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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE AP y den en el piso. Pues ha añadido una nueva rareza. Según ha contado Graham Norton, presentador británico de televisión que recientemente la entrevistó, la cantante (o lo que sea) tiene permanentemente a su lado una asistente personal que apaga su sed. Al parecer es la misma sufridora personal que sujeta la falda. La cualificada trabajadora, la personal camella también carga una mochila de Louis Vuitton llena de botellas de agua. Se ve que Mariah se ha tomado en serio lo de que hay que beber mucho (retiene líquidos, igual que Copperfield retiene su cartera) A un gesto de la retaca, llega la aguadora y acerca a su señora un vaso con una pajilla para que sorba, vaso que Mariah no llega a tocar, como si estuviera impedida, que lo está, pero no de las manos sino del melón. En el fondo no sé si creerme todas estas cosas que se publican (ni las que veo) Como escribe Thomas Browne en Sobre errores vulgares (Capítulo V, De la incredulidad e indolencia mental) los hombres suelen engullir falsías por verdades, dudas por certezas, factibilidades por posibilidades, y cosas imposibles como si fueran posibles. Porque ya me dirán por dónde cogemos eso de que cuatro de cada diez británicas haya confesado (según The Times que no controlan su obsesión con el aseo de sus casas. Cabe la posibilidad de que la obsesión las paralice, pero lo que no puede ser es que los estudiantes españoles siempre hayamos ido a parar a los hogares de las otras seis espesas. Si es así, habrá que ir pensando en una protesta diplomática. Que eso no lo he leído, que he visto con mis propios ojos las bañeras decapés en varios tonos y las moquetas preparadas para echarse a andar. Vamos, que Copperfield podría sacar conejos. Y manatíes. El mundo de Isabel MIKEL PONCE Isabel Preysler y Anna Kournikova, compartiendo las mieles beneficiosas de la fama Gente BEATRIZ CORTÁZAR caba de pasar una larga temporada en Miami y algo le ha sentado bien por esas tierras, puesto que Isabel Preysler ha vuelto mejor de como se fue, con esos pequeños retoques que sólo las manos muy expertas saben dar en zonas estratégicas realzando lo que con el tiempo tiende a decaer. Los que conocen bien a Isabel saben que se ha vuelto una mujer muy casera, que siempre fue muy familiar y que apenas frecuenta los salones de otros. Con sus cinco hijos ya adultos, le apasiona pasar temporadas en Miami cerca de Chabeli, Julio José y Enrique o viajar con Miguel Boyer por Europa en compañía de algún matrimonio amigo. Pero de un tiempo a esta parte la reina de corazones aprovecha también esas escapadas para lucir más tersa a su regreso. Se vio esta semana cuando apareció en Valencia como musa de Porcelanosa, firma con la que tiene pactadas dos grandes apariciones al año (esta primavera no habrá viaje a Londres con el Príncipe de Gales) y en la capital del Turia demostró que por ella no pasan los años a pesar de sus cinco hijos, sus tres matrimonios y el sol que antes tomaba. En el mundo de Isabel ya no caben las arrugas ni las lorzas. Más delgada que años atrás, un día confesó que su truco es beber un vaso de agua caliente después de las comidas, y desde entonces sé de más de una que se ha abrasado el paladar siguiendo su consejo. También se ha sabido que otro de sus trucos es no comer los lunes. Tras los excesos del fin de semana, A ese día sólo toma pomelos y uvas. Luego juega al pádel, hace pilates, yoga, acude a su salón de belleza todas las semanas, protege su rostro del sol con pantalla total y se llena de cremas antes de acostarse, tal y como delató su hijo Julio José. Una de sus amigas de siempre es la pintora Cristina Duclós, quien esta semana ha presentado en la galería Ansorena su última colección de pintura. Como es habitual en ella, expone cada dos años en esa sala y el resultado suele ser muy parecido: al primer día ya está casi todo vendido. Duclós pasó del naif a los retratos, y suyos son los dos que hizo a Preysler y que tantas veces hemos visto en las revistas, y los que también realizó a la duquesa de Alba junto a su hija Eugenia. Ahora prefiere pintar bodegones de flores, mariposas en papel de seda y cuadros partidos con jarrones chinos. El día de la inauguración Preysler no pudo estar, puesto que se preparaba para su gran noche en Valencia y ella mejor que nadie sabe cómo dosificar sus apariciones para seguir manteniendo su aureola de misterio. Por eso reapareció el jueves en Valencia, justo el mismo día en que su esposo Miguel Boyer se estrenaba como consejero no ejecutivo de Urbis en lo que supone su vuelta al mundo empresarial. Con Isabel más joven que sus hijas y Miguel de nuevo en activo, los Boyer ni piensan en el retiro. Más de una se abrasó cuando supo que Isabel Preysler mantenía su figura a base de tomar un vaso de agua caliente después de las comidas... Entre otras cosas