Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
56 Cultura DOMINGO 30 4 2006 ABC Nacho Duato ha unido sus fuerzas a las del director esloveno Tomaz Pandur para crear Alas una coreografía inspirada en la película de Wim Wenders El cielo sobre Berlín El ángel rubio TEXTO: JULIO BRAVO FOTO: JUAN MANUEL SERRANO ARCE SANTANDER. Como los toreros, Nacho Duato decidió hace unos años cortarse la coleta... pero sólo un poco. Y aunque desde que anunciara su medio retirada se le ha podido ver fugazmente sobre un escenario, es en Alas la coreografía estrenada el viernes en el siempre activo Palacio de Festivales de Santander, donde puede hablarse de su reaparición El papel protagonista del bailarín y coreógrafo valenciano en esta pieza, que firma conjuntamente con el director esloveno Tomaz Pandur, permite utilizar ese término, aunque a él seguramente no le guste. Llevaba mucho tiempo Duato rumiando la posibilidad de trabajar con Pandur, considerado uno de los grandes renovadores de la escena europea de los últimos años, y que en los últimos meses ha presentado en España dos de sus trabajos: Infierno y Cien minutos De hecho, fue Duato uno de sus principales valedores para su inclusión en la programación del Centro Dramático Nacional. Tienen mucho en común el valenciano y el esloveno. Cada uno desde su propio lenguaje, son amantes de un teatro donde a menudo prima lo visual, donde las imágenes se convierten en el vehículo para comunicarse con el público; Duato enreda este aspecto con el movimiento de sus coreografías y Pandur con el texto de sus montajes teatrales. Los dos convergen en Alas una pieza que se inspira en la película El cielo sobre Berlín de Wim Wenders, en la que un ángel merodea sobre la ciudad con el deseo de convertirse en humano. Duato es aquí el ángel; un ángel que baila y que habla (textos tomados algunos del guión de Peter Handke y otros del propio Pandur) y que, finalmente, no es sino un símbolo de la soledad del ser humano en las grandes ciudades. Alas presenta fundamentalmente esa sensación de soledad y de vacío en un mundo que avanza inexorablemente. Una gigantesca columna- -que es el lugar por el que el ángel baja a la tierra- -es el único elemento escenográfico de esta propuesta, que puede ser calificada como un paso adelante de Nacho Duato y de la Compañía Nacional de Nacho Duato, en un momento de la coreografía Alas Danza. Coreográficamente, Duato recurre a sus movimientos, sus carreras y sus pasos habituales, dentro de ese ambiente sombrío en el que parece encontrarse tan a gusto. La danza va y viene con momentos de una gran belleza, donde Duato dibuja con inspiración y sutileza- -el dúo que él mismo baila con la extraordinaria Luisa María Arias, otros fragmentos de conjunto- y otros momentos donde el pincel no se maneja con la misma soltura, y que resultan repetitivos. No es el denominador común de esta pieza, que posee fiereza, que en muchos momentos araña la retina del espectador, y que tiene un final llamativo y visualmente muy efectivo, con los bailarines y el propio Duato- -en perfecta forma- -danzan sobre el suelo mojado. Unos bailarines, por otro lado- -y conviene decirlo porque a veces parece que se dé por hecho, y no es justo- que constituyen una más que excelente compañía de baile.