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52 MARTES 2 5 2006 ABC Cultura y espectáculos D Artagnan, el mosquetero de la máscara de hierro Un libro revela la identidad del espadachín inmortalizado por Dumas b El investigador de Oxford Roger MacDonald ha dedicado cinco años a intentar desatornillar la cabeza de fierro que asfixiaba al misterioso personaje de la Corte del Rey Sol... ANTONIO ASTORGA MADRID. Nunca existieron; simplemente fueron hijos bastardos de mi imaginación dijo Alejandro Dumas de sus invencibles mosqueteros, pero Roger MacDonald está dispuesto a enmendar la plana al genio. Así, en su libro La Máscara de Hierro. La verdadera historia de D Artagnan y los tres mosqueteros (Crítica) -que saldrá a la venta el 9 de mayo- sostiene que Athos, Portos y Aramis fueron espadachines de carne mortal y rosa y que su mítico enfrentamiento contra la Guardia del truculento cardenal Richelieu- -con el joven gascón Charles D Artagnan a su lado, el primer día que pisa París- -no es producto ni del sueño ni de la miente. Roger MacDonald mantiene que los mosqueteros estuvieron absolutamente incardinados en la vida del galeote más misterioso de la Historia de Francia: L homme au masque de fer. El historiador de Oxford ha construido su relato y fundamentado sus tesis tras consultar documentación original acerca del ferro- prisionero pasada por alto o interpretada erróneamente órgano vital- -es enviado por Louvois a la Bastilla. Allí, su gobernador, Besmaux, no le tenía mucho aprecio, según relata MacDonald: D Artagnan había ridiculizado a Besmaux cuando éste escondió el hermoso rostro de su esposa, Marguerite, tras la máscara más grande de París Besmaux estaba acostumbrado a acoger prisioneros anónimos a los que el canciller bélico de Luis XIV quería mantener fuera de juego. Louvois ordena a Besmaux que se asegure de que nadie pueda reconocer a D Artagnan y de que éste no proclame su identidad a los guardianes. El gobernador de la Bastilla decide entonces vengarse del mosquetero pergeñando una máscara de hierro basada en la técnica damasquina, un tipo de tecnología compleja desarrollada en Damasco, pero que había sido adaptada con éxito para la producción masiva en la fábrica de armas de Toledo, donde se ensamblaban dos tipos distintos de acero en capas, que luego se forjaban juntas para obtener el producto final explica el historiador. Y el mosquetero fue encerrado en aquel artilugio de terror gótico. Una visera de goznes le accedía a masticar y beber algo para prolongar su mísera existencia. La barba, sucia y sin cortar, crecía por debajo del metal, aumentando la sensación de ahogo. La mandíbula le picaba inmisericordemente, sin poder aliviar ni rascarse la piel. No tenía nombre ni cara ni pasado ni futuro. D Artagnan se convirtió así en el Hombre de la Máscara de Hierro sentencia MacDonald. Durante su cautiverio de cuatro décadas, SaintMars, su carcelero, le recordaba continuamente que si revelaba su identidad a cualquier persona sería ejecutado ipso facto. D Artagnan murió probablemente en enero de 1711, con 88 años. Fue enterrado en el jardín de la Bastilla. La puerta que da acceso al mundo de intrigas y paranoia del Rey Sol acaso no haya sido más que entreabierta, pero indudablemente esta llave encaja en su cerradura avisa a futuros duelistas MacDonald, que cree que la Máscara desempeñaría un papel trascendental en los acontecimientosn que darían lugar a la caída de la monarquía francesa Un máscara forjada por un español En una corte del Rey Sol de hechiceras y envenenadores, de corrupción y glamour, el hombre de la máscara de hierro peregrinará con su condena por las terroríficas prisiones de Pignerol, Exiles y Saint- Marguerite para languidecer con sus huesos en la Bastilla. En 1673 los Mosqueteros del Rey padecen un número de bajas innecesarias intentando sitiar Maastricht después de que su capitán, D Artagnan, lanzara un ataque nocturno. Luis XIV y su ministro de guerra, Louvois, quieren conceder a su conflictivo capitán unos funerales heroicos. En un mensaje ligeramente teñido de malicia- -escribe Roger MacDonald- -Luis XIV decía de D Artagnan que había sido casi el único hombre que encontró los medios de hacerse amar de la gente haciendo cosas que no siempre habían sido gratas Pero a quien había resultado extremadamente poco grato aquella temporada había sido al rey De Maastricht, D Artagnan- -que tras la batalla no muere, sino que permanece tendido en un campo embarrado, con el cuello o la garganta atravesados por una bala que no dañó ningún Tres hombres vestidos de mosqueteros rinden homenaje a Dumas ante el Panteón parisino el 30 noviembre de 2002 wAP El mito del gemelo de Luis XIV En la página 11 de las Memorias de Monsieur D Artagnan publicadas en 1700, 144 años antes de que Alejandro Dumas escribiera Los tres mosqueteros Gatien de Courtilz- -soldado y biógrafo de D Artagnan, que compartió la Bastilla con el espadachín- -realiza la primera alusión a Portos Athos y Aramis. Y señala que el capitán de los mosqueteros, Tréville, enterado de su fama de duelistas, los manda llamar a París para que luchen con los Guardias del Cardenal Richelieu En ese afán duelista, MacDonald desmonta, en primer lugar, el mito literario de Dumas. En cuanto a la base médica- -añade el hitoriador de Oxford- -del mito, según el cual el Hombre de la Máscara de Hierro era el hermano prácticamente idéntico de Luis XIV, aunque no es imposible el pretendido parto de Ana de Austria de dos gemelos con nueve horas de diferencia entre el primero y el segundo, en el siglo XVII las probabilidades estadísticas de superviviencia del segundo gemelo nacido con un retraso significativo habrían sido escasas Voltaire también se apasionó en la historia, pero nunca se decantó por la teoría del gemelo. Prefirió la solución de un hermano mayor de Luis XIV.