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58 Cultura MARTES 2 5 2006 ABC CLÁSICA C. Comunidad de Madrid Obras de L. Martínez Palomo y G. Mahler. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir. M. A. Gómez Martínez. Solistas: M. Xyni (soprano) y L. M. Méndez (clarinete) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. ZARZUELA La tabernera del puerto Sorozábal: La tabernera del puerto Int. M. J. Moreno, E. Baquerizo, A. Montserrat, I. García, P. Moral, Coro de la Zarzuela, Orq. de la Com. de Madrid. Dir. escena: L. Olmos. Dir. musical: M. Galduf. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid. Fecha: 28- 04- 06 LOS CANTOS DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ ANTONIO IGLESIAS MARIÑEIROS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE E U na obra española y, al lado, otra del gran repertorio sinfónico, será siempre fórmula digna del más sincero y anticipado elogio para el programa así formado por la Sinfónica de Madrid. Lorenzo Martínez Palomo, sobre textos de Juan Ramón Jiménez, escribió sus Cantos del alma respondiendo a la forma de fantasíasuite para soprano, clarinete y orquesta que, con un total de cinco momentos y duración muy cerca de la media hora, constituyen una página tonal por excelencia que, apoyada en lo arábigo- andaluz- -también en aquel antillanismo cultivado por Montsalvatge- se escucha con suma complacencia, apreciando su buen entramado sinfónico, sumergidos en general, en un logrado ambiente melancólico, oportuna y sabiamente sacudido por contrastes enraizados con una rítmica en momentos de populares raíces. Nuestro compositor hubo de subir al escenario para compartir un merecido éxito, en el que, por supuesto, brillaron la soprano griega Marussa Xyni, con una clara dicción sobresaliente en la tesitura aguda, y el clarinete de excepción, Luis Miguel Méndez, solista de la Sinfónica madrileña, que obtuvo llaneza singular ante una intensa función erizada de problemas de toda índole. Y en esta medida aplaudimos la entera actuación de la agrupación orquestal, llevada con la seguridad que es propia del granadino e internacional Miguel Ángel Gómez Martínez, quien sí brindó una versión directa y muy clara de los Cantos del alma ratificaría su renombre en la Cuarta sinfonía de Gustav Mahler, interpretándola con destalles soberanos, así unos finales de tiempos extraordinarios (la explosión del tercero) dentro de una línea muy seria que quizá convendría no tan calma en su Adagio Destacaría a todos los componentes de la admirada Sinfónica, centrando el elogio en su primer trompa o en su concertino, por ejemplo, pero con total de primerísima categoría. En su cuarto tiempo, volveríamos a aplaudir la clase de la soprano Marussa Xyni, inmersa en los aromas mahlerianos que se respiraban en el Auditorio. Su mantenido aplauso, merecidísimo. Una escena de la representación RAFAEL CARMONA TEATRO Las mujeres de verdad... Autora: Josefina López. Versión y dirección: Garbi Losada. Escenografía: Fernando González. Vestuario: La Gallina Ciega. Iluminación: Carlos Salaberri. Intérpretes: Lilliam Kouri, Sara Cozar Saskia Guanche, Edelweiss Hernández, María Isabel Díaz Leticia Martín y Yeyé Báez. Lugar: Teatro Fígaro. Madrid. TALLAS GRANDES JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN S e percibe en la cartelera madrileña una marea reivindicativa de las tallas grandes: coinciden en ella Gorda (Alcázar) esta Las mujeres de verdad tiene curvas y, en lo que respecta a estética masculina, La curva de la felicidad (Lara) un muestrario XXL que va del sarcasmo agridulce de la primera a la abierta comicidad de los otros dos títulos. La pieza de la autora chicana Josefina López está construida con gruesas lonchas de vida aliñadas con salsa autobiográfica, pues ella vivió en Estados Unidos, cuando aún indocumentada trabajaba en un taller de costura clandestino, experiencias como las retratadas en la obra. Una historia que ha conocido numerosos montajes y que la colombiana Patricia Cardoso llevó al cine en 2002, cosechando premios como el Especial del Jurado a dos de sus actrices, el del Público en el Festival de Sundance, y el de la Juventud en el de San Sebastián. El montaje muy eficazmente dirigido por Garbi Losada, que se presenta en Madrid tras una amplia gira, sitúa la acción en España un poco forzadamente, pues se entendería igual o mejor si transcurriera como en el texto original, o sea, en Estados Unidos, porque el tipo de situación que refleja parece muy específico de los inmigrantes latinos en territorio estadounidense. En cualquier caso, Josefina López se centra con gracia y conocimiento de causa en las peripecias de un pequeño taller montado por una joven latinoamericana y en el que, además de su madre y su hermana pequeña (personaje en el que se perfila la autora) trabajan otras dos mujeres. En ese recinto donde cosen a destajo vestidos que a ninguna de ellas les valdrían y que luego son vendidos en tiendas por un precio casi doscientas veces superior al que ellas reciben por su confección, las mujeres hablan de hombres y de hijos, de las cosas de la vida, de regímenes de adelgazamiento, de sus problemas con el departamento de inmigración, de sus aspiraciones, se desvisten para luchar contra el calor que las asfixia, celebran la rotundidad de su formas, cantan, bailan, y rematan con un pespunte de alegría de vivir la costura de sus afanes cotidianos. Teatralmente no presenta muchas complicaciones esta suerte de sainete real como la vida misma lleno de momentos muy divertidos. Lo interpreta con solvente frescura y se lo apropia un elenco compuesto íntegramente por actrices de origen cubano que parecen pasárselo estupendamente en escena y transmiten al público su desbordante entusiasmo king size. La pieza de la autora chicana Josefina López está construida con gruesas lonchas de vida aliñadas con salsa autobiográfica l Teatro de la Zarzuela suele renquear en sus repartos. Quizá sea un mal del género, cuya escenificación sabe a poco para muchos grandes y suena a bachillerato nocturno para los que se prometen un hueco en la plaza grande de la ópera. Pero, como en todo asunto, cabe la excepción. Lo demuestra ahora La tabernera del puerto obra de enjundia vocal y sustancia dramática. Una mezcla que es posible equilibrar y hasta enriquecer. Lo hace el venezolano Iván García, intérprete para un Simpson que supera la tradición del papel por físico, intención escénica y vocalidad. Su vibrante Despierta negro es un punto culminante en la representación. Pero hay otros, incluyendo alguna sorpresa. En el reparto se anunciaba a José Bros como el primero de los Leandros. Pero el teatro de la calle Jovellanos tiene la mala y fea costumbre de no señalar los días de actuación de cada cantante. Así que algún suspiro de decepción se oyó la noche del estreno cuando se observó la salida de Albert Montserrat. Que por eso mismo ha debido imponerse y demostrar que posee gran solvencia, una voz potente y maleable, bien timbrada y de buen fraseo. En la romanza No puede ser tensó con emoción algunas armas que aún podrá afinar en el futuro, incluyendo la seguridad en la letra para no caer en ese la vi fingir que echa por tierra el argumento y hasta la obra misma. También habrá de cuidar el texto Enrique Baquerizo cuyo Juan de Eguía convence por porte, saber estar y pasión. Incluso María José Moreno, quien tras quedarse en blanco en el raconto, lo soltó como un rosario. Pero lo suyo importa por la sustancia, los bonitos recursos, la dulzura en el agudo y el buen gusto de sus intervenciones. Estupendos también algunos secundarios como Pilar Moral (Abel) Marta Moreno (Antigua) e Ismael Fritschi (Chinchorro) Y junto a ellos el maestro Manuel Galduf, quien, eventuales desajustes al margen, saca de la Orcam sustancia y calidad. Para todos ellos Luis Olmos ha concebido una Cantabedra de aspecto algo tenebroso y modernismo abarrocado, pero que sufre simpática galerna, tiene imaginativos fondos y resuelta eficacia teatral. Anacronismos al margen, ya sea el traje de guardarropía de los carabineros o el de invitado en yate de Marola. Por todo, satisfacción general.