Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión DOMINGO 30 4 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LA CRISIS POLÍTICA ITALIANA D SENADO, EN TIERRA DE NADIE E L artículo 69 de la Constitución establece que el Senado es la Cámara de representación territorial Sin embargo, es notorio que la retórica constitucional no se ajusta a la realidad de una institución incapaz de encontrar sus señas de identidad. Subordinada al Congreso en la dinámica de los partidos políticos, la llamada por razones históricas Cámara Alta se limita a cumplir funciones de segunda lectura en el procedimiento legislativo y a desarrollar un papel secundario en el control del Gobierno. Los múltiples estudios que realiza a través de comisiones y ponencias no justifican (pese al buen nivel de algunos de ellos) la existencia de una cámara indefinida, acostumbrada después de casi treinta años a vivir a la sombra del Congreso. Lo peor es que cuando se sitúa en primer plano suele tratarse de cuestiones casi anecdóticas o con tintes grotescos. Así, esta misma semana se han aprobado múltiples enmiendas que alteran decisivamente el proyecto de ley de Reproducción Asistida. La clave del asunto está en que los senadores del PP aprovecharon la ausencia en el Pleno de muchos colegas socialistas y nacionalistas que estaban ocupados en atender a la retransmisión televisiva de cómo el Barcelona llegaba a la final de la Liga de Campeones desde el Camp Nou. (La víspera no hubo ni quórum para votar a última hora; jugaba el Villarreal) Como ya ocurrió otras veces- -incluido un veto senatorial al proyecto de ley de presupuestos- se anuncia ahora que el Congreso rechazará todas esas enmiendas, volviendo así el texto a su redacción original. Además de afectar a una ley de gran significado por razones éticas y científicas, la dignidad de la Cámara sale mal parada por este nuevo episodio que refleja el desinterés de algunos parlamentarios en el cumplimiento de sus obligaciones y la pérdida de sentido de una institución que, aunque representa al pueblo español, no es capaz de tomar decisiones eficaces. Los males del Senado actual proceden de un doble origen. En el plano estructural, su composición reproduce el mecanismo de los partidos representados en la otra Cámara, sin que la existencia de senadores designados por las comunidades autónomas (aproximadamente, la quinta parte de los miembros) altere ni mucho ni poco la rigidez de la disciplina partidista. En la práctica, encuentran acomodo en el Senado parlamentarios veteranos o principiantes, así como algunos líderes cuya función principal se de- sarrolla en la política territorial y que apenas contribuyen, por tanto, a los trabajos de la institución. En el ámbito funcional, el Senado ocupa una posición poco airosa en materia legislativa, aunque suele mejorar el texto que le remiten ya sea por razones técnicas o como consecuencia de pactos de última hora. En todo caso, la palabra definitiva corresponde siempre al Congreso. Puesto que no interviene en la investidura del presidente del Gobierno ni está facultado para presentar mociones de censura, su actividad como órgano de control se limita con frecuencia a preguntas rutinarias, muchas veces de interés estrictamente local, aunque la presencia episódica de Rodríguez Zapatero le otorga en esta legislatura un protagonismo fugaz. En estas condiciones, no sirve como Cámara territorial, ni siquiera como foro de debate entre las diversas instancias, como a veces pretende ser- -con éxito discreto- -la Comisión General de las Comunidades Autónomas. El hecho de que la Conferencia de Presidentes se reúna físicamente en la sede de la plaza de la Marina Española contribuye a debilitar más que a reforzar la imagen del Senado en nuestro sistema autonómico. A corto y medio plazo, las expectativas no pueden ser peores. La tramitación en la Cámara del Estatuto catalán es fiel reflejo de las prisas por terminar que manifiestan algunos de los actores principales del proceso. De este modo, el Senado resulta ninguneado, e incluso molesta que se emitan los preceptivos informes jurídicos que ponen en cuestión decisiones ya adoptadas. Si el Senado no tiene nada que decir en este punto, está claro que su función como supuesta Cámara territorial es sencillamente inexistente. El camino emprendido por el Gobierno socialista hacia un modelo genéricamente confederal a través de las reformas estatutarias hace que el papel de la Cámara de integración quede todavía más difuminado. Entre otras razones, porque la tentación de la bilateralidad entre el Estado y la comunidad autónoma correspondiente se convierte en una muestra de poder originario y reduce a la insignificancia a las instituciones concebidas para vertebrar el interés general. En rigor, no tiene sentido promover la reforma del Senado para mejorar el funcionamiento práctico del Estado de las autonomías, cuando, al mismo tiempo, se aprueban estatutos que rompen la lógica política y jurídica del modelo territorial vigente. CON ETA NO PUEDE HABER PRISAS E STE verano podría producirse el primer encuentro negociador del Gobierno con ETA, según informa hoy ABC, siempre que para entonces se haya verificado que el abandono de las armas es veraz y total. Al parecer, después de informar al Congreso de los Diputados se celebraría la primera reunión con la banda, en la que una denominada mesa técnica trataría el asunto del acercamiento de presos al País Vasco. Da la sensación de que el Ejecutivo que preside Rodríguez Zapatero se está dando más prisa que la misma banda en programar el futuro. Y las prisas, sobre todo con ETA de por medio, son malas consejeras y peores compañeras. De hecho, tras el primer informe que el anterior ministro del Interior, José Antonio Alonso, remitió sobre el cumplimiento del alto el fuego- total según aquel documento voluntarista- se produjeron los ataques de Barañain y Guecho y se supo que los etarras han seguido mandando cartas de chantaje a diversos empresarios de Navarra y del País Vasco. Por tanto, lo mejor es no trasladar ningún calendario, real o virtual, a la opinión pública; ni tan siquiera la sensación de que todo está encarrilado. Más sensato es ceñirse al mensaje de que el camino es largo y difícil como en alguna ocasión han declarado miembros del Gobierno. La palabra de moda es verificar incluso dentro de Batasuna (una parte de ETA, según la Justicia) Y lo que allí se ve sigue siendo inquietante, pues, como también informa hoy este periódico, el entramado Udalbiltza, controlado por la formación de Arnaldo Otegi, ha comenzado a marcar a los establecimientos comerciales que aceptan el llamado DNI vasco Los tintes mafiosos no se van de la noche a la mañana (son muchos años haciendo uso de la extorsión y el matonismo) ni porque uno intente poner cara de bueno. Que un tentáculo de ETA- -y Batasuna lo es- -se dedique a señalar a los malos vascos resulta inquietante. Menos prisas, pues. ESPUÉS de casi una decena de votaciones a través de un periplo de opereta, el Parlamento italiano ha podido al fin constituirse. Sólo este bochornoso espectáculo debería bastar para lanzar a toda la clase política italiana un mensaje de prudencia, para preservar en lo posible lo que pueda quedar de la reputación de las instituciones en una legislatura que se prevé extraordinariamente inestable y corta. La coalición que ha llevado al poder a Romano Prodi es una heterogénea mezcla de partidos de muchas tendencias que sólo tenían en común su voluntad de desalojar a Silvio Berlusconi del poder, y llegado el momento de tomar decisiones va a ponerse a prueba con cada votación parlamentaria. Los análisis que indican que en cuestión de meses los italianos deberán volver a las urnas son más creíbles que nunca, y por ello Prodi debería tener en cuenta que por ahora solamente ha recibido una especie de mandato transitorio y que no sería prudente embarcar al país en caminos que puedan profundizar la división política. Los italianos están pagando ahora el resultado de décadas de indolencia ante los excesos de sus dirigentes. Cuando se decía que Italia iba bien porque los políticos estaban tan ocupados con sus crisis de gobierno que no tenían tiempo de molestar a los ciudadanos, se estaban sentando las bases de esta situación en la que, ahora que lo necesitan, no tienen nadie con prestigio a quien acudir. Después del regreso del propio Prodi, cuya carrera estaba ya más que amortizada, la imagen del incombustible Giulio Andreoti resucitado como candidato a la presidencia del Senado es la mejor evidencia de ese desastroso vacío de liderazgo en la clase política romana. Las elecciones italianas parecen confirmar también que en Europa está abriéndose paso una tendencia a resultados electorales extraordinariamente ajustados, que a su vez reflejan sociedades divididas y claramente polarizadas. Sucedió en España y fue aún más evidente en las legislativas alemanas del año pasado. Italia ha seguido esta misma tendencia, aderezándola con los peculiares excesos de su vida política, y las encuestas indican por ahora que, a pesar de las correcciones del mecanismo de la segunda vuelta, la situación en las Presidenciales francesas del año que viene podría ser también muy parecida. Ante esta situación tremendamente delicada, la solución que han aplicado los alemanes aparece como la fórmula más razonable y sólida de afrontar circunstancias similares. La Gran Coalición entre los dos principales partidos, democristiano y socialdemócrata, está demostrando que es la manera más razonable de garantizar la estabilidad política y el éxito de las reformas cuando una sociedad no se pronuncia claramente en una dirección u otra. Pero para eso hace falta liderazgo, visión de Estado y responsabilidad.