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46 LUNES 1 5 2006 ABC Sociedad Skyline de Manhattan, con el Empire State, en el centro, dominando los cielos de Nueva York El rascacielos más alto y filmado de Nueva York intenta reinventar su futuro al cumplir hoy 75 años de su inauguración. El faro de Manhattan se construyó en plena Gran Depresión y ahora se renueva para lograr la plena ocupación de sus oficinas La segunda vida del Empire State MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. En los días que siguieron al 11- S de 2001 la desaparición de las Torres Gemelas dejó huérfano el horizonte de Manhattan. Cada neoyorquino salía del metro desorientado, buscando esa referencia que incluso desde los confines de New Jersey revelaba de un vistazo el este y oeste de la ciudad. Quienes volvían a ella desde el aeropuerto de Newark se encontraban con su ausencia en el desangelado perfil de la isla más filmada del mundo. Fue entonces cuando otro icono de la ciudad recuperó la gloria perdida. El Empire State volvía a ser el rascacielos más alto de Nueva York, tras haber cedido el título al World Trade Center en 1972. La llegada a Manhattan desde el aeropuerto John F. Kennedy volvía a ser la más impresionante y el entrañable edificio Art Déco del que se enamorase King Kong- -con tanta pasión como de la actriz Ann Darrow que lo conquista- -despuntaba sobre todos los demás. Hoy cumple 75 años como faro de Manhattan, aunque no por ello se encamina al centenario con menos incertidumbre de la que emergió en 1931 sobre los restos del antiguo Waldorf Astoria. ¿Quién hubiera imaginado que el Hotel Plaza iba a convertirse en un complejo de viviendas? reflexionaba el escritor John Tauranac, autor de The Empire State Building: The making of a landmark cuando se le pidió que vaticinase el futuro del edificio. En realidad su romántica historia ha estado llena de desaciertos prácticos desde ese 1 de mayo de 1930 en que Herbert Hoover lo inauguró desde Washington DC, apretando el botón de su iluminación en plena Gran Depresión. Entonces se creía que Manhattan nunca se extendería por encima de la calle 59, y que esa zona de la Quinta Avenida con la calle 34 en la que se emplaza el Empire sería el corazón de la ciudad. Con la crisis, la mayoría de las 80 plantas destinadas a oficinas se quedaron vacías, y aún hoy el 18 sigue sin alquilar, según los datos de la firma inmobiliaria Colliers ABR. Eso, pese a que su website (www. esbnyc. com) lo muestra como permanentemente ocupado al 97 Lo cierto es que incluso su precio por metro cuadrado está por debajo de lo habitual en esa zona del llamado Midtown, donde la media de oficinas sin ocupar es del 6 La disputa con el edificio Chrysler Aún así la construcción de varios edificios de viviendas en los alrededores hacen pensar en un revival que lo alejen aún más de la imagen de bandas callejeras y prostitutas que lo rodeaban en los años 80 tan pronto como cerraban los comercios de mayoristas. A ello contribuirán los 150 millones de dólares que sus propietarios han decidido invertir para renovar sus añejos interiores, entre ellos los 800 servicios, 73 ascensores y el sistema de aire acondicionado y calefacción. Lo que no tiene arreglo es el tamaño de sus oficinas, condenadas por las prominentes columnas que sostienen el edificio, frente a la tendencia de rascacielos con grandes ventanales que domina en la ciudad. Una realidad económica muy distinta a la que vive su eterno rival, el edificio Chrysler, en el lado este de la Gran Manzana. El astuto gobernador de Nueva York Alfred Smith convenció al Fuego en las alturas M. G. NUEVA YORK. El avión se estrelló a las 9.49 de la mañana contra la planta 79 del rascacielos. Cuando abrimos la puerta de la oficina había tanto humo en el pasillo que no se podía ver nada. El ascensor estaba en llamas contó uno de los supervivientes. No era el 11- S de 2001, sino un sábado 28 de julio de 1945, apenas unos días antes de que EE. UU. pusiera un trágico fin a la II Guerra Mundial lanzando la bomba atómica sobre Hiroshima. El avión que perdió el norte entre la niebla era un bombardero Mitchell B- 25, y el edificio contra el que se estrelló, el Empire State. El coronel William Smith, que lo pilotaba, así como los dos hombres a bordo, murieron en el acto. El aparato se incrustó en las oficinas del Consejo Nacional Católico de Beneficiencia, donde nueve de sus voluntarios quedaron calcinados. El publicista de esa institución se lanzó por la ventana. Su cuerpo fue encontrado, también calcinado, en la cornisa del piso 72. Un motor del bombardero salió despedido, atravesó todo el Empire State, cruzó la calle y descendió al tejado de un edificio cercano, provocando un incendió a su paso. Sólo murieron 14 personas, gracias a que no era día laborable. La estructura de acero del edificio no sufrió daños críticos, aunque costó un millón de dólares de la época reparlo, y muchos años hasta que los habitantes de los rascacielos volvieron a perder el miedo a los aviones.