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66 Espectáculos VIERNES 28 4 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO La segunda película de Mireia Ros llena de rumba el Barrio Chino de Barcelona de los ochenta Ángela Molina y Juan Diego encabezan el reparto de El triunfo que hoy se estrena b La película está basada en una novela de Francisco Casavella, y retrata la transformación de uno de los más emblemáticos lugares de la Ciudad Condal GUILLEM SANS. SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. El triunfo fue una de las escasas aportaciones españolas del último festival de Berlín, adonde acudieron para promocionarla en la sección Panorama, fuera de competición, el equipo de jóvenes actores debutantes, la directora Mireia Ros y Ángela Molina, veterana de un reparto en el que también figura Juan Diego. Basada en una novela de Francisco Casavella, la acción de la película se sitúa en los años ochenta en la jungla de las callejuelas del Barrio Chino de Barcelona, lo que hoy se llama El Raval. Los planes de reestructuración urbanística del barrio, con la moderna rambla que lo atraviesa y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, han transformado en los últimos diez años su fisonomía, sin que hayan desaparecido las zonas marginales. José Luis Guerín, uno de los mayores talentos del cine español, retrató en 2001 esos cambios con su maravillosa película En construcción Destartalado El Chino que nos presenta Mireia Ros estaba mucho más destartalado. Predominaba antes la figura del inmigrante del sur de España, que el tópico pinta con camiseta imperio y navaja en el bolsillo en su versión delincuente, jóvenes sin perspectivas tentados por la heroína; ahora las verduras las venden los marroquíes y proliferan los locutorios regentados por paquistaníes. De los albores de esta evolución da buena cuenta la película, en la que los macarrillas rumbosos que la protagonizan se resignarán, no sin resistencia, a reconocer el signo de los tiempos y aceptar a la nueva turba de extranjeros que va ganando terreno. El Raval ha cambiado también para Ángela Molina, quien ya lo conocía de cuando rodó allí en 1985 Lola de Bigas Luna. Me he pateado mucho Barcelona y la conozco bien explicaba la actriz a un grupo de periodistas en Berlín, pero ahora el barrio lo noté cambiado, con más variedad en los inmigrantes En la película, esos nuevos inmigrantes son los malos. Los de la película son muy hijos de puta- -reconoce Molina- pero hay de todo, no es una película de buenos y malos, sino que simplemente en esta historia en concreto era así Para ella, El triunfo habla de la ceguera máxima que crea lo que uno necesita como ser humano Tras su debut detrás de las cámaras con La Moños (1996) retrato de un personaje de la Barcelona de los años treinta, la actriz Mireia Ros reúne a un elenco de jóvenes actores en este segundo trabajo de dirección. Antonio Fernández Montoya, Farruco, interpreta al protagonista, Nen, que se debate entre el deseo de vengar la muerte de su padre y el de convertirse en un rumbero famoso. Estos conflictos, argumento de rumba de toda la vida, de Gato Pérez o de Peret, tienen en la película su expresión musical en clásicos del género que se combinan con la música callejera que improvisan Nen y sus amigos. Son canciones en las que los problemas de Nen tienen perfecta cabida, conflictos propios de lo que más arriba de los Alpes- -en Berlín, por ejemplo- -se entiende por temperamento del sur. Llevados a su máxima expresión, esos problemas vienen a dar en las esperpénticas rumbas de Albert Pla, en las que un español bajito es capaz de cortarle el pene al negro con el que se ha liado su mujer, incapaz de comprender que su rival amoroso no se haya ganado el favor de la adúltera por el supuesto tamaño de sus atributos, sino porque simplemente es más divertido y mejor persona. Ángela Molina y Juan Diego, en una escena de El triunfo meraremos lo que tiene de interesante la película y, si diera de sí y cupiera, también de lo contrario. Tiene interés verse mover en la escena a Farruco, hermano pequeño de... que no es un actor convincente pero que se agarra a sus cartas, a su jugada (tiene personalidad, presencia y perfil) y forma un buen equipo para darle ritmo al drama, especialmente gracias a la estampa de Cheto actor o bailaor que posee hiperrealismo entre tanto reflejo cóncavo. Tiene interés ver a Marieta Orozco, y Ángela Molina y a Juan Diego amarrados a unos personajes que nos sabemos, pero a los que le ponen su punto camborio Juan Diego está en Corleone y Ángela Molina en Anna Magnani. La relación entre ambos, llena de pasado, de sobrentendidos, de guiños, vendría a ser como la espina del pescado que se recuece en el horno entre venganzas, amoríos, odios, celos y letras envenadas de viejas rumbas. Toda la recreación del mundo aparte en el que ocurre el drama, entre terrados y baretos de barrio, entre callejas y trastiendas, luces imposibles y situaciones iluminadas de igual modo... un universo completamente artificial para representar una realidad muy cierta e imaginable de eso que se llama bajos fondos. Los contrastes son la gasolina de El triunfo y no sólo los obvios entre el bien y el mal, el amor y el odio, el pasado y el presente... también se arrojan al tapete otros como el fracaso, la paternidad, el poder o el peligro de los tontos: los villanos de la historia son profundamente estúpidos... El triunfo pasa rápido por delante de los ojos, y sin ofender, por decirlo de algún modo. También es cierto que le cuesta dejar alguna huella en ese terreno (los celos, los amores con acidez eterna, los rencores... han dejado ya un buen puñado de obras maestras) que quizá le falte algo de osadía, que tenga algún que otro enganchón en el cuerno del tópico y el sentimiento previsto. Y su mejor apuesta la deja, sin duda, en el buen mirar del espectador. El triunfo Amores, celos, tragedias, rumba catalana y lolailo España, 122 m. Director: Mireia Ros Intérpretes: Ángela Molina, Juan Diego, Pep Cruz, Marieta Orozco E. RODRÍGUEZ MARCHANTE a versión calé de Romeo y Julieta, Montescos, Capuletos, Montoyas o Tarantos, se ha visto ya cantada, bailada, dicha y redicha. Lo que ahora hace la directora Mireia Ros, y basándose no en Shakespeare sino en Francisco Casavella, es darle una manita de color local sin que lo local tenga otra geografía que la puramente musical: la rumba... aunque se puede suponer con todas garantías que catalana. Puesto que el espacio es breve, enu- L