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64 MARTES 25 4 2006 ABC Toros FERIA DE SEVILLA ZARAGOZA La corrida de Cuadri se le atragantó a los toreros Plaza de toros de la Misericordia. Lunes, 24 de abril de 2006. Última corrida de la Feria de San Jorge. Casi media entrada. Toros de Cuadri, el 5 como sobrero, cinqueños, serios, pesados y complicados, aunque 1 5 y 6 merecieron mejor trato. Juan José Padilla, de nazareno y oro. Estocada corta y nueve descabellos. Aviso (silencio) En el cuarto, cuatro pinchazos y tres descabellos (silencio) Luis Miguel Encabo, de blanco y plata. Media atravesada y descabello (silencio) En el quinto, media estocada atravesada y dos descabellos (pitos) Eduardo Dávila Miura, de grana y oro. Cuatro descabellos y estocada atravesada (pitos) En el sexto, dos pinchazos, media y tres descabellos. Aviso (pitos) Morante se retrae en el burladero de capotes ante el derrote en la madera de un torrestrella DÍAZ JAPÓN Y a Morante se le fue abril ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Y a Morante se le fue abril. A Morante se le ha marchitado la feria entre las manos, la plaza y la ilusión. O inviertan el orden: la ilusión, la plaza y la feria se le han caído de las manos. Se le han escapado mientras se desperezaba del gesto mohíno, de la duermevela displicente, y se desvestía del luctuoso terno del Domingo de Resurrección que le ha empapado el ánimo. Cuando Morante de la Puebla ha querido salir de la trinchera, ya ha sido tarde. Cuando se ha estirado a la verónica y ha desempolvado la seda de su toreo, el peso de tres tardes se le ha vencido a plomo sobre la espalda. Y cuando se apagaba el quinto de Torrestrella el silencio de la Maestranza enterraba la esperanza. El manojo de lances que atravesaron el tercio, desprendiéndose de las tablas que tanto ha buscado en seis toros, seis, no compensan la desgana y la falta de ambición. Abril esperaba con los brazos abiertos a Morante. El duelo se planteaba con El Cid. Ése era el reto. Y Morante ni siquiera ha abierto el estuche de las armas. Se podrá hablar ahora de que si la suerte le ha sido esquiva, que si los sorteos, la fortuna... La suerte hay que salir a buscarla. Problema de actitud, de creerse algo que aún no es y tal vez nunca lo haya sido: el heredero. Porque para ver las posibilidades de heredar el cetro de Curro Romero, saltémonos los años y transportemos a Curro a la edad de Morante. A Curro en Sevilla y a Curro en Madrid. El derrotismo es pésimo compañero de viaje, y yo hoy no quiero ser tremendamente derrotis- Real Maestranza de Sevilla. Lunes, 24 de abril de 2006. Novena corrida. No hay billetes Toros de Torrestrella, amplísimos y grandes los tres primeros- -por encima de los 600 kilos- normales 4 y 5 e impresentable el 6 que por juego fue el mejor junto con el 3 dentro de un conjunto de buen fondo pero escaso; el 2 fue el peor; el 5 el más astifino, se apagó. Finito de Córdoba, de berenjena y oro. Pinchazo hondo (silencio) En el cuarto, pinchazo hondo y descabello (pitos) Morante de la Puebla, de blanco y azabache. Pinchazo y media (bronca) En el quinto, pinchazo y cinco descabellos (palmas) Salvador Vega, de grana y oro. Dos pinchazos y estocada baja (saludos) En el sexto, media caída. Aviso (silencio) ta, porque he visto al de La Puebla en Valencia explicar el inexplicable toreo de los genios por octubre, y también he contemplado en marzo hacer la fantasía realidad. Pero tenía que ser en abril y en Sevilla. O deberá serlo en mayo y en Madrid. El toreo ha cambiado mucho, pero no tanto. A Madrid y Sevilla me refiero. A su peso en la historia. A su relevancia. A su influencia. De cualquier manera, hay cosas que no se entienden. Y yo no entiendo la selección de esos tres primeros toros de Torrestrella de honda fisionomía, anchos pechos, volumen gigante y peso abrumador. Como, por causas opuestamente contrarias, muchos pitones y tristes carnes, no se asimilan aún los toros de Núñez del Cuvillo de Resurrección. La corrida de Torrestrella fue como dos en una. Los tres mencionados de seiscientos y pico kilos y los tres restantes más normales. Bueno, el sexto de normalidad no tenía nada, que era un toro escurrido y lavado de cara. Después, de fondo, la corrida contuvo poco. O sea buen fondo pero no mucho. Claro que a la hora de poner pegas más vale fijar el objetivo en los toreros: cualquiera de los tres tiene menos que los torrestrellas. Resultó el mencionado último el mejor. Lo que pasa es que Salvador Vega se ha olvidado de torear. Antes al menos apuntaba y no disparaba; ahora no apunta nada. Todo le sale deslavazado, casi pretende expulsar a los toros de la muleta antes de embarcarlos, los desplaza, no se cruza, se amontona, no se gusta... Antes buscaba en formas un cierto acercamiento a Morante; ahora Dios sabrá a quién pretende parecerse. Se vio favorecido por el efecto rebote del cabreo contra Morante, que se había aliviado con un toro chato y amplísimo, bruto como él solo, y aprovechó las alegrías del público. Toreó a la verónica con la mano muy alta, con la oreja metida en la hombrera. Y con la muleta no se centró. Fue de acá para allá para extraer escasos muletazos salvables. A Finito se le ha dicho tanto y tan malo, y sigue en todas las ferias, que causa desaliento hacerle crítica alguna. Se sitúa para destorear, cita con la cacha, esconde la pierna de salida. Algunas verónicas, sí, ¿y qué? Fondón y a menos su suave primero y desplazándose con largura el cuarto por el izquierdo. Sin motor, vale. ¿Y si les ponemos motor en qué cambia Finito? Morante se despidió queriendo. Pero quiso demasiado tarde. Y se le fue abril entre los dedos. Á. G. ABAD ZARAGOZA. Corrida seria, honda, con mucha romana, de los Hijos de Celestino Cuadri. Corrida dura y complicada, pero no tanto como hicieron ver los tres matadores y la mayor parte de sus correspondientes cuadrillas, que ofrecieron una penosa imagen al verse incapaces tanto de resolver los problemas como de acertar ante las bondades de los astados, que también las hubo. Muy mal lidiados, masacrados en varas, cundió entre los coletudos una sensación de que aquello era la guerra. De ahí las prevenciones, las dudas y los agobios. De ahí que nadie se decidiera a dar un paso adelante, a meterse de verdad con la corrida, a lidiar cuando había que hacerlo y a torear en su momento. Padilla, bien en el tercio de banderillas compartido con Encabo en el primero, no se dio coba con la muleta, y eso que comenzó la faena entregado con las rodillas en tierra. Un espejismo, porque ya de pie se mantuvo siempre citando donde no debía, escupiendo siempre las embestidas, y así todo quedó en nada. Con el cuarto, un mastodonte de setecientos kilos al que le dieron muy fuerte en varas, labor de puro trámite. Luis Miguel Encabo se enfrentó al garbanzo negro de la tarde: el peligroso segundo, que buscaba sin pudor el cuerpo del torero con los dos pitones. Por contra, el sobrero que hizo quinto embestía con largura por el lado izquierdo. Había que exponer y querer; y Encabo se movió más de la cuenta con un resultado presidido por el desajuste. El público se enfadó porque vio las opciones que le ofrecía el astado. Y también se enfadaron con Dávila Miura, que transmitió impotencia. Aperreado con el capote y desbordado con la muleta, el sevillano no dejó ver al tercero y estuvo desconfiado más de la cuenta con el sexto, uno de los que se dejó.