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24 MIÉRCOLES 3 5 2006 ABC Internacional Los hispanos de EE. UU. amenazan con repetir las protestas si se criminaliza a los ilegales La Prensa destaca el éxito de las manifestaciones pacíficas, pese al fracaso del paro y el boicot marchas del Primero de Mayo confían en que el Senado oirá la voz de la calle y no legislará una reforma que persigue a los sin papeles MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Están unidos en la causa de Legalizar. No Criminalizar pero divididos en cuál es el camino para lograrlo. Eso fue lo que hizo fracasar el lunes el paro de inmigrantes convocado por aproximadamente la mitad de sus organizaciones, según observaron ayer los periódicos estadounidenses, que no pudieron evitar sentir un escalofrío con el despertar del gigante dormido. El peligro del boicot económico sigue en el horizonte, sólo que los más prudentes prefieren dar una oportunidad al Senado para que escuche sus protestas pacíficas. Quedaos tranquilos, que si no logramos una ley con la que podamos vivir iremos a la huelga general y al boicot prometió a sus asociados Jaime Contreras, presidente de la Coalición Nacional de Inmigrantes Capitales. En su opinión, la jornada del Primero de Mayo tenía que ser una demostración pacífica de fuerza numérica con el menor trastorno posible, convencido de que eso influirá en los legisladores para negociar una ley que excluya las propuestas de la ultraderecha. En particular la del congresista de Wisconsin James Sensenbrenner, que castiga penalmente a los ilegales y a quienes les asistan en modo alguno. La Cámara Baja aprobó su moción en diciembre pasado, y sólo la indecisión del Senado ha impedido que se convierta en ley. b Los organizadores de las da por los líderes que favorecen la estrategia de evitar acciones radicales para que no se crezcan los xenófobos. De ellos procedía la consigna de dejar en casa las banderas de México, vestir camisetas blancas como símbolo de paz, corear consignas en inglés y agitar las barras y estrellas para recordar que ellos también son norteamericanos En este lado del movimiento, el que triunfó el lunes, se encontraban el alcalde de Los Angeles, Antonio Villaraigosa el cardenal Roger Mahony y el Diario Los Angeles Times, que ayer despedía satisfacción por un resultado que calificó de abrumadoramente positivo La invisible fuerza laboral de Los Angeles no emergió con espíritu de cólera o desafío, sino con orgullo y exuberancia observó en su editorial. El tono y el nivel de las manifestaciones han tenido el saludable y correctivo beneficio de marginar a quienes relacionan la inmigración latina con el crimen, la falta de patriotismo, la amenaza a la seguridad y cualquier otra enfermedad bajo el sol El diario más importante de California consideraba que el boicot habría sido visto como un chantaje económico, que inspiraría nuevas medidas que frenar su fuerza laboral. Una bandera multicultural desplegada en una de las marchas de Los Angeles Se calcula que 12 millones de inmigrantes viven ilegalmente en EE. UU. además de los 40 millones de hispanos que forman ya parte del país. En total, se estima que los hispanos suponen el 13 por ciento de la fuerza laboral, concentrada en torno a los sectores agrícola, de la construcción, hostelería, mantenimiento y producción. Fueron éstos los que se resintieron de la huelga, con la inusual complicidad de las propias empresas, que se juegan más que nadie en la reforma migratoria. Si pierden la mano de obra barata se verán obligados a subir los precios y perder en beneficios. A los puertos de Los Angeles y Long Beach sólo acudieron el lunes el 10 por ciento de los camiones, algo que estaba bien calculado por los empresarios para evitar que afectase el largo plazo. Eso explica que la marca American Apparel que se ha hecho nombre promocionando ropa confeccionada en EE. UU. diera el día libre a todos sus Hay consenso en que el carácter no violento de las movilizaciones ha quitado argumentos a los sectores xenófobos NO ES LO MISMO FRANCISCO DE ANDRÉS Dos actitudes El bastión del movimiento que lucha por influir en la mayor reforma migratoria que se haya hecho en EE. UU. en dos décadas es Los Angeles, donde se produjera la primera manifestación el 25 de marzo pasado. Este lunes, la movilización volvió a registrar el medio millón de manifestantes, y los organizadores incluso lo elevan a 600.000. Hubo, sin embargo, dos manifestaciones, como en casi todas las ciudades del país: la de la mañana, compuesta por quienes habían dejado sus trabajos para protestar, y la de la tarde, convoca- a coincidencia en el tiempo entre los debates legislativos en Francia y en Estados Unidos en torno a la inmigración ofrece la falsa impresión de que son intercambiables. La aparente similitud viene además alimentada por la proximidad de citas electorales en ambos países, y por la demagogia de algunos dirigentes políticos- -tanto europeos como norteamericanos- ansiosos por llenar sus zurrones con fórmulas simplistas que escamotean la complejidad del problema. La ceremonia de la confusión presidida por los autodenominados partidos progresistas de ambos lados del Atlántico pretende endosar el L sambenito de xenófobo a todo político o partido que busque regular el desbocado flujo inmigratorio, en particular si es de derechas. Pero ¿qué tienen en común los sin papeles hispanos reclamados por la pujante industria norteamericana y los trabajadores franceses? En Francia, millones de jóvenes salieron a la calle para mostrar su oposición frontal a ser despedidos sin indemnización en sus dos primeros años de trabajo. En Estados Unidos, millones de ilegales se han manifestado estos días para reclamar, simplemente, su derecho a trabajar duro y no ser deportados. El problema de la inmigración ilegal en Estados Unidos tiene fuertes componentes económicos y políticos, pero no ideológicos. Estados Unidos es un país de inmigrantes y, sobre todo, el fenómeno de la inmigra- ción afecta en particular a una población hispana de raíces cristianas, como la de la mayoría anglosajona, preparada para asumir plenamente los valores sociales dominantes. En Europa, la inmigración ilegal- -y en general todo el proceso migratorio a gran escala- -plantea en cambio un desafío ideológico mayúsculo. Buena parte de los inmigrantes son musulmanes, refractarios por razones culturales y de religión a integrarse en las sociedades de acogida. El fenómeno del gueto tiene, en el caso de los fieles del islam, una dimensión voluntaria que es preciso asumir para afrontar con realismo el problema. Cuando el ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, afirma que el inmigrante que no ama a Francia es mejor que se marche está haciendo quizás algo de demagogia. Pero sólo algo.