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32 Internacional MARTES 2 5 2006 ABC BLAIR, ACABA EL CICLO MORAL C uando Blair ganó sus primeras elecciones generales los comentaristas insistían en la idea de que con él el laborismo iniciaba un nuevo período histórico, superada ya su dependencia de los poderosos sindicatos y asumidos los principios de la economía liberal. El nuevo premier no intentó nacionalizar ningún sector estratégico ni dio un giro a la política económica heredada. Se concentró en reformar la Administración, descentralizando y estableciendo parlamentos en Escocia y Gales; recuperó los viejos valores liberales de Gladstone, vinculando principios morales con acción exterior, lo que le valió el ser consideraFLORENTINO do uno de los nuesPORTERO tros por los neoconservadores norteamericanos; y realizó una valiente apuesta por Europa. Durante un tiempo su indiscutible carisma le aseguró el apoyo de la población, aunque sus camaradas se sentían decepcionados por una gestión más liberal que socialista. La campaña iraquí le ha supuesto un doble desgaste, con su propio partido y con la población. Unos porque rechazaron en todo momento la guerra, otros por las sospechas, nunca confirmadas pero siempre alimentadas, de que mintió. Su opción europea se ha quedado en nada ante la deriva antinorteamericana de Chirac y Schröder, de una parte, y el contenido del Tratado de la Constitución Europea, inaceptable hasta para europeístas británicos, de otra. Blair representa la última figura del ciclo moral de la política británica, la réplica laborista de Margaret Thatcher. Con ella el pragmatismo dio paso al compromiso con unos principios y unos programas. Todo era previsible. Se sabía lo que se iba a hacer porque el gobierno había firmado un acuerdo con la ciudadanía para llevar a cabo una política determinada. No cabía el oportunismo. El empirismo de Major fue pronto superado por la gladstoniana figura de Blair, carismático, atractivo, religioso y dispuesto a asumir riesgos con tal de actuar según su conciencia. Su tiempo se acaba. Los laboristas añoran los años en que podían intervenir en la economía nacional y repartir el pastel hasta agotarlo. Mientras ellos sueñan, los nuevos conservadores se sitúan a la cabeza en las encuestas. En las bancadas tories las políticas de compromiso provocan cansancio, de ahí que hayan quedado arrumbadas en el armario de los trastos viejos. David Cameron, Ruiz Cameron según algunos dirigentes populares, ha optado por una estrategia populista, a años luz de las posiciones de Thatcher. Critican a EE. UU. asumen el relativismo moral y se muestran dispuestos a incrementar el gasto. Todo vale con tal de recuperar el poder. Ya lo decía Andreotti, rectificando a Lord Acton, lo que desgasta no es el poder, sino la oposición. Blair se ha quedado sin partido, como Thatcher. El testigo está hoy en manos de la nada carismática y todavía maniatada Merkel. Algunos ministros presionan a Blair para que ponga fecha a su sucesión Dirigentes laboristas temen que la crisis arrastre también a Brown británico empieza a cundir el pánico, no sólo por la previsible derrota electoral del jueves, sino por la patente caída del blairismo EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El temporal no escampa y entre los laboristas ha comenzado a cundir el pánico, no tanto por la clara derrota en las municipales del jueves, que ya se da por descontada, sino porque el desmoronamiento del blairismo puede arrastrar a todo el laborismo, sin permitir que el número dos del Gobierno y ministro de Hacienda, Gordon Brown, se consolide como sucesor. Miembros del Gobierno alineados con Blair en sus periódicas rencillas con Brown están pidiendo personalmente al primer ministro que anuncie una fecha para el traspaso de poderes. En su opinión, es la única manera de que el Ejecutivo pueda estabilizarse y afronte sin continuos sobresaltos el tiempo que quede hasta el relevo, que podría producirse dentro de un año. Sólo la perspectiva de una fecha para el recambio podría amansar las aguas, algo que a su juicio no conseb Entre el laborismo guirá una mera remodelación del Gobierno, que Blair podría abordar pronto. Por su parte, algunos cuadros y diputados laboristas están sugiriendo la conveniencia de que el ministro del Interior, Charles Clarke, y el viceprimer ministro, John Prescott, dejen el Gobierno debido al nefasto efecto que entre el electorado están teniendo los escándalos de los que son protagonistas. Según dirigentes locales, en el puerta a puerta que están realizando estos días de cara a las municipales, las conversaciones apenas pueden tratar de otros asuntos que no sean el affaire que Prescott ha tenido con su secretaria y el descontrol en las prisiones, responsabilidad de Clarke, con más de mil presos extranjeros en libertad sin examinar la opción de deportarlos. Downing Street volvió a insistir ayer en el apoyo del premier a sus dos ministros, pues considera que un lío de faldas no es suficiente para la marcha de uno, y que el otro está capacitado para resolver la situación de los ex reclusos. No obstante, un destacado miembro del Ejecutivo, Alistair Darling, titular de Transportes y aliado de Brown, ha advertido de que más allá de la culpabilidad o inocencia de los dos ministros, lo que Blair debería valorar es la falta de credibilidad que se está transmitiendo a los ciudadanos. Prueba de la gravedad de la situación en la que se encuentra Blair es que la Prensa lleva ya casi una semana abriendo sus portadas con estos escándalos, algo poco habitual en unos diarios que pronto buscan nuevas noticias para atraer la atención de los lectores. En la Prensa Ayer todos continuaron hurgando en la controversia. Según The Times, Clarke tardó tres semanas en comunicar a Blair la información de que presos extranjeros estaban siendo liberados al término del cumplimiento de sus condenas sin que se procediera a estudiar su expulsión del país. The Guardian aportó más confusión a las cifras de presos dadas por Clarke, indicando que algunos de los que el ministro dio por excarcelados siguen en realidad en prisión. The Daily Telegraph, por su parte, analizó el rumor de que el affaire de Prescott fue filtrado para distraer la atención sobre el asunto de las excarcelaciones, y concluyó que si ésa fue la intención, el tiro salió por la culata. EPA Le Pen abre la campaña para las presidenciales de 2007 ABC. Como cada Primero de Mayo, el líder ultraderechista del Frente Nacional francés, Jean Marie Le Pen, pronunció ayer un discurso- -en la imagen- -ante cerca de 12.000 seguidores, en la parisina Plaza de la Opera, que le recibieron con pancartas y gritos de Le Pen presidente El polémico políti- co aprovechó el acto para lanzar su campaña electoral de cara ya a las presidenciales de 2007. Renuevo mi llamamiento a la unión patriótica, de la que naturalmente estaré al frente puesto que soy el mejor situado de todos los candidatos que se reclaman de derecha nacional para ganar afirmó.