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ABC LUNES 1 5 2006 Toros 57 FERIA DE ABRIL Épica torera en la batalla de los miuras Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 30 de abril de 2006. Decimosexta corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Miura, incluido el sobrero (2 bis) imponentes de presentación y bastos pitones, menos el 1 peligrosísimos, salvo el más manejable 5 El Fundi, de tabaco y oro. Media estocada (saludos) En el cuarto, estocada (oreja) En el sexto, dos pinchazos y media estocada (ovación de despedida) Juan José Padilla, de malva y oro. Pinchazo y media (saludos) En el quinto, estocada (oreja) Javier Valverde, de grana y oro. Pinchazo y estocada levemente atravesada (oreja) ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. La batalla de los miuras encogió el corazón de la Maestranza. La batalla épica que sostuvieron los toreros. La montera decimonónica de Juan José Padilla presagió la lucha antigua. La vieja lidia. Ni El Fundi ni Javier Valverde se vistieron de El Espartero y se comportaron como tal. No hacía falta. Escribieron hazañas bélicas. Ninguno de los dos escapó de las astas miureñas. Los dos a la hora de matar. Matar o morir. Valverde ya voló por los aires en un quite por tafalleras. Lo había cantado el toro por el pitón derecho. Pero tragó y cobró. Siguió embravecido. Un poco cabezón al empeñarse en continuar la faena de muleta por ese lado. El miedo se respiraba. Casi se mascaba. No se arredró nunca el valiente salmantino. Acortó distancias. Se tiró a matar pero pinchó. Después de tanto esfuerzo no se me puede ir esto, se dijo para sí. Y se volcó sobre los pitones enterrando el acero arriba. Terrible la voltereta. Dramática la caída. Revuelo de capotes, y Javier Valverde intacto. O al menos eso parecía. La oreja fue de irrefutable contenido. La Fiesta es así. O era así. Como la guerra. Dura y cruenta. A veces se olvida con tanta dulzura. Valverde se metió en la en- Javier Valverde se entregó tanto a la hora de matar que a punto estuvo de morir entre los pitones del miura fermería y no regresó: llevaba una cornada envainada, quizá desde la primera cogida. Y ahí aguantó. El Fundi también protagonizó un terrorífico episodio. También a la hora de matar. Matar o morir. El suyo fue todavía más violento, como un brutal puñetazo al pecho que lo tiró de espaldas. Como si lo hubiera atravesado. Hasta que no se levantó nadie apostábamos por El Fundi. Por su integridad física. La gente se enardeció de pañuelos, como se había enardecido cuando a portagayola se le frenó el miura, y El Fundi que no se rajaba, que no se incorporaba. Hasta que metió la cara el toro y... patinó, resbaló. Casi lo aplasta. Fundi reaccionó. Fueron segundos eternos. Continuó a la verónica como si tal cosa, con aquella bestia ensillada y en- MILLÁN HERCE Triunfalismo en la matinal de rejones FERNANDO CARRASCO SEVILLA. Al desmadre presidencialista en cuanto a la concesión de trofeos, en la corrida de rejones de la mañana de ayer llegó la aplicación estricta del nuevo reglamento taurino andaluz, que exige que se corten tres orejas en la Maestranza para poder atravesarla Puerta del Príncipe. Es por ello que ni Andy Cartagena ni Rui Fernandes ni Diego Ventura (en la imagen) pudieron atravesar este umbral y hubieron de conformarse con la salida por la puerta de cuadrillas, no sin antes producirse un revuelo importante ante esta negativa. Con lleno de no hay billetes se lidiaron toros de Campos Peña, que se dejaron. Antonio Domecq, silencio. Rui Fernandes, dos orejas. Cartagena, dos orejas. Ventura, dos orejas. Moura Caetano, silencio. Moura hijo, vuelta. Leonardo Hernández hijo, ovación tras dos avisos. NIEVES SANZ morrillada con el balón del Mundial de Alemania. Facultades y facultades para ganarle la cara con los palos al de Miura. Muchos pies. Y mucha guasa. Una tanda de derechazos tardó en enterarse. Después ya todo rozó la tragedia. Había aparecido el primer miura como un acorazado, con sus casi 700 kilos y un metro de pitón a pitón. Imponente mole. Fue el de más cara de toda la miurada. Un cuadro. Recuperó fuelle después de perder las manos varias veces. El piso de plaza acusaba la corrida matinal de rejones. La recuperación del miureño se produjo en banderillas, en collera Fundi y Padilla. Y después vino el lío. Las embestidas rebañando. Cada vez con más sentido. Valentísimo el torero, curtido en miles de combates a sangre y fuego. También se hizo cargo del sexto. Otro que no bajó de los 600 kilos. Ninguno lo hizo. Manseó lo suyo y se rajó. Nunca a lo tonto. Cubrió el expediente el héroe de Fuenlabrada. Padilla no perdió comba y también se marchó a portagayola con el quinto. Otro atragantón. La corrida no era apta para cardíacos. La faena fue relativamente tranquila. Como el toro, que se desplazó noblote y sin humillar. Le cortó otra oreja con el gentío ya embarcado en la nave de la emotividad. La pelea fuerte la sufrió con el sobrero segundo bis, también de Zahariche. Encajó cabezazos por doquier. El paseíllo sin liar, la montera de El Espartero, las patillas, un traje a mitad de camino entre el siglo XIX y el XXII quedaron atrás entre el oficio muletero y la entrega banderillera. Pero son difíciles de olvidar.