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26 Internacional LOS INMIGRANTES EN EE. UU. RECLAMAN SUS DERECHOS MIÉRCOLES 3 5 2006 ABC A menos chamacos, menos mojados El miedo como argumento político se reavivó tras el 11- S, pero entre el año 2000 y el corriente cerca de 850.000 personas consiguieron escurrirse a través de las porosas fronteras de la hiperpotencia. El recuento que ofrece el New York Times desglosa los más de 11 millones de ilegales entre 3,9 sin empleo y 7,2 que trabajan. El 78 por ciento de esos inmigrantes llegan de Latinoamérica (un 56 por ciento son mexicanos) mientras que un 13 por ciento vienen de Asia, un 6 por ciento de Canadá y Europa y un 3 por ciento de África. A pesar de la retórica que atruena Washington a cuenta de muros más altos y leyes más duras, y de que entre 1992 y 2006 el número de miembros de la Border Patrol ha aumentado un 179 por ciento, las multas a quienes emplean a mano de obra ilegal han caído de 1.500 sanciones en 1992 a 3 en el año 2004. Sin embargo, los temores de buena parte del establishment ante la marea hispana pueden acabar desinflados por la tremenda caída de la natalidad en México; de 5 chamacos por mujer en 1970 se ha pasado a 3 en 2000. La maquinaria económica habrá de reclutar a otros espaldas mojadas que nutran las calderas, porque los mojados de hoy son los mexicanos nacidos en los 70 y los 80. christ, uno de los fundadores del Minutemen Project que ha llevado a numerosos voluntarios armados a la frontera sur del país para ayudar a la incapaz patrulla fronteriza: Cuando el imperio de la ley es dictadado por una turba de ciudadanos ilegales que ocupan las calles, sobre todo bajo una enseña extranjera, eso quiere decir que el país no está regido por la ley, es una dictadura de las turbas Voces más templadas, como las del hispanista Isaías Lerner, que huyó de la Argentina destripada por sus propios milicos e hizo de Nueva York su patria, desconfían de quienes ven un nuevo país hispano en el horizonte americano, consciente de que la capacidad integradora de Estados Unidos ha demostrado con creces sus artes seductoras en el pasado. Aunque es cierto que el español cada vez se escucha y se habla más, con emisoras y canales de televisión en auge, y una incipiente burguesía, su lectura es pesimista. El inglés lleva las de ganar. Habrá una aportación muy intensa de los hispanos y lo latino al mundo anglosajón, lo que también contribuirá a un nuevo respeto a lo que tiene origen hispano. Pero no soy optimista sobre el futuro del español aquí Por si faltaran argumentos a su favor, la neta caída de la natalidad en México, principal fuente de reserva inmigrante, con toda probabilidad hará que la marea, a pesar de la demanda de la gran economía del norte, amainará. Un joven mexicano cruza el Río Grande, la frontera con EE. UU. cerca de Nuevo Laredo, el pasado primero de mayo REUTERS Centenares de miles de hispanos y otros inmigrantes, muchos de ellos indocumentados, se echaron el primero de mayo a las calles de EE. UU. para reclamar un lugar al sol de la primera potencia mundial. No pararon el país, pero se hicieron oír. La marea hispana provoca prevención ¿Quién teme a los hispanos? ALFONSO ARMADA MADRID. Todo publicista que se precie en la era de la información instantánea ha de ser capaz de acuñar una buena consigna. Samuel Huntington, ilustre profesor de la Universidad de Harvard, dio con una que hizo fortuna y le dio fama: choque de civilizaciones Se refería a la del mundo islámico con el anglosajón. Pero ha extendido la especie, abrumado por la ferocidad del censo, que en su último recuento cifraba en más de 40 millones el número de hispanos afincados en Estados Unidos, y a una marea migratoria de 850.000 inmigrantes ilegales tratando de agregarse cada año al sueño americano lo que ha terminado por arrebatar a los negros el dudoso cetro de ser la primera minoría. A diferencia de otros inmigrantes que tejieron el tapiz de las barras y las estrellas, Huntington acusa a los hispanos que presuntamente inundan las tierras del tío Sam de no integrarse como deben, de no comulgar con las ruedas de molino de la cultura que les acoge, de no participar de la misma ética protestante del trabajo, y como cima de su visión catastrofista de la historia afirma que la mayor potencia de la Tierra tiene en su seno el virus que provocará su derrota, su fragmentación, puesto que en vista del insaciable fermento latino surgirán dos pueblos, dos culturas, dos lenguas Indignados por las leyes migratorias a debate en el Congreso en Was- hington, que pretenden ampliar el muro fronterizo con México, convertir la inmigración ilegal en un delito y penalizar a los empresarios que contratan a trabajadores sin papeles, los hispanos han iniciado un movimiento social atizado por una situación de precariedad jurídica y laboral, más que por líderes o por una fuerza política uniforme: no todos hablan español y proceden de países distintos, aunque la parte del león de los más de 11 millones de sin papeles esté formada por mexicanos. Una idea de película La campaña un día sin inmigrantes recogía una estrategia empleada en los años sesenta por los activistas César Chávez y Bert Corona, a favor de los braceros de California, y al mismo Pretenden ampliar el muro fronterizo con México, convertir la inmigración ilegal en un delito Hispanistas como Isaías Lerner son pesimistas sobre el futuro de la lengua española en Estados Unidos tiempo ponía en escena la fantasiosa hipótesis de la película Un día sin mexicanos dirigida por Sergio Arau, en la que se mostraba el caos en que se sumía California un día en que misteriosamente desaparecían todos los hispanos de guarderías, casas particulares, escuelas, tiendas de ultramarinos, surtidores de gasolina, hoteles, sembradíos, empresas de recogida de basuras y todos los empleos peor pagados del espectro laboral estadounidense. No lograron su objetivo de paralizar la economía del país, pero sí se hicieron oír como nunca antes, en una campaña cívica que algunos comparan con el movimiento a favor de los derechos civiles de la minoría negra, con dos diferencias notables: los negros eran ciudadanos de segunda en su propio país natal, la violencia formó parte del paisaje político, con acciones racistas del Ku Klux Klan, magnicidios como el de Martin Luther King o disturbios en numerosas ciudades. En las más de sesenta ciudades por las que el lunes desfilaron hispanos y otros inmigrantes, la violencia no compareció. Senadores y miembros de la Cámara de representantes, amén de algunos comentaristas, han hecho hincapié en la presencia de banderas de los países de origen en muchas de las concentraciones como muestra del carácter antiamericano de los que reclaman sus derechos. Entre los análisis más viscerales destaca el que esgrimió Jim Gil-