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50 Sociedad LUNES 1 5 2006 ABC Medio Ambiente Los tendidos eléctricos, las carreteras y la presión urbanística amenazan a la avutarda canaria SEO Birdlife crea la primera reserva natural para el ave más grande del archipiélago b El Gobierno canario trabaja en una propuesta de parque nacional para el corredor costero occidental de la isla de Fuerteventura, que representaría a las estepas A. ACOSTA FUERTEVENTURA. La suerte del principiante nos permite ver a la avutarda canaria, la hubara, poco después de llegar a la isla canaria de Fuerteventura. No es fácil de ver, pues sus colores ocres se confunden con las tierras áridas de la estepa y entre los matorrales que conforman la escasa vegetación (aulagas, salsolas y espinos) Lo curioso es que donde la vemos, ajena a los ojos curiosos tras los prismáticos, es junto a una pista de tierra por donde está proyectado que pase una autovía que unirá el norte y el sur de la isla. Una infraestructura que, de seguir adelante, cruzará en muchas zonas el hábitat de esta ave, endémica de Canarias, y el vertebrado terrestre más grande del archipiélago (con 55 centímetros de altura, hasta 1,70 metros de envergadura y unos 3 kilos de peso) Y es que, además de los tendidos eléctricos, que sólo el año pasado causaron la muerte a 35 hubaras en la isla- -otras 45 murieron por la misma causa en la vecina Lanzarote- -la presión urbanística generada por un creciente turismo amenaza la supervivencia de la hubara. Su hábitat se ha reducido un 10 en los últimos diez años. La cuenta es clara: si este ritmo de destrucción continúa, la hubara habrá desaparecido antes de que acabe este siglo. Ahora hay unos 350 ejemplares en Fuerteventura y unos 450 en Lanzarote. Por este motivo, y para demostrar que sin estas amenazas la hubara puede sobrevivir, la Sociedad Española de Ornitología (SEO Birdlife) gracias al apoyo europeo a través de un proyecto Life, ha creado la primera reserva natural para la conservación de la avutarda hubara. La finca del Cercado del Jarde, donde viven entre 15 y 20 hubaras, según explicó Eduardo de Juana, presidente de SEO, está situada en el municipio de Antigua. Tiene doscientas hectáreas (la superficie de 200 campos de fútbol) y será el centro de operaciones desde donde controlar los efectos sobre la especie de la presión del tráfico y las urbanizaciones, los depredadores introducidos (gatos y ratas) y el pastoreo. Y es que las cabras, símbolo de la isla y consideradas casi como patrimonio histórico, degradan sobremanera el hábitat. Y más con los números que hay en la isla: 120.000 cabezas frente a unos 70.000 habitantes estables. Todo ello para conservar un hábitat representativo de los llanos, jables y pedregales de la isla, un espacio en el que además de hubaras se encuentran SEO Un macho de hubara con su plumaje blanco y negro del cuello, que utiliza para atraer a la hembra en el cortejo. A la derecha, la finca del Cercado del Jarde, en Antigua En la actualidad hay unos 350 ejemplares en Fuerteventura y unos 450 en la vecina Lanzarote ejemplares de otras poblaciones de aves esteparias amenazadas como el corredor sahariano, alcaraván común, ganga ortega, terrera marismeña, bisbita caminero, alcaudón real, camachuelo trompetero, curruca tomillera y tarabilla canaria. La hubara se convierte, por tanto, en una especie paraguas apuntó De Juana, pues su protección permite conservar otras. ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO Máxima protección Antes de irnos volvemos a ver a la hubara. Esta vez en los Llanos de Tindaya, a los pies de la montaña del mismo nombre, aún intacta, toda vez que el proyecto de Chillida para vaciarla está por ahora en suspenso. Un paraje que, en caso de prosperar, quedaría incluido en la propuesta de parque nacional para todo el corredor costero occidental de la isla en la que el Cabildo de Fuerteventura y el Gobierno de Canarias están trabajando. Serían unas 44.000 hectáreas bajo la máxima protección que se puede dar a un espacio natural en nuestro país. Unos límites que pretenden poner coto al avance desenfrenado del turismo. SE ENREDA LA PÚRPURA uando se calan las redes para la jibia, a media milla de la costa almeriense, se enredan las púrpuras, esas caracolas del color de la arena llenas de espinas que se conocen con el nombre de cañadillas. Debió de ser Rafael Alvarado el académico que tuvo el detalle de anotar en el Diccionario de la Lengua Española, como primera acepción para la púrpura, a este molusco gasterópodo marino, el cual se- C grega una tinta que pasa del amarillo al verde y del verde a la codiciada púrpura, con la que se teñían los paños de los sacerdotes y que alcanzaba precios escandalosos, pues hacían falta diez mil caracolas para un gramo de tinte. El investigador Chiva Royo asegura que, excavados en las rocas, junto al mar, en Altafulla, aún se ven los agujeros en los que los romanos obtenían de esta caracola, la púrpura. Hasta el mes de julio se pesca en Roquetas de Mar junto a la jibia. Sale por la noche de la arena y, con las espinas que en principio eran defensas, se lía en las jibieras. Luego la venden entre el pescado, aunque un día fuera el origen de la tinta exclusiva de los emperadores.