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4 Opinión VIERNES 28 4 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL FUTURO DEL REAL MADRID E EL REVISIONISMO COMO REVANCHA L Congreso de los Diputados aprobó ayer una proposición de ley presentada por Izquierda Unida, y apoyada por el PSOE, para declarar 2006 como año de la Memoria Histórica en homenaje y reconocimiento a la Segunda República que es calificada como el primer régimen realmente democrático de nuestra historia y antecedente directo del actual Estado social y democrático de Derecho y del sistema autonómico establecido por la Constitución de 1978 De esta forma, cobra carácter de rango parlamentario lo que hasta ahora habían sido extravagancias marginales de una extrema izquierda también marginal e incursiones historicistas insolventes a cargo del presidente del Gobierno. El salto político que representa la votación favorable a esta proposición es, por tanto, imputable, de forma directa, al Gobierno socialista y al PSOE. La exaltación republicana que ayer se consumó en el Congreso se está basando, efectivamente, en la memoria, pero no en la Historia; en el reflujo ácido de una izquierda que se ha desvinculado de los valores de la Transición, del respeto a los principios políticos del Estado y del apego a la verdad histórica. El empeño de la izquierda en trazar una línea de continuidad entre el régimen republicano de 1931 y el régimen democrático de 1978, obviando la Monarquía parlamentaria, implica la renuncia previa a asumir el compromiso de reconciliación nacional que se cerró a partir de 1977, con el advenimiento de una democracia cuyo éxito se debe a haber configurado un modelo de convivencia que nada tuvo que ver con el que implantó la República. Incluso a pesar de aquellos republicanos, de izquierda y derecha, patriotas de buena fe, que pronto se sumieron en la decepción. Aquel régimen, que se estrenó cerrando medios de comunicación- -entre ellos, ABC- -y quemando iglesias y conventos, y que agonizó desde su inicio, entre golpes de Estado, revoluciones antidemocráticas e intentonas separatistas, no será nunca el precedente de la España democrática de 1978. Y en lo que podría serlo- -definición de Estado integral, protección del castellano como idioma oficial- el propio Gobierno y sus socios se están encargando de que no lo sea. Quizá el PSOE y la coalición revisionista que lidera pre- E tendan que la II República sea precedente de otra cosa, de una nueva etapa política cuya inauguración requiere un proceso previo de deslegitimación del actual sistema constitucional en todo lo que no responda al designio republicano que quiere imprimirle la izquierda. Y ahí cobraría todo valor el propósito rupturista del nuevo Estatuto catalán, la generación de identidades nacionales y la aplicación a la sociedad de un tratamiento de choque laicista y sectario. Lo peor de toda esta campaña auspiciada por el Gobierno y el PSOE, con el concurso ancilar de Izquierda Unida y sus socios ultranacionalistas, no es sólo el desprecio por el fundamento de la Constitución- -la Transición sin ruptura de la dictadura a la democracia- sino también la inoculación de un espíritu revanchista en una sociedad ajena- -por edad y, sobre todo, por intereses vitales- -a aquel pasado. El viaje de vuelta de la izquierda no acaba en 1978, sino en 1931, y esto es poner a la sociedad española en un trance muy peligroso, por más que estas iniciativas se revistan de falsos anhelos de justicia histórica. No se extrañe el presidente del Gobierno de que cada vez sean más los que piensan que su proyecto político para España es un cambio de régimen, que empiece por el modelo territorial y siga por la deslegitimación política de la Monarquía parlamentaria. El único antecedente cierto de la Constitución de 1978 fue la libre voluntad de los españoles de no cometer los terribles errores del pasado y confiar su gobierno a un principio democrático bajo la garantía de la Corona, institución nacional que simboliza la unidad y permanencia del Estado. Tanto las manifestaciones públicas del presidente del Gobierno como esta revancha aprobada ayer en el Congreso de los Diputados encierran una profunda ingratitud hacia el papel histórico de Don Juan Carlos y a su aportación decisiva a la estabilidad democrática de España, negada cicateramente incluso en la resolución de la Cámara baja sobre el aniversario del 23- F. Y tampoco se extrañe el presidente de que, abierta la caja de la memoria histórica, se descubra que tal memoria la tienen más de los que desearía esta izquierda irresponsable y revanchista. OTEGI Y LA FISCALÍA L portavoz de la ilegal y suspendida Batasuna, Arnaldo Otegi, añadió ayer una tercera condena a su ya amplio expediente delictivo. La Audiencia Nacional le declaró autor de un delito de enaltecimiento del terrorismo, cometido durante un acto de homenaje al histórico etarra José Miguel Beñarán Ordenaña, Argala por el que se le imponen las penas de quince meses de prisión y más de siete años de inhabilitación. Previamente, en 1991, fue condenado por colaborar en el secuestro de un industrial, y en 2005, por injuriar al Rey, hallándose suspendida la condena en este segundo caso. Todo un expediente. La Fiscalía ya ha anunciado que no pedirá el ingreso de Otegi en prisión, algo paradójico después de haber pedido que se le condenara a pena de cárcel, pero coherente con el aprecio del fiscal general del Estado por el principio de oportunidad política para aplicar la ley. Es posible que, con la ley procesal en la mano, existan interpretaciones diversas sobre si debe o no ejecutarse esta sentencia antes de que sea firme, lo que sólo sucederá después de que la confirme el Tribunal Supremo, en caso de que Otegi recurra en casación. Pero no E cabe duda de que Otegi debe entrar en prisión porque es un delincuente habitual, y no va a ser de mejor condición que otrosdelincuentes por elhecho de ser el portavoz de una organización terrorista supuestamente en tregua. Con las condenas impuestas hasta el momento suma más de dos años de cárcel y el riesgo de que se fugue es, objetivamente, mayor, lo que podría ser considerado en el sumario que tramita el juez Grande- Marlaska como una variación de las condiciones en las que se decretó su libertad bajo fianza, y, en todo caso, para resolver la autorización que el dirigente batasuno ha dirigido a este juez para viajar a Dublín. Sea cual sea el futuro judicial inmediato de Otegi, lo cierto es que se trata de un apologista de ETA, y quien ostenta tal condición no puede ser arropado por declaraciones políticas de un Gobierno que tiene el deber de seguir persiguiendo a esa banda terrorista. A Otegi se le ha aplicado la ley teniendo en cuanto lo que dice la ley y las circunstancias del momento, como arguyen los que abogan por seducir a los jueces con la tregua etarra. Porque la circunstancia de Otegi es ETA y su legado de casi mil muertos, no la paz. L Real Madrid es un club de fútbol, pero no un club cualquiera. Hace unos años la FIFA le nominó como el mejor de una historia centenaria, y, recientemente la consultora Deloitte lo calificó como el club con mayor capacidad para generar ingresos, algo así como el más rico del mundo. Todo eso es cierto, como lo es la lamentable situación a la que le ha conducido una crisis en su dirección, acreditada por el hecho de que este año pasarán cuatro personas distintas por la presidencia del club, un cargo representativo y ejecutivo, ya que los actuales estatutos de la sociedad deportiva otorgan amplios poderes a su presidente, aunque no suficientes como para ir contra una mayoría cualificada de su junta directiva. Florentino Pérez llegó a la presidencia del club tras unas elecciones competidas y con amplia participación en 1999. Llegó con un proyecto empresarial consistente y con recursos y capacidad para transformar la vieja Ciudad Deportiva de la Castellana (una de las herencias de Bernabéu) en un gran emporio inmobiliario y en otra ciudad deportiva para el siglo XXI en la periferia de Madrid. La empresa Real Madrid que dejó Florentino Pérez hace dos meses, cuando constató que no podía gestionar las estrellas que él mismo había contratado, ha desbordado todo lo anterior. Con un presupuesto de 300 millones de euros, la mitad de ellos ingresos comerciales fruto de la explotación de la marca, el Real Madrid es más que una sociedad deportiva, es una industria del entretenimiento con impacto mundial, millones de seguidores y una capacidad prescriptora sin igual. Es una de las marcas más reconocidas, identificadas y valoradas, incluso con malos resultados deportivos. El artífice de esa transformación se estrelló con el banquillo y, decepcionado, cedió el paso a otra persona de su equipo para que, más avisada y menos comprometida, lograra lo que él no pudo. Pero sobre Fernando Martín siempre rondó la sombra de Pérez. Y eso ha ayudado a que el sucesor no haya estado a la altura de la exigencia y a que haya protagonizado 70 días decepcionantes que han agrandado la crisis. Por todo ello, es hora de decisiones radicales y urgentes, de convocar a los socios a unas elecciones tan abiertas como inciertas que traigan un nuevo presidente y un equipo de gestión capaz de reinventar el proyecto deportivo, y además consolidar la realidad empresarial de un club que es una empresa global con enorme potencial y capacidades. El Real Madrid, como los otros grandes clubes, es una realidad y una finalidad en sí mismo y fracasa cuando se convierte en instrumento de otros intereses y objetivos de sus ocasionales dirigentes. Ahora son los socios los que tienen la oportunidad de elegir una nueva directiva solvente y capaz. La marca Real Madrid es potente, trasciende a la propia entidad y afecta incluso al valor de la marca España, entre otras razones porque, efectivamente, es más que un club de fútbol. Pero sobre todo ha de ser un club de fútbol. Y cargado de una historia deslumbrante, un intangible que pesa y vale tanto como para que su custodia sea más esmerada.