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64 Espectáculos VIERNES 28 4 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO BANDA SONORA En la cumbre El duro día a día de lo que se llama amor EE. UU. 98 m. Director: Chris Terrio Intérpretes: Elizabeth Banks, James Marsden, Glenn Close JOSÉ MANUEL CUÉLLAR e mete el joven Terrio en arenas movedizas en el terreno más cruento: Nueva York puro y duro. Historias cotidianas con mucha crudeza dentro, pero también mucha modernidad. Relatos de algunos jóvenes salidos de la universidad y tirados a la fauna neoyorkina para que peleen cual jabatos ante los sablazos que les meten el mercado laboral, las relaciones familiares y, sobre todo, los dardos mortíferos del amor. Todo lo enreda Terrio como si de la vida real se tratara. Ya no basta con las complejas relaciones hombre- mujer. En los últimos tiempos se han metido por medio los bisexuales, que pululan por todos lados y cada vez en mayor cantidad, para que el héroe o heroína en cuestión ya no sólo tenga que estar pendiente de las amenazas de un sexo, sino de las de los dos. Una fauna de sentimientos donde los jóvenes ven como se les va partiendo el corazón trozito a trozito, tanto entre los que violan las normas establecidas de la relación como entre las víctimas de la traición. Todas esas historias menores, pero mayores en sí por su frecuencia, son las que se cuentan en esta película con mucha dosis de crudeza, con jirones de alma que se van desgarrando y cayendo por las alcantarillas de Nueva York a medida que avanza el metraje. Un buen ejercicio de la debilidad de los jóvenes en una gran orbe, expuestos no sólo al egoísmo y voracidad de los demás, sino a la ingenuidad propia. S El libertino Natalie Portman Michael Nyman (Galileo) Zona libre Oriente Medio, asunto de mujeres Israel- Bélgica- Francia- España Dir: Amos Gitai Intérpretes: Natalie Portman, Hanna Laslo, Hiam Abbas FEDERICO MARÍN BELLÓN Amos Gitai, cineasta israelí de oscura filmografía tendente al documental, recurre a una estrella de Hollywood, nacida en Jerusalén, para llevar al mundo su visión del conflicto de Oriente Medio. Su película, pesimista y sosegada, empieza con un primer plano eterno y sin embargo breve sobre el rostro de Natalie Portman, que llora mientras una canción tradicional con un cordero como aparente protagonista lanza un mensaje inequívoco. ¿Hasta dónde durará esta locura? dice el último verso. El personaje de Natalie, construido con retazos de su propia biogra- fía, se halla en el taxi de la espléndida Hanna Laslo, premiada en Cannes, que conduce el filme con brío por un paisaje arruinado, hasta toparse con la no menos fabulosa Hiam Abbas, pata palestina del taburete. La zona libre a la que alude el título es un oasis donde ha florecido el comercio, ajeno a la política, muy cerca de la frontera jordana con Iraq. Estamos pues ante una enorme metáfora, tan transparente como huérfana de respuestas. El lector puede abandonar aquí este comentario, pero no debe preocuparle saber que la cinta termina con la israelita y la palestina enzarzadas en una batalla dialéctica sin fin, con la joven estadounidense mirando hacia otro lado. Cuenta el director que intentó dar el poder a tres mujeres en un mundo de hombres. En algunos sitios, por lo que se ve, no bastan los mejores sentimientos, pero sí el trabajo de tres actrices enormes. Una pena que el papel de Carmen Maura, con todas las trazas de haber sido recortado, no le permitiera lucirse con ellas. n los últimos años, Michael Nyman parece haber dejado atrás sus veleidades cultistas y ahora se despacha, casi con exclusividad, en el género que más satisfacciones y prestigio le ha proporcionado: el de las bandas sonoras de filmes. El último de estos trabajos ilustra la historia que el realizador británico Laurence Dunmore describe en la película El libertino Un preparado camerístico en el que Nyman persigue el clímax desconcertante que caracteriza la historia de un poeta arrogante y hedonista que vivió en la Inglaterra del siglo XVII. El intimismo de la melodía dicha por una pequeña orquesta de cuerda convive con la filosofía del relato y éste, a su vez, con el rosario de ambientaciones sonoras que Nyman propone. Sólo alguna que otra fanfarria barroca desequilibra el tono comedido de esta partitura próxima a la creación de Arvo Pärt, y autónoma en su escucha, como ya es habitual en el compositor británico. Buena hechura la del lied Rochester s farewell Gustará, sobre todo, a los incondicionales. L. M. E