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ABC LUNES 1 5 2006 Madrid 35 Madrileños, patinando en los años 50 sobre un estanque helado en el pulmón verde de la ciudad Curiosidades Ordenanzas para el gobierno de la Real Casa de Campo, de agosto de 1567: en las mismas se señala que no se hagan banquetes ni meriendas en ella y que no se permita entrar en los dichos jardines y huertas sino personas de quien se entienda que no harán daño ninguno, ni dejen entrar pajes ni lacayos ni ningún género de perros... Zoológico. Existe una larga tradición de mantener animales salvajes en la Casa de Campo. En 1563 ya vinieron cisnes de Flandes. Había, en tiempos de la infanta Luisa Fernanda- -alrededor de 1849- ejemplares de leones, tigres, un elefante, gacelas, antílopes de Orán, monos, búfalos, camellos, dromedarios, llamas, gamos, vicuñas y ciervos... Además, también se contaba con otras especies más decorativas como pavos reales, cisnes negros y blancos, pintadas, gansos, patos, avestruz, faisanes y gallinas de diversas razas. También había entre las arboledas, jabalíes y muchos osos. Y se perseguía a las alimañas existen documentos que recogen cómo se pagaban dos pesetas por cada zorro, garduña, turón y gato montés cazado, una peseta por águila, cincuenta céntimos por milano alcotán o mochuelo, 26 céntimos por culebra y 12,5 céntimos por lagarto. Además, entre las especies domésticas, el censo de ganado y reses en 1867 se elevaba a 955 animales, de los cuales cuatro eran bueyes, 18 mulos, cuatro avestruces y había también un dromedario. La estatua que se mudó. La estatua ecuestre de Felipe III llegó a Madrid en 1616 y presidía los jardines del Reservado, donde fue símbolo y emblema de la Casa de Campo en tiempos de Isabel II. Luego, fue trasladada a la plaza Mayor, donde aún permanece, aunque con la oposición del arquitecto mayor del palacio. Los tiempos modernos dejaron su huella en la Casa de Campo: la primera línea férrea, por ejemplo, entre Madrid e Irún, afectó a esta zona verde, ya que penetraba en ella por terrenos del cuartel de Cobatillas. Estas obligaron a la tala de algunos árboles, pero lo peor fueron los incendios que, producidos por las chispas del ferrocarril, se incrementaron a partir de entonces. Uno especialmente grave se produjo en 1878, en medio de una pertinaz sequía como señalaban los documentos de la época. El balance fue de un jornalero muerto, 900 fanegas de pastos afectadas, 1.013 árboles destruidos, y multitud de caza perdida. Todo el personal de la Casa de Campo se movilizó contra el fuego, y en especial las mujeres de la finca, con cántaros de agua y vinagre Por su valentía, el Rey las premió con 10 pesetas por cabeza. Durante la Guerra Civil los búnkers también llegaron a la Casa de Campo él y su familia cazaban, pescaban, paseaban, montaban a caballo o patinaban sobre hielo. Desde que se cedió al pueblo de Madrid, hace ahora 75 años, el Gobierno municipal de la época comenzó a hacer cábalas sobre en qué emplearla. El 6 de mayo, el notario Pedro Tovar levantaba acta de la entrega oficial de la Casa de Campo al Ayuntamiento, en un acto presidido por el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, y el alcalde de Madrid, Pedro Rico. El alcalde creó una comisión que estudiara los mejores usos para la nueva propiedad: la presidía Julián Besteiro. Apenas 20 días después, el 29 de mayo, se presentaba ya un documento de intenciones que proponía ampliar las zonas deportivas, mantener el estanque, transformar la charca de patinar en piscina e instalar acuario, jardín zoológico y botánico. Más adelante, se plantearon otros usos, como la apicultura o el cultivo del gusano de seda- -por las 20.000 moreras existentes- Problemas presupuestarios dejaron estos proyectos sobre el papel, pero se tomaron medidas para recibir a los miles de madrileños que acudían a hacer uso de la Casa de Campo: fuentes, bocas de riego, 300 bancos, 15 refugios para tormentas... Ayer y hoy Tras la Guerra Civil, permaneció cerrada al público hasta el año 46. Para entonces, se habían limpiado sus terrenos de todo el material bélico que quedó abandonado. Hubo nuevos debates urbanísticos y se optó por un régimen mixto: intervención municipal directa y concesiones como el Parque de Atracciones o el Zoo. Con ese esquema ha llegado hasta hoy, cuando decisiones municipales han limitado el tráfico por su interior, mientras se mantiene activo un numeroso colectivo de profesionales del sexo, que han tomado la zona para sus actividades. Pero esa es otra historia. Debate urbanístico Los urbanistas han dado muchas vueltas a qué hacer con la Casa de Campo. Durante el siglo XIX se plantearon muchas hipótesis: desde urbanizar la finca hasta convertirla en explotación agraria, apostar por un sistema mixto o dejarlo como un bosque. Incluso hubo un ciudadano madrileño, Manuel Bailes y Barreiro, que solicitó la cesión de terrenos para fundar allí un pueblo que se llamara Real Cristina, como símbolo de la causa liberal Durante las tres primeras décadas del siglo XX, la Casa de Campo fue lugar de recreo para el monarca, donde