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ABC SÁBADO 29 4 2006 63 Toros FERIA DE ABRIL Salvador Cortés se come la Puerta del Príncipe Real Maestranza de Sevilla. Viernes, 28 de abril de 2006. Decimotercera corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Parladé, bien presentados, de muy noble juego, aunque no excesiva duración; destacaron 3 y 6 pero también el 1 y el 4 por el izquierdo; un sobrero de La Dehesilla (2 bis) de gran movilidad. Javier Conde, de negro y oro. Cuatro pinchazos y media estocada. Aviso (bronca) En el cuarto, media estocada atravesada trasera (pitos) El Fandi, de negro y azabache con golpes en oro. Pinchazo y descabello (saludos) En el quinto, estocada atravesada (saludos) Salvador Cortés, de azul marino y oro. Estocada hasta la bola (dos orejas) En el sexto, estocada (dos orejas) Salió a hombros por la Puerta del Príncipe. Se guardó un minuto de silencio por la muerte de Manuel Flores Camará. ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Salió a comerse el mundo y se comió la Puerta del Príncipe. La Puerta del Príncipe viene a ser el mundo. Y en abril, el universo. Hambre de gloria, ganas de ser torero. En resumen, ése fue el planteamiento de Salvador Cortés en la única tarde de la que disponía en la Maestranza después de haber cortado el año pasado dos orejas a un gran toro de Núñez del Cuvillo. Pues si fueron dos entonces, cuatro sumó ayer. Por si acaso. Cuando la gente ve a un tío tan dispuesto, tan atado al suelo, con la muleta por delante, tirándose a matar como si la vida se acabara hoy, se embala. Normal después de tanto conservadurismo y tantas medias tintas. Cortés agarró la estocada de la feria al tercero de la tarde, que rodó como una pelota sin puntilla; y se encunó entre las puntas del sexto para descerrajar a ley la Puerta del Príncipe. Salvador Cortés no es un esteta ni un estilista. Es un torero poderoso con mucha verdad en su muleta. Y así cuajó una faena de tirar mucho del toro, de echar la tela por delante, de correr la mano por abajo. Ligando y mandando. Templando. Cuando a la tercera tanda al toro le costaba más, cambió de mano acertadamente. Naturales hilvanados, con peso específico, al de pecho o a un molinete zurdo. Llegada la hora, la recti- Salvador Cortés sale feliz por la Puerta del Príncipe después de cortar cuatro orejas tud del volapié fue descomunal. Su ejecución y la colocación de la estocada, en todo lo alto, en el mismo hoyo de las agujas. El acero apuntalaba la segunda oreja. Y su efectividad no digamos. No contento ni satisfecho se fue a portagayola para abrasar su último cartucho. Hambre, hambre. La larga cambiada se la tiró por el pitón derecho. El toro se rebotó. La emoción a flor de piel. Los lances a pies juntos. Los tendidos en pie. Apuesta tras apuesta, Salvador Cortés se dejó el toro entero, un cinqueño de preciosas hechuras, serio y bajo. En banderillas ya tomaba el capote con amplitud y desplazamiento holgado, con un tranco de bandera. La distancia y la medida se las cogió Cortés pronto. No tanto el temple en algunos muletazos pelín enganchados. Tres tandas diestras, con un trincherazo, entre tanto, de categoría. La izquierda debió aparecer antes, que cuando surgió estaba el toro apurando su fondo. ¡Qué acierto no picarlo! Se colgó Salvador Cortés de las puntas, y con la taleguilla rota, sin mirarse, abandonó la suerte con el gesto victorioso de haber hundido el acero hasta la bola. Otra vez el acero clave. Otra vez el hambre del querer. Otra vez el gentío entregado respetando la entrega de quien quiere ser, que otros se anunciaron como candidatos al título y se pusieron la banda antes de ser coronados... Mejores toros se han visto que los buenos que le tocaron a Cortés. Buena corrida, por cierto, de Parladé. Lástima del lote que cayó en manos de Javier Conde, que ejerció de paseante. Su primero tuvo prontitud en la arrancada, fijeza, y el juicio sobre su J. M. SERRANO capacidad para humillar se hace imposible ante tanto alivio por arriba. Dos y el de pecho. Dos y el de pecho. ¡Y qué dos! Quiso torear al personal más que al toro. Y el cuarto que se desplazaba por el pitón izquierdo, y Conde de aparcacoches, de aquí para allá, pase usted, déjelo ahí que yo le cojo las llaves. El Fandi se vistió como esos muñecos que se venden a los turistas y se colocan encima del Telefunken, sólo que El Fandi tiene peores hechuras. Un terno negro azabache con golpes y bocamangas de oro desbancó por rotundidad hortera el funesto traje de Morante en Resurrección. El espectáculo, como siempre, se concentró en banderillas, con un sobrero de Pereda de mucha movilidad, a veces descompuesta, con el que no se centró por el derecho, y con un quinto que se desplomó fundido. El mundo del toro despide a Manolo Camará, un apoderado de abolengo ABC CÓRDOBA. El mundo del toro dio ayer su último adiós en Córdoba a Manuel Flores Cubero Manolo Camará miembro de una importante dinastía de apoderados, que falleció el pasado jueves, a los ochenta años, víctima de un infarto de miocardio mientras jugaba al golf en Marbella (Málaga) A su funeral, celebrado en la parroquia cordobesa de San Miguel, acudieron, entre otras personalidades, Emilio Muñoz, Fernando Cepeda y Julio Stuyck. Su muerte ha estremecido al planeta taurino, que le recuerda con añoranza y respeto. Ha sido el último de los grandes declaró Cepeda a Efe. Precisamente Fernando Cepeda fue uno de los toreros a los que apoderó. Era un personaje, algo distinto. Planteaba su trabajo en función de las virtudes o limitaciones que teníamos sus toreros. Y, desde luego, fue siempre partidario de la calidad antes que la cantidad comentó el torero de Gines. Manolo Camará dirigió también las carreras de Paquirri- -durante una década- Francisco Rivera Ordóñez, Emilio Oliva, Finito de Córdoba y Morante de la Puebla. Hijo del grandioso José Flores González (Camará) que llegó a tomar la alternativa y, una vez retirado, fue mentor del mítico Manuel Rodríguez Manolete Después de la muerte del monstruo de Linares, se encargó de las carreras, entre otras, de Litri y Julio Aparicio, con quienes su hijo Manolo empezaría a tener las primeras tareas profesionales. Manolo Camará heredó de su padre la caballerosidad, el equilibrio en el trato y una fina sensibilidad para captar y valorar la verdadera esencia de las personas. De su hermano José, mayor que él y también ya fallecido, aprendió que- -palabras textuales suyas- a partir del trabajo serio y constante, todo se resuelve, y concretamente en el toro llegan los resultados con especial brillantez