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ABC MARTES 2 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL FRENTE DE MADRID IENTRAS Cataluña menguaba en su bienestar por una patente crisis industrialque es imposible no relacionar con la epidemia de nacionalismo, Madrid se ha transformado en el verdadero rompeolas de la pujanzaeconómica: más crecimiento, más PIB, más riqueza, más empleo. La autonomía madrileña, que parecía un despropósito conceptual, ha devenido un distrito federal en el que la prosperidad cabalga a lomos de una frenética alegría de vivir. Abierta, cosmopolita- -más de un millón de inmigrantes- -y dinámica, Madrid no tiene ya nada que ver con aquel poblachón parásito de las Españas que descubrió Pla en contraste con una Barcelona pujante y moderna. De hecho, quizás el IGNACIO fenómeno más difícil de CAMACHO comprender para el nacionalismo catalán sea precisamente el desmoronamiento de ese simplista discurso dual; el centralismo ha desaparecido en un furor de periferias rampantes y levantiscas, pero Madrid ha ganado la batalla del desarrollo. A ver cómo atan esa mosca por el rabo. Del mismo modo que no se puede entender el retroceso de Cataluña sin el ensimismamiento nacionalista, el éxito de Madrid está indisociablementeasimilado a las políticas liberales que la han gobernado durante diez años en la Comunidad y quince en la capital. El centro- derecha no sólo ha propiciado un floreciente clima de inversiones privadas, sino que ha roto los tópicos antiliberales con un esfuerzo inversor sin precedentes que ha equilibrado el territorio, ha multiplicado los servicios y las infraestructuras y ha construido la mejor red de transportes públicos de Europa. Para colmo, con menos impuestos; he ahí un escaparate que el Partido Popular puede lucir con el máximo orgullo. De ahí que la batalla política del año inmediato vaya a ser el asedio de Madrid por la izquierda. Simancas tiene poco tirón y en la capital ha habido tortas para no ser candidato, pero el verdadero challenger seráel presidenteZapatero, que va a volcarse en el asalto al bastión más simbólico del PP. La derecha entona el no pasarán una resistencia que exige que Esperanza Aguirre y Gallardón disfracen sus evidentes desencuentros para componer un ticket que mantenga sus inocultables aspiraciones de futuro. Se necesitan, aunque no se traguen. Ahora mismo tienen ventaja, respaldada por una gestión excelente y el cabreo contra el Estatuto catalán, pero el estado nacional de opinión pública está virando a favor de Zapatero y puede cargar de hándicap al PP. Aguirre dispone de un margen estrecho de mayoría, y ni siquiera el alcalde, al que el electorado percibe por encima de sus siglas- -lo que molesta a una caverna radicalizada y miope- podría levantar más de cinco o seis puntos de desventaja global. También para Rajoy, Madrid es el ser o la nada: si lo pierde, las generales serán un paseo socialista. Por eso los mamelucos del Gobierno preparan una nueva carga de mayo contra una derecha nada castiza, eficiente y moderna, que los espera con la navaja en los dientes. La batalla es a muerte y no habrá prisioneros. M ZAPATERO, DE FAQUIR A ACTIVISTA E L activismo intenso en las horas posteriores al atentado del 11- M dio lugar, según dispusieron las urnas, a un gobierno de talante muy activista, aunque no tuviese un mandato electoral suficientemente claro. Ahora pasan los enviados especiales de la prensa internacional y acuñan una fórmula definitoria del método Zapatero: economía ortodoxa, experimento social. Así es como se hacen los titulares. Así es como el actual presidente del Gobierno tiene apoyos de peso en la opinión pública, quién sabe si precisamente por ese activismo sin claro mandato electoral. Tal vez haya que remontarse al Zapatero parlamentario, mucho antes de las crisis que llevan al socialismo a variados bandazos de liderato hasta que las bases socialistas votan por un nuevo rostro en la confrontación final entre José Bono- -hoy en su casa- -y el joven diputado ignoto, hoy en La Moncloa. En la carrera de San Jerónimo, ZaVALENTÍ patero estuvo sumido en una larga PUIG etapa reflexiva y callada, con opciones de letargo cuando el país- -y más en concreto, el PSOE- -pasaba por pronunciadas convulsiones al final de felipismo y después. No hay nada ominoso en el parlamentario que adopta normas de faquir para poder tener una mejor perspectiva de las cosas. Lo que sí hay es un contraste asombrosamente acusado entre el diputado faquir y el presidente del Gobierno que pacta con ERC, altera el modelo territorial del Estado, institucionaliza la unión matrimonial homosexual, practica el laicismo y postula la evocación candorosa de la Segunda República. Ahora nos damos cuenta de hasta qué punto aquella inacción ha sido fructífera: por sedimentación ha desembocado en el activismo del actual Zapatero como gobernante. La pregunta es hasta dónde puede llegar Zapatero en su fase de activismo sin que le abandone ese desodorante político que olisquean los enviados especiales antes de subirse al avión de regreso. Lo que tal vez no comprendimos es que, en sus años de meditación parlamentaria, Rodríguez Zapatero aprendió el viejo arte de los indios apaches que consiste en pegar la oreja a tierra y distinguir galopes y movimientos a larga distancia. En los procesos de movilidad social que está viviendo España la clase media abarca ya muchos más estratos de los que estaban en el canon sociológico. Aparecen nuevas costumbres, nuevos valores. En ese nuevo margen se mueve Zapatero, y parece sentirse seguro de sí mismo, cada vez más. Ese ensanchamiento de la clase media por abajo corresponde en gran parte, para penitencia excesiva del PP, a la capacidad adquisitiva incrementada durante los gobiernos de Aznar. Ese es uno de los nuevos protagonismos, aunque sea inarticulado, sin capacidad expresiva como opinión pública, con una extremada volatilidad que depende de factores como el precio de las hipotecas o si se va o no a Cancún en Semana Santa. A veces tiene algo de comportamiento de hombre- masa. Corresponde también a los nuevos contenidos de las series sit com que ofrecen los canales de televisión. Ahí es donde cae más en gracia el activismo de Zapatero. Lo más embarazoso es que no vemos todo eso identificado en términos de autoestima colectiva. Véase lo poco que importa la pérdida de peso de España en la Unión Europea y en la escena internacional. En no pocos aspectos, para lo bueno y para lo malo, el activismo de Zapatero indica en qué modo la política pudiera sobrevivir a este siglo que comienza, si es que existirá algo que podamos llamar política. Es la política del autoservicio, una política en la que, aunque se haga referencia a un sentido comunitario, no existe ya la antigua noción del bien común. Extraña solidaridad en la que se comparten muy pocas cosas. Aunque su lenguaje sea el opuesto, Zapatero parte del supuesto de la atomización social, la representa y la activa. Es por eso que de momento se olvida de la idea de gobernar desde el centro. vpuig abc. es