidente venezolano, Hugo Chávez, convertido de un tiempo a esta parte en perejil de casi todas las salsas en las que se cuece la política iberoamericana. Interlocutor en la crisis desatada por el líder indigenista, Chávez mueve los hilos de un bosque, cada vez más espeso, donde su sombra se alarga peligrosamente para amenaza de las cancillerías occidentales. Zapatero y Chávez hablaron ayer sin que se sepa el contenido de la conversación. Lo único claro en esta historia- -que el presidente del Gobierno ha calificado de problema puntual -es que España seguirá ayudando económicamente a Bolivia, reveladora declaración que puede convertirse en arma de doble filo si el Ejecutivo de La Paz sigue dando muestras de agradecimiento por el apoyo prestado. Rodríguez Zapatero apuesta por el esfuerzo diplomático y político y ofrece su lado más amable para tratar de encontrar una salida a un problema en el que los principales damnificados son las empresas españolas. Mientras, Hugo Chávez, el conseguidor, compone a su antojo y marca el compás... HUGO CHÁVEZ D UN ORIENTE DEMASIADO PRÓXIMO M ILLONES de personas de buena fe han acompañado estos días al pueblo judío en la conmemoración del Holocausto, que fue sin duda uno de los capítulos más tristes de la historia del mundo. Y si una cosa quedó clara de aquella deleznable experiencia es que nunca jamás debería volver a repetirse, ya fuera contra los judíos o contra cualquier otro grupo humano, porque no puede haber afrenta, ni teoría racial ni proyecto político que pueda justificar el exterminio. La referencia a esta triste efemérides conviene ser tenida en cuenta porque, aunque hayan pasado más de seis décadas desde el fin de la II Guerra Mundial, no hay más remedio que constatar que el conflicto del Próximo Oriente (que puede decirse que nació como un efecto colateral de aquella conflagración) no solamente sigue en busca de una salida a tanto dolor y sangre, sino que además todas las perspectivas parecen indicar en estos momentos lo contrario, que lamentablemente lo que ya está mal en los territorios palestinos podría agravarse considerablemente, y en lugar de limitarse al escenario histórico, extenderse a otros países de la zona con elementos tan inquietantes como armamentos nucleares. No es casualidad que uno de los argumentos que con más frecuencia enarbola el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, en sus alocadas diatribas antioccidentales sea precisamente el de la negación del Holocausto judío, como si todavía hubiera que usar aquella tragedia como argumento para justificar la legitimidad de la existencia del Estado de Israel, y, por tanto, negando los hechos históricos se eliminase su derecho a seguir existiendo. Pero la verdad es que la única solución para que algún día se alcance la paz es proclamar que todos los pueblos de la región deben tener derecho a existir y todos deben reconocerlo y renunciar a seguir haciendo uso de la violencia para imponer sus posiciones. Ni los israelíes tienen derechos más allá de la legalidad internacional porque fueron víctimas de la barbarie nazi, ni los palestinos han de esperar que se perdonen los crímenes terroristas que se cometen en su nombre porque muchos inocentes son víctimas de los abusos de la ocupación, ni los iraníes pueden pensar que resolverán nada dotándose de armamento nuclear, mucho menos si es con la expresa intención de borrar a Israel del mapa. Después de no haber conocido más que una situación de guerra durante todas las generaciones de su historia como Estado, los israelíes se sienten socialmente agotados y quieren trazar unilateralmente una frontera, pensando ingenuamente que eso les protegerá del conflicto. Los palestinos están al borde del enfrentamiento civil porque sus representantes políticos demuestran continuamente una tendencia autodestructiva, y la comunidad internacional sigue esperando sin éxito un milagro que haga ver la luz a los líderes de Hamás para que puedan ser sacados de la lista de grupos terroristas. Es un hecho que aquellos planes que parecían posibles hace dos años para la difusión de las ideas liberales en todo el mundo árabe y el desarrollo económico de tantos pueblos, están hoy seriamente comprometidos por un conflicto enquistado en una región del mundo en la que se entrecruzan los más estratégicos intereses energéticos. A falta de paz entre israelíes y palestinos, el ambicioso proyecto del derrocamiento del sátrapa Sadam Husein ha pasado de ser una luz de esperanza para otros pueblos árabes a un pozo con entrada directa al infierno. Occidente también lleva demasiado tiempo sufriendo los efectos de este drama, a veces con la brutalidad de los atentados terroristas y otras veces a través de las tensiones sociales que la emigración ha trasladado al seno de nuestras propias sociedades. A la vuelta de un nuevo siglo seguimos contemplando cómo desgraciadamente ese conflicto entre palestinos e israelíes envenena continuamente nuestras relaciones con el mundo musulmán en todo el planeta. Si todos los países que han demostrado su simpatía por la iniciativa del Gobierno español bautizada como Alianza de Civilizaciones están pensando en hacer algo más que seguir la retórica hueca del enunciado de este eslogan, lo mejor que pueden hacer es ayudar con todas sus fuerzas a imponer una solución razonable en Oriente Próximo. Antes de que sea demasiado tarde, el mundo debe encontrar una manera de poner fin a este conflicto, para evitar tener que llorar en el futuro por otros holocaustos. BRUSELAS SACA LOS COLORES AL GOBIERNO A Comisión Europea abrió ayer la primera fase del expediente sancionador a España por restringir indebidamente la libre circulación de capitales y el derecho de establecimiento de las empresas en el real decreto aprobado por el Consejo de Ministros para obstaculizar la opa lanzada por E. ON sobre Endesa. A la espera de que termine por concretarse la sanción, tampoco parece razonable que el presidente del Gobierno recibiera la mala noticia llegada de Bruselas con un entra dentro de lo previsible lo que revela una innegable reconocimiento de la práctica antieuropea de aquella medida. Al tiempo, la eléctrica opada prosigue su estrategia judicial, pues, pese a estar paralizada la operación de Gas Natural, ha seguido interponiendo demandas a acuerdos administrativos, en este caso la autorización de la CNMV a la opa de la gasista. Tantos son los frentes que mantiene abiertos dentro y fuera de España- -y tan complicada y presumiblemente dilatada será su resolución si las cosas siguen en este punto- -que cada vez son más las voces que creen que la única alternativa es un acuerdo amistoso. Desde un principio, ya se apuntó desde estas líneas las dificultades que entraña una opa hostil. La estrategia del Gobierno (impugnada preventivamente tanto por la Justicia como por la Unión Europea) ha terminado por incrementar esa dificultad. L MORIR EN LA CARRETERA A cifra de muertos por accidente de tráfico en el primer puente de mayo ha hecho saltar de nuevo las alarmas: nada menos que 58 personas han perdido la vida en las carreteras españolas, superando de largo la cifra- -ya muy considerable- -de cuarenta víctimas mortales de 2005, aunque este año el puente era de un día más. Parece que fallan todas las fórmulas, porque no sirve apelar a la conciencia de los conductores, pero tampoco meterles miedo a través de dramáticas campañas publicitarias. Nadie pone en duda las buenas intenciones de las administraciones competentes, en particular de la Dirección General de Tráfico, pero los resultados son peores cada día. Habría que atender también a factores estructurales, como son la potencia de los vehículos que se ponen en mano poco expertas y los defectos notorios en el trazado y conservación de algunas carreteras. De hecho, el 72 por ciento de los muertos en este puente se han producido en vías secundarias. No cabe duda, sin embargo, de que existe L una mentalidad social permisiva con el uso y abuso del alcohol al volante, y con incumplimiento de las normas sobre límites de velocidad y otros preceptos del Código de la Circulación. Hace falta un serio esfuerzo en materia de educación vial para que las nuevas generaciones dejen de mostrarse tolerantes hacia el infractor, lo mismo que es necesario que se vea a los agentes de Tráfico como protectores de los derechos ciudadanos y no como el enemigo dispuesto a imponer multas con fines recaudatorios, vengan o no a cuento. A medio plazo, las esperanzas se cifran en la eficacia del carné por puntos, establecido en la última reforma legislativa según las pautas habituales en otros países europeos. Está claro que las sanciones deben ser rigurososas, pero también objetivas: tienen que imponerse por cuestiones que pongan realmente en peligro la seguridad del tráfico y no por aspectos administrativos o burocráticos. Un país moderno no puede permanecer impasible ante esta sangría cotidiana.