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10 MIÉRCOLES 3 5 2006 ABC Nacional Chaves convierte a Andalucía en realidad nacional en un Parlamento dividido Niega que el PSOE rompa España, pero admite que se rompe una forma de concebirla aprobó la reforma con los 67 votos de socialistas e IU, sólo dos por encima de los tres quintos necesarios, frente a los 41 en contra de PP y PA MAR CORREA SEVILLA. Sin sorpresas, alharacas ni tan siquiera expectación, el Pleno del Parlamento andaluz aprobó ayer, con el único apoyo del PSOE e IU- CA y el rechazo del PP y el PA, la proposición de Ley de reforma del Estatuto andaluz que el próximo viernes será remitida al Congreso de los Diputados. La reforma estatutaria sale así adelante con el único apoyo de la mayoría cualificada de los tres quintos (65 de los 109 diputados y ayer hubo 67 a favor y 41 en contra) que exige el Estatuto aún vigente. Pese a ello, el presidente de la Junta se apresuró a advertir, tras recibir todas las felicitaciones y parabienes de su partido y de los interesados aliados de IU al término del Pleno, que la reforma tiene toda la legitimidad del mundo ya que, argumentó, el juego de las mayorías cualificadas también es un instrumento democrático Pese a la histórica jornada, sobrevolaba el salón de plenos un cierto aire de amargura y frustración, ya que la sesión se cerraba con la división y el enfrentamiento como seña de identidad y como prolegómeno de un Estatuto al que aún le queda otro importante trecho que recorrer hasta el referéndum previsto el 25 de febrero de 2007. De hecho, Manuel Chaves ya advertía en su intervención al inicio de la sesión que, a partir de ahora, el Congreso y el Senado tendrán que perfeccionar y ajustar el texto a las necesidades del Estado. Cuanto mejor encaje en el conjunto de España mejor para todos y para Andalucía argumentó. b El legislativo andaluz gunos matices discutibles Unos matices entre los que está el polémico uso del artículo 150.2 de la Constitución para dotar a la comunidad de unas competencias que hasta la fecha son exclusivas del Estado, o algunas prerrogativas de las que haría gala Andalucía a partir de la aprobación del nuevo texto para participar en decisiones exclusivas del Estado. De hecho, el Estatuto catalán, al que el andaluz ha pretendido emular en competencias y autogobierno, ha visto anuladas en las Cortes Generales unas pretensiones similares a éstas. Con lo cual, la historia se volverá a repetir ahora con Andalucía. Por lo demás el Pleno no ofreció ayer novedad alguna, ni en el fondo ni en la forma. Pese a la solemnidad que el PSOE pretendió dar a la sesión, se tornó tediosa por repetida y pronto el debate se trasladó del salón a los patios del viejo hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento andaluz. Consenso imposible Aunque la sesión se inició con el optimista deseo de Chaves de llegar a un acuerdo con el PP durante la larga jor- nada, confianza compartida por el portavoz parlamentario del Partido Popular, Antonio Sanz; lo cierto es que, desde hace ya más de una semana ambas formaciones tenían claro que el consenso era prácticamente imposible. De hecho, ayer ni amagaron con reunión o contacto alguno y las aguas se desarrollaron por el cauce previsible: sin pactos de última hora. Pese a ello, el PSOE lanzó al PP una última oferta, planteada hace unos días, en las que trataba a la desesperada evitar lo imposible. En estas enmiendas ofertadas, los socialistas proponían incluir referencias expresas a la unidad de España tanto en el preámbulo del texto- -en el que la comunidad aparece reflejada como una realidad nacional como en el artí- LA EMULACIÓN ANDALUZA ÁLVARO YBARRA PACHECO E La polémica del artículo 150.2 A pesar de la insistencia de Chaves y de todo el PSOE sobre la rigurosa constitucionalidad del texto, lo cierto es que este nuevo Estatuto andaluz también precisará de ciertos retoques para dejarlo limpio como una patena tal y como ya ocurrió con el catalán. Existen trazos disonantes en el Estatuto andaluz admitía un experto dirigente socialista, y hay margen aún para que el Congreso desbroce al- l objetivo que justificó la creación del Estado de las Autonomías fue el acercar la administración pública, la política, a los ciudadanos. La reforma del Estatuto de Andalucía tramitada ayer en el Parlamento supone justo un paso en el sentido contrario. El largo y farragoso texto construido a imagen y semejanza del Estatuto catalán no responde a una demanda ciudadana, contiene elementos de sectarismo político, alimenta la carrera para despojar al Estado central de muchas de sus competencias para justificar la existencia de las nuevas realidades nacionales y, encima, divide a la sociedad andaluza al no haber logrado el PSOE más que el apoyo de Izquierda Unida para consensuar la reforma. Hasta tal punto el nuevo Estatuto está alejado de las inquietudes e intereses de la ciudadanía que la condición final impuesta por la coalición de izquierdas al Partido Socialista para apoyar el texto ha sido la de aumentar el número de diputados del Parlamento andaluz, cuestión que, como todo el mundo sabe, constituye una de las principales reivindicaciones de los andaluces. Andalucía podría haber aspirado en estos tiempos de convulsión territorial a convertirse en el factor moderador de España. Ya ejerció ese papel durante la Transición, aunque jamás se le haya reconocido. Andalucía es, además de una realidad política y administrativa, un sentimiento colectivo, una cultura desbordante y perfectamente diferenciada, pero no es una nación. De hecho, Manuel Chaves, que siempre ha sostenido que la única nación es España, planteó al principio una re- forma que, frente a los nacionalismos insolidarios, trataba desde la moderación y el sentido común de sentar las bases para que ninguna nacionalidad o región obtuviese privilegios en aras de unos supuestos derechos históricos. Pero ya sea por defender los intereses de su partido, ya sea por evitar que se diga que nuestro Estatuto es de segunda o, simplemente, para dar cobertura a lo que de inconstitucional pueda tener la reforma catalana, el presidente andaluz ha terminado por sumarse a la carrera por conseguir para Andalucía todos los atributos que tiene una nación. Como ha escrito el profesor Manuel Ángel Martín, hemos pasado del café para todos de la Transición a la fotocopia múltiple reproduciendo todas las exigencias catalanas a excepción de las financieras, pues si ésas se reproducen la suma de las partes es superior al todo y las cuentas se descuadran.