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52 Cultura MUERE REVEL, AZOTE DEL TOTALITARISMO COMUNISTA LUNES 1 5 2006 ABC Apoyó sin fisuras el proceso de apertura democrática iniciado en España tras la muerte de Franco. Revel hizo de la libertad su única razón de ser en el debate de las ideas. En este contexto es donde debe ubicarse la obra escrita de Revel. Autor de más de una treintena de libros- -entre los que merecen destacarse Ni Marx ni Jesús El conocimiento inútil y La obsesión antiamericana Revel afronta una eficaz disección de la batalla cultural y política que desarrolló el comunismo en su lucha contra la democracia liberal siguiendo en buena medida las pautas de la estrategia de Gramsci antes señalada. Si la primera de las fuerzas que mueven al mundo es la mentira tal y como Revel señalaba, su defensa de la verdad asociada al libre desarrollo de la libertad en todas las dimensiones de la persona tuvo en él a uno de sus principales valedores a lo largo de un siglo como fue el XX dominado por esa gran mentira llamada el comunismo. Amigo de España, y buen conocedor de su cultura, Revel siempre contribuyó a que la débil vigencia del liberalismo en nuestro país tuviera en sus escritos un decidido aliado, especialmente en los difíciles años de la Transición. Entonces desde la dirección de L Express primero, y, después, desde sus artículos en Le Point apoyó sin fisuras el proceso de apertura democrática iniciado en España tras la muerte de Franco. Afortunadamente el 28 de enero de 2004 el Gobierno español pudo agradecer ese apoyo otorgándole la Gran Cruz de Isabel la Católica y un grupo de españoles pudimos testimoniarle el homenaje que merecía alguien que hizo de la libertad su única razón de ser. El pensador, en una imagen de 2003 con su uniforme de la Academia Francesa, a la que pertenecía AFP ADIÓS AL ÚLTIMO LIBERAL JOSÉ MARÍA LASSALLE hora sí, con la muerte de JeanFrançoise Revel hay que decir con tristeza que ha muerto el último liberal Es verdad que eso se dijo ya antes de Raymond Aron, pero no es menos cierto que Revel fue de algún modo su heredero intelectual, a pesar de las diferencias que existían entre ambos, tanto en el estilo, como en la solidez de su formación. Aron y Revel provienen de la misma tradición política: el liberalismo francés. Producto aquilatado en medio del arduo combate de las ideas, este liberalismo tuvo que curtirse frente a duros oponentes a lo largo de los siglos XIX y XX. De hecho, emplazados siempre en la compleja centralidad de la política de Francia después de la Revolución de 1789, los liberales del otro lado de los Pirineros tuvieron que armar su pensamiento con altas dosis de fiereza argumentativa. Presionados a derecha e izquierda por la reacción, el socialismo utópico y el marxismo, construyeron un discurso de la libertad basado en la soberanía de la inteligencia y en la fortaleza de las formas. Así lo vieron Tocqueville y los doctrinarios, iniciando una corriente liberal que junto a la austriaca y anglosajona hicieron posible después de muchas fatigas la victoria que cosechó la libertad con el derribo del Muro de Berlín. Nacido en Marsella en 1924, JeanFrançoise Revel estudió como Aron en la elitista Escuela Normal, especializándose en Filosofía. Combatiente al lado de la Resistencia durante la ocupacion nazi de Francia, Revel fue profesor de Filosofía en Argelia, México e Italia. Tras vivir una corta experiencia política como asesor ministerial abandonó definitivamente la docencia en los años 60 para dedicarse al periodismo. Fue aquí donde siguiendo el ejemplo de Aron logró sus mayores éxitos intelectuales. Articuló una forma de acción política liberal de gran contenido divulgativo basada en un lenguaje plástico y di- A recto que buscó siempre el cuerpo a cuerpo con un enemigo nítidamente definido: el totalitarismo comunista. A diferencia de Aron, que siempre buscó un análisis más conceptual, Revel consiguió que sus artículos en L Express en los años 70 fuesen magistrales ensayos periodísticos, con un alto contenido político, esto es, hizo realidad la sugerencia estratégica de Aron cuando allá por los años 30 reclamaba un liberalismo que mediante la Prensa se convirtiese en arma de la razón escrita. En este sentido, resulta portentosa la labor que realizó en los años 70 y 80 cuando la inmensa mayoría de los pensadores franceses estaban instalados en la actitud que Aron describió como el opio de los intelectuales. La seducción que el comunismo de la mano de Sartre, Foucault y Althusser, entre otros, ejercieron sobre los resortes culturales de Francia y buena parte de Europa Occidental, estuvieron a punto de materializar el sueño gramsciano de derrotar al capitalismo mediante el dominio de sus iconos y referentes culturales. Gracias a autores como Aron y Revel en Francia, Popper, Berlin y Hayek en el mundo anglosajón, el Occidente libre fue capaz de salir airoso del asedio que le planteaba el totalitarismo comunista REVEL O LA LIBERTAD VALENTÍ PUIG S ería en el año 1988, cuando Reagan presidía los Estados Unidos en una época próspera y estable para Occidente mientras el imperialismo soviético iba perdiendo bazas. Revel presentó su ensayo El conocimiento inútil en un sacrosanto reservado del restaurante Hispania de Caldetes (Barcelona) Néstor Luján y Xavier Domingo habían rivalizado en la composición del menú. Revel, el gastrónomo de Un festín de palabras paladeó los manjares y se dispuso a explicarle a una concurrencia periodística mayoritariamente de izquierdas que El conocimiento inútil estaba dedicado especialmente a demostrar la complicidad de tantos intelectuales y periodistas con el totalitarismo. Desde la muerte de Aron, Revel era la concien- cia liberal de Francia, en las páginas de Le Point Recordó cómo en 1976, ante las cámaras de televisión, Jacques Delors le había dicho que la agricultura soviética estaba en el mejor de sus momentos. En todas las avanzadillas del liberalismo, en años tan difíciles, ahí estaba Revel con sus anchas corbatas y el rapado que culminaba una alopecia de tez rojiza, como un Eric von Stroheim en el papel de sacerdote hitita. Entre sus libros menos conocidos en España, su ensayo sobre Italia es de un brío permanente y su indagación en la obra de Proust logró salvar al pequeño Marcel de la podredumbre metodológica que le echaba encima la nouvelle critique De sus últimos años tuvo gran impacto el alegato contra el antiamericanismo. Había caído el muro de Berlín; Den Xiao- Ping procuraba que Mao no saliera de la tumba. Aun así, el recelo a la libertad continuaba, había todavía intelectuales que añoraban el comunismo con la pintoresca coartada de que fue una buena idea nun- ca bien llevada a la práctica. En La gran parada Revel se maravillaba de que la izquierda europea no hubiese asumido con claridad el hundimiento del comunismo. Esa gran parada era un ejemplo más del divorcio eterno entre el narcisismo ideológico y la verdad histórica. Por aquel entonces se le vio comer en Ca l Isidre de Barcelona, con buen apetito aunque con moderación. Un relieve de pequeñas arterias ilustraban su cráneo como en un globo terráqueo de biblioteca de la Ilustración. No pocos libros después, en especial sus memorias magistrales, Aznar como presidente del gobierno le condecoró con la Gran Cruz de Isabel la Católica, en 2004. Luego, en un almuerzo en La Moncloa, Revel ejecutó un tour d horizon de gran lucidez, con una memoria inexorable, capaz de una dialéctica que le aproximaba tanto a Tocqueville como a Maquiavelo. Ni quito ni pongo que el menú de La Moncloa fuera equiparable al del Hispania o al de Ca l Isidre