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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES De Gaulle, cuando éste llegó a la jefatura del Estado, fue la respectiva filosofía de cada uno de ellos. En los tratados de París y Roma, se prevé que los miembros de la Alta Autoridad o de la Comisión de Bruselas deben disociarse de su pertenencia nacional y actuar al servicio de la propia Comunidad: una cláusula que ponía los pelos de punta a De Gaulle. En opinión de Jean Monnet, la soberanía incondicional de los Estados es el principio mismo del antiguo orden (o del desorden) de donde surgen las guerras. En opinión del general De Gaulle, la independencia de la nación, encarnada por un Estado responsable de la seguridad de todos, sigue siendo el valor supremo. Negarla o comprometerla equivale a romper la continuidad de Francia o, mejor dicho, es escribir la última palabra en la última página de la historia de Francia. Durante la IV República, Monnet conocía a todos los miembros de la clase política, a varios de ellos íntimamente. En la V República no tuvo las mismas posibilidades de acceso a los hombres del poder. Y el presidente de la República le ignoraba. No sentía ninguna amargura por ello; aunque con un estilo diferente, su proyecto continuaba adelante. Conocía el mundo anglo- estadounidense, y muy poco el mundo germánico, pero consideró desde el primer momento que la unidad europea dependía ante todo del dúo franco- alemán. La cooperación entre el canciller Adenauer y el general De Gaulle favorecía la construcción europea. No le importaba nada ser o no un profeta en su tierra. Poco a poco, con la experiencia, la oposición entre los doctrinarios de la supranacionalidad y los de la soberanía nacional se atenuó. Una votación mayoritaria no obligará a uno de los miembros de la Comunidad a inclinarse ante una decisión que considere inaceptable sobre un tema de importancia vital. La palabra confederación reúne todas las adhesiones, pero, en el fondo, las dos escuelas no se han reconciliado. Hasta el último día, Jean Monnet conservó el optimismo. ¿Tenía razón? Como todo hombre de acción, Jean Monnet simplificaba los problemas. Aquello que le parecía razonable debía ser realizado. De la unidad económica saldría necesariamente la unidad política. Subestimaba la fuerza de las naciones y de los Estados para perseverar en su ser. Ni ideólogo ni pensador, quería, por el bien de su país y de todos los demás, sacar lecciones de las catástrofes de este siglo. Los franceses y los alemanes probablemente han aceptado estas lecciones, y Jean Monnet es uno de los que les ayudaron a extraer las consecuencias. ¿A cuántos Estados convirtió a la sabiduría que profesaba? Roma B. Aires McDonald s Dos décadas en Guantánamo La franquicia en la base de EE. UU. en Cuba- -tras el 11- S, prisión para combatientes ilegales -celebra el aniversario vendiendo sus estandarizadas hamburguesas a los precios de 1986 entre su clientela POR PEDRO RODRÍGUEZ Bruselas París Rabat os españoles y sus derivados del cerdo, los inNueva York gleses y su té, los americanos y sus arcos dorados En Estados Unidos existen pirados- -que operan entre la mitomanía y el fetichismo alimentario- -con suficiente tiemJerusalén po y falta de respeto hacia el colesterol como para dedicarse a batir récords de visitas y comidas en el mayor número posible de franquicias de McDonald s. Me imagino México que la sucursal más codiciada debe ser la más inaccesible: la que opera dentro de la base militar de Guantánamo para satisfacer las ganas de fast food de los soldaWashington Pedro Rodríguez dos, contratistas y familias allí destinados. Una clientela quizá tan cautiva como los 490 combatientes ilegales que quedan en el limbo carcelario organizado por la Administración Bush tras el 11- S. Berlín Para celebrar su exitoso aniversario, este peculiar McDonald s ha regalado tarta de cumpleaños y globos, además de vender sus estandarizadas cheeseburgers a Atenas 49 centavos de dólar (unos 30 céntimos de euro) El mismo precio que tenían en 1986 cuando este estableLondres cimiento empezó a operar en la base aeronaval que Estados Unidos regenta a perpetuidad desde 1903. Con el paso del tiempo, y un mercado multiplicado durante los últimos años, el McDonald s de Guantánamo ha perdido su ventaja moMoscú nopolística y ahora compite con una pizzería y dos cafés Starbucks recreando en ese inhóspito rincón de la provincia cubana de Oriente el estilo de vida y consuPekín mo típico del gigante americano. Además de servir como distracción alternativa al rancho oficial. Viena En la actualidad, el que pasa por ser el único McDonald s en Cuba- -por aquello del embargo- -atiende al día a unos 1.200 clientes desde su estratégica situación en Estocolmo la principal carretera de la base, la avenida Sherman, facilitando incluso la posibilidad de comer L sin bajarse del coche, con un drive in lo suficiente grande como para que quepan de sobra los enormes todoterreno Humvee utilizados pos las tropas encargadas del funcionamiento y protección de este reducto militar. Incluido el destacamento de marines, que patrulla día y noche una valla de seguridad, minada por el lado cubano, de 28 kilómetros. Centinelas inmortalizados en 1992 por la película de Hollywood Algunos hombres buenos donde un inolvidable Jack Nicholson presumía de desayunar a 275 metros de cuatro mil cubanos entrenados para matarme Lo que aquel peliculero coronel no mencionaba es que a la hora de comer podía elegir un hipercalórico Big Mac con patatas fritas... Y pensar que el comandante Fidel se tiene que conformar con un menú de jamón de jabugo y vino español. La Gazette de Guantánamo informar desde dentro