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ABC MIÉRCOLES 3 5 2006 Cultura 67 nipulación del pasado desde un poder establecido. No hay más que ver los historiadores que justifican los disparates del nacionalismo. EGC. A propósito de esto, el origen de la novela histórica en el siglo XIX se vinculó al nacionalismo romántico. En nuestro caso, ahí están Larra y Galdós. Además, es la etapa en que la historia se institucionaliza como disciplina. Lo que habría que preguntarse es el porqué del renovado interés en la novela histórica. JJAM. Es sorprendente que sobre la tradición del género se hayan superpuesto títulos que resultan de operaciones de mercado, de modo que obras que no lo son llevan la etiqueta de novela histórica No sé cuándo empezó esta tendencia, quizás con El nombre de la rosa (1982) de Umberto Eco. FRL. Hay que diferenciar mucho, hoy se llama novela histórica a todo lo que pasó ayer, hasta el 11- S. Su renacimiento parte de tres obras formidables, Yo, Claudio de Robert Graves (1934) que relanzó la obra homónima de la BBC; luego tenemos Memorias de Adriano (1951) de Marguerite Yourcenar, y El nombre de la rosa JJAM. Añadiría El gatopardo (1958) de G. T. de Lampedusa, conocida por la película de Visconti cinco años después. Es un género del siglo XIX, que revive desde la obra de Eco. MLG. Me parece que en esas obras, si comparamos con lo que encontramos a veces en las mesas de novedades, habría que alabar la exquisita documentación, algo que un novelista histórico debería cuidar hasta el extremo. ¿Cuáles son sus limitaciones al respecto? FRL. Las mismas que si haces una película del siglo XIX y aparece un Seat 600 en una escena: el gazapo. EGC. Pero la evocación histórica tampoco puede asfixiar la trama. Fue lo que se le reprochó a G. Flaubert con Salambó (1862) ambientada en Cartago, tan extraordinariamente detallada que como obra literaria fue considerada un desastre. FRL. Alejandro Magno (1969) de Mary Renault, o Napoleón (2004) de Max Gallo, un historiador, en cambio, rozan la biografía. MLG. Pero parece que hay más novelistas que escriben novela histórica que historiadores. EGC. Quizás el método historiográfico lo consideran incompatible con la ficción, pero también hay excelentes novelas históricas escritas por historiadores. FRL. En el caso de España, la colección de ABC viene a contribuir a cubrir ese vacío. Los ciudadanos españoles sienten una gran orfandad respecto a su propia historia, que se desconoce, no se enseña, en los últimos años se manipula por los hunos y los hotros como diría Unamuno. En especial los jóvenes, que no han tenido una buena educación en historia, leen novela histórica porque creen que así adquieren formación histórica. JJAM. Eso crea una confusión terrible, porque se creen la novela sin conocer la historia y hay elementos de ficción que les confunden. EGC. También se podría esperar que por el camino de la novela histórica se interesaran en los libros de historia. Aunque habría que preguntarse por qué no van a ellos directamente. FRL. Porque la historia como género académico requiere también de una narrativa. Hace poco el importante premio de historia Así fue se declaró desierto porque se juzgó que los manuscritos presentados no tenían el nivel de escritura requerido. Aunque es algo que está cambiando, ha habido un excesivo academicismo que ha alejado a los historiadores de sus públicos, que han preferido leer novelas históricas. JJAM. Observa, por ejemplo, el caso de la obra de Sender incluida en la colección, exhaustiva en su bibliografía. Aunque Lope de Aguirre al final se conoce, sobre todo, por las películas de Herzog o Saura. MLG. Y al revés, ¿hay lectores de novela que se pasan a la novela histórica? JJAM. Pues por sorprendente que parezca, este era un género denostado hace unas décadas que no hablaba de la gente corriente, era de minorías ilustradas, pero se ha recuperado. Por otra parte, creo que toda novela es histórica. Dice Jorge Edwards que el novelista carece de imaginación, pues es un historiador. Lo decía Lampedusa de Balzac: Dios mío, no solo es un gran novelista, sino un gran historiador FRL. Guerra y paz (1869) de Tolstoi, tiene centenares de personajes con voz propia. La historia se acerca a ese tipo de novela con la intrahistoria, la voz de los anónimos. Aunque decía Walter Scott que una novela histórica necesi- ta una distancia de 70 años y una generación extinguida para poder ser considerada como tal. JJAM. A este respecto, creo que la novela histórica se fija en un imaginario colectivo, en este caso el español y se ocupa como la colección muestra de los grandes acontecimientos y escenarios, Tartessos, la Hispania romana, la Córdoba califal, la Sevilla americana, el Madrid goyesco, Trafalgar, Cuba, la Guerra Civil. Y menciona lo evidente, que está en la piel pero la historia puede escamotear: que España es un país mestizo, de exploradores y encuentros. MLG. Sin duda, es una hermosa manera de concluir. Gracias a todos y felices lecturas.