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62 SÁBADO 29 4 2006 ABC FIRMAS EN ABC lógico afán, pues lo merece, de alcanzar más vasto ámbito lector. Su peripecia, con los Grapo por medio, hace pensar si el autor eligió esta obra del maestro hamburgués por algo más que por el mero interés musical. Porque cuando Brahms envía la partitura al editor, Fritz Simrock, le sugiere que en la cubierta de la misma reproduzca su cabeza, junto con una pistola. Así- -le dice- -es como usted debería imaginar la música. ¡Le enviaré mi fotografía ¡También debería usted usar un frac azul, pantalones amarillos y altos botines Está aludiendo al Werther goethiano y a su trágico final Werther Quarttette se le ha subtitulado) Brahms acaba de cumplir cuarenta y dos años, y sus relaciones con Clara Schumann- -entonces con cincuenta y seis- -debían de atravesar un mal momento. Mucho se ha escrito sobre tales relaciones, pero quienes conozcan el libro Mi padre Roberto Schumann salido de la pluma de su hija Eugenia, tienen información de primera mano sobre esa amistad verdadera e inamovible, pese a los avatares propios del difícil carácter de Brahms. Como maestro de su formación musical, Eugenia lo llama bondadoso y paciente pero para su trato cotidiano no escatima adjetivos: rudo, brusco... e incluso llega a afirmar que, en ocasiones, hubiérase dicho que le poseía un demonio de ahí que hiciera sufrir, y llorar, a Clara. Mi madre- -escribe Eugenia- -le quería con afecto real y sincero, con todo el ardor de su corazón; su afecto se hubiera podido comparar- -como efectivamente se ha hecho- -con el amor de una madre por su hijo Lo que no está claro es si Brahms amaba a Clara como un hijo a su madre. Y puede que esa fuese la razón de sus malhumorados estallidos. Este cuarteto parece recoger algunas de las manifestaciones de su corazón convulso. Su sombrío primer movimiento- allegro non troppo que figura entre las páginas más densas en emoción escritas por Brahms en palabras de Luigi Rognoni, como el dramático scherzo que le sigue, no enturbian la limpidez de la frase de amor del violoncelo en el andante ni el lirismo del violín en el allegro cómodo final, si bien acabe regresando la atmósfera primera y justificando el título de Cuarteto del Sufrimiento como algunos lo han llamado. Clara pasa por este opus 60 como de puntillas (Clara es también el nombre de uno de los personajes centrales de la novela de Villanueva) dejando tras de sí un rastro de tristeada esperanza. La versión discográfica que poseo de este cuarteto (La Gaia Scienza, Winter Winter) responde a la sugerencia brahmsiana, y luce en su portada el rostro del compositor, con una pistola a modo de antifaz. De su cuidada interpretación, me quedo con el piano de Federica Valli, que se identifica en todo momento con el clima de esta obra, tan singular dentro de la amplia y poderosa producción de su autor. CARLOS MURCIANO ESCRITOR BRAHMS, OPUS 60 Ese segundo movimiento- poco adagio tan brahmsiano en su mezcla de delicadeza y rigor, embridada su pasión pulsátil bajo la forma de gran nocturno es difícil de olvidar D E los tres cuartetos con piano que escribiera Johannes Brahms (opus 25, 26 y 60) reconozco estar más familiarizado con el segundo, en La mayor, a través de una excelente grabación- -que conservo desde 1964- -de The Festival Quartet, con Víctor Babin al piano, el violoncelo de Nikolai Graudan y los violines de William Primrose y Szymon Goldberg. Ese segundo movimiento- poco adagio tan brahmsiano en su mezcla de delicadeza y rigor, embridada su pasión pulsátil bajo la forma de gran nocturno es difícil de olvidar. Compuesto casi al par del que le precede en Sol menor, el opus 26 ha suscitado incesantes comparaciones, en las que los críticos no han llegado a ponerse de acuerdo acerca de las virtudes de uno sobre las del otro. Entre 1860 y 1861, el maestro dio fin a ambos. Contaba, pues, veintisiete, veintiocho años, y su obra, que marcaría un hito en la música universal, estaba ya en marcha. Iban a pasar muchos años antes de que Brahms alumbrara su tercer y último cuarteto con piano, que al parecer había sido ya esbozado en 1855, y que a lo largo de cuatro lustros vio como el autor lo retomaba en distintas ocasiones, hasta culminar su tarea en el verano de 1875; de ahí que, por una parte, parezca conservar un hálito juvenil característico, y, por otra, ponga de relieve la madurez del compositor, que rubricaba su obra rebasados ya los cuarenta años. Hablo de este opus 60 en Do menor, al hilo de la novela de Xosé Manuel Villanueva, Cuarteto con piano que lo toma como punto de referencia. Villanueva la había publicado en gallego en 2003, y tras verterla él mismo al castellano, la ha entregado a la editorial cordobesa Berenice, en un LOLA SANTIAGO ESCRITORA EL ARTE DE LA RENUNCIA ZULOscuroCasiNegro es un estado de ánimo, un futuro incierto, un color. Un color que a veces no reconocemos, que dependiendo bajo qué luz, qué prisma y qué actitud se mire, cambia. Un color que nos recuerda que muchas veces nos equivocamos, y a veces las cosas no son del color que las vemos Estas palabras con las que se abre la película es ya toda una declaración de principios. Esto les sucede también a los personajes del filme... Recuerdo que fui a verla con una amiga y ésta también cayó en algunas de las posturas sostenidas por aquellos. Supongo que era fácil pensar así, todo te inclinaba a ello, incluso anteriores y posteriores filmes. Sólo al final cuando el personaje principal se desdice y aclara, por fin, su punto de vista general, todo parece cambiar. Pero no. Mi amiga sigue empeñada en que lo hace forzado por las circunstancias, no porque vea más claro en el horizonte de su vida. Y ¿qué es esto en lo que respecta a su actitud vital? Ni más ni menos que una aceptación de sus limitaciones. De las del protagonista y de las de todos los miembros familiares y no familiares. Y así, lo que parece un drama con tintes negros nos hace de repente un guiño y toma aire de co- A media y todo se aboca al final a este tono, el cambio de trabajo- -con uniforme nuevo incluido- -aunque no se cambie de estatus, por eso mi amiga quiere seguir afincada en lo sórdido del drama y se niega a pasarse a esta alegría de la comedia, negándose a ver con ojos nuevos como hace Jorge- -el protagonista- -la realidad, y el talante alegre tampoco quiere verlo, a pesar de los hechos: El hermano no ha muerto a manos del padre, no ha resultado ni herido, el amigo se reconcilia con su padre, la novia de ambos hermanos- -de Jorge y Antonio- Paula, tiene ya un niño como era su deseo y lo cría sano y robusto, el padre de Antonio se ha puesto a buenas con su hijo. Esto parece una lectura un poco simple del filme pero no lo es, sólo hay que decir el planteamiento del mismo y nuestro azuloscurocasinegro se completa en todas sus aristas. Jorge ha heredado el trabajo de portero de su padre, una vez que este ha sufrido un ataque- -infarto cerebral- -y se ha quedado disminuido física y psíquicamente. Su hermano Antonio está en la cárcel donde conoce a Paula que quiere tener un hijo, le propone ser el padre y cuando se descubre que no puede serlo, le pide a su hermano que lo sea, con una condición: que no se enamore Jorge sigue estudiando y echa currículo vitae a mansalva. Va de entrevista en entrevista como alma en pena, hasta que se muda a otro trabajo: otra portería y entonces comprende que con un sencillo movimiento se le ha satisfecho la actitud compulsiva de cambiar, que vive bien y que por ahora, de cara al expediente académico, aún limitado, demasiado le da la vida. Y está la azotea y los prismáticos y su amigo de siempre para auscultar la realidad, desde un punto de vista desenfadado, entrañable, como es la juventud, como es Jorge. Pocas veces le veremos rebelarse contra su vida, y si lo hace es para arrepentirse enseguida de su salida de tono, sobretodo cuando se queja- -una vez- de las molestias de su padre enfermo. Buen cine, refrescante y sólido, a la vez, con una excelente fotografía de Juan Carlos Gómez así como un guión muy inteligentemente construido y dirigido con firme pulso por Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) que es autor de cortos con los que ha obtenido numerosos premios. AzulOscuroCasiNegro es su ópera prima. En ella vemos cómo el asumir las limitaciones le lleva a Jorge a un estado de gracia que convierte en un arte, el de pasar del drama a la comedia casi sin que nos demos cuenta, todo aderezado con una sonrisa en la boca y es este giro de 180 grados lo que hace en última instancia del director un malabarista, un maestro en el dominio de los géneros al volver a Jorge, su protagonista, en un maestro- -sin acritud- en el arte de la renuncia.