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42 Madrid MARTES 2 5 2006 ABC Llegar a la Casa de Campo se convirtió ayer en una odisea para miles de madrileños, deseosos de disfrutar de la jornada primaveral, y que se vieron atrapados Pasar el festivo en un espacio verde, como las 1.800 hectáreas de la Casa de Campo, le supuso ayer a muchos madrileños saltar de uno a otro embotellamiento Atascos hasta para huir del atasco TEXTO: SARA MEDIALDEA FOTOGRAFÍA: CHEMA BARROSO ¿Qué tienen en común la Casa de Campo del 1 de mayo de 1931 y la de ayer, 1 de mayo de 2006? El lleno total. Al igual que las crónicas de la época comentaban cómo hace 75 años riadas de madrileños bajaron con la merienda hasta la recién estrenada superficie de uso público para disfrutar de lo que antes era terreno vedado, ayer fueron también miles, decenas de miles más bien, los ciudadanos que, con o sin merienda, decidieron pasar el día en el mayor recinto verde de la capital. Las filas eran casi omnipresentes: las había para llegar por la carretera de Extremadura, en los accesos a la Casa de Campo. Para quienes superaban éstas, se reproducían de nuevo en las calles interiores de este gran bosque urbano. Aparcar en los estacionamientos del Parque de Atracciones o del Zoológico era toda una hazaña, que una vez consumada llevaba directo al último obstáculo: la cola para entrar en estos centros de ocio. Eso, sin contar con lo que había dentro... Muchos de los que no se han ido de puente quisieron disfrutar del espléndido día al aire libre, y otros muchos llegaron desde otras comunidades autónomas para visitar, aprove- chando el festivo en toda España, alguno de los centros de ocio con más tradición en el país. Aunque en la Casa de Campo hay espacio para todos- -1.800 hectáreas es mucho terreno- las zonas más habituales- -el entorno del lago, el Parque de Atracciones y el Zoo- -aparecían abarrotadas, y los coches se amontonaban en las cunetas. Las colas seguían a las puertas de instalaciones como el Parque de Atracciones Comida campestre A la sombra de los pinares, y sin que faltara la nevera y el mantel, los más avispados- -o los más madrugadores- -disfrutaban de una comida campestre. Había corredores, ciclistas y muchos padres con niños, comprando chucherías o recuerdos en puestos ambulantes y kioscos. Tampoco faltaban las prostitutas, intentando aprovechar la bonanza primaveral. La Casa de Campo sigue siendo un espacio recurrente para los madrileños que quieren pasar un día en la naturaleza: el paseo, el ocio y el deporte van de la mano con la vida en la ciudad- -que se lo digan a los atascados de la entrada- Son muchos los vecinos de Campamento o Batán que llegan andando desde sus casas. Grupos de vecinos, y también muchos inmigrantes, tomaron la Casa de Campo