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62 Cultura MARTES 25 4 2006 ABC Julio Bocca incluye varias ciudades españolas en su gira de despedida de los escenarios El bailarín argentino estará en agosto en el Liceo de Barcelona y bailará en Madrid en el año 2007 gustado- -dijo el artista ayer en Barcelona- -debutar en el Teatro Real, y les propusimos hacer allí Manon pero en el Real no me quieren PABLO MELÉNDEZ- H. BARCELONA. Julio Bocca convocó ayer a la prensa de la capital catalana para anunciar las actuaciones que realizará junto a su Ballet Argentino en el Liceo entre el 2 y el 6 de agosto, parte fundamental de su gira mundial de despedida de los escenarios que comenzó hace un año en Estados Unidos y que en estos meses continúa por Europa. No volveré a actuar más en las temporadas de los teatros, pero antes de retirarme quería volver a actuar en el Liceo, donde he actuado tres veces apuntó Bocca con una sonrisa algo nerviosa. Es que, afirmó, despedirse no es una broma. Mi psicólogo, al que he vuelto después de años, me dice que retirarse es como enterrar a un muerto, algo de lo que comencé a tomar conciencia en la gira americana. Sabía b Me habría que bailaba en ciudades a las que nunca volvería En el debut con su compañía en el Liceo- -en funciones fuera de abono y ajenas a la programación oficial del Gran Teatro- Bocca apuesta por un poco de todo: Traemos el paso a dos de Don Quijote El hombre de la corbata roja que ya hemos bailado en Madrid, y una comedia de Les Luthiers, El lago encantado una coreografía de danza clásica pura de Lidia Segni, de 20 minutos, que estrenaremos en España en esa ocasión. Es una comedia muy divertida En esta gira del adiós, Bocca y su compañía también actuarán en Palma de Mallorca, Gijón y Murcia, porque para Madrid se guarda para una despedida doble, primero en febrero para estrenar en el Albéniz Adiós hermano cruel y más tarde, en el verano de 2007, cuando volvamos al Conde Duque en los Veranos de la Villa Eso será unos meses antes de que Bocca cuelgue las zapatillas de manera definitiva el 22 de diciembre de 2007, cuando ya tenga 40 años cumplidos. Me habría gustado debutar en el Teatro Real, al que, como al Liceo, le Julio Bocca, ayer, en el Liceo barcelonés propusimos hacer Manon que es la obra con que me despediré del American Ballet de Nueva York el 22 de junio. Pero en el Real no me quieren Bocca también puntualizó que sus 25 años de carrera, por el momento, le son suficientes. Quiero terminar bien, no caminando sobre el escenario. Respeto a otros que, como Barishnikov, continúan de mayores, pero no es lo mío. Prefiero retirarme a tiempo. Tampoco sé si comenzar una carrera como actor, porque primero quiero no hacer nada y descansar. Y como coreógrafo ni siquiera me lo planteo porque no tengo suficiente imaginación En el aire queda el futuro de su compañía; EFE si no bailo yo, no nos contratan, o sea que no sé qué pasará con esto. Pero ya habrá tiempo para pensarlo Bocca no pudo evitar referirse a la situación de la danza clásica en España y en el mundo. Ya no hay coreógrafos nuevos interesantes, ni bailarines que vayan más allá del personaje. Además me da mucha lástima que el Real o el Liceo no tengan una compañía estable, sabiendo que España da muy buenos bailarines que están bailando en las mejores compañías del mundo. No llego a entenderlo. El Ballet Nacional de España iba por ese camino, pero todo cambió con las ideas de Nacho Duato CLÁSICA Ibermúsica Schoenberg: Pelléas et Mélisande Mahler: Sinfonía núm. 4 Intérpretes: J. Banse. Joven Orquesta Gustav Mahler. Director: Claudio Abbado. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 24- IV OBRAS BELLAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE E l director Claudio Abbado ha sido siempre hombre de pocas palabras. Y aún así amigo de la dialéctica: Habla sin boca, decía Casiodoro de la música, pero prevalece para imperar y señorearse de los sentidos Sin duda, Abbado prefiere la acción. En los primeros años, junto a Nono y Pollini, enseñando a escuchar en fábricas, escuelas y talleres; ya veterano, y al lado de José Antonio Abreu, demostrando que al lado de la música cabe la educación para más de 240.000 jóvenes de Cuba y Venezuela. Crítico con el sistema, orgulloso de un pensamiento amasado al lado de la izquierda italiana y que aún tiene horizonte, Abbado merecía, como pocos, el Premio a la Integración de las Artes y la Educación J. DE LAFUENTE Claudio Abbado saluda a Paloma O Shea, en presencia de la Infanta Doña Margarita, tras la entrega al director de orquesta del premio Yehudi Menuhin que acaba entregarle la Fundación Albéniz. Lo recibió tras el concierto con la Joven Orquesta Gustav Mahler, una más de las hazañas conseguidas a lo largo de una vida inteligente, en la que ha sabido servirse de las condiciones del entorno para poner en práctica sus proyectos. Por eso, sobre el podio, al Abbado de ahora se le ve satisfecho, liberado de cualquier protagonismo. Es así en el momento de los saludos, mientras le- vanta una y otra vez a sus músicos, e incluso al final, cuando los aplausos le obligan a salir de nuevo al escenario ya vacío. Y lo es porque lo importante no es el mito, sino la fuerza que a través de él se reconduce. El choque entre la veteranía y la juventud, y esa forma tan poco habitual de amasar la música. La manera en la que una obra tan compleja como Pelléas et Mélisande de Schoenberg se regenera, extiende, respira y ensancha en un discurso que parece no encontrar el final. O el perfil en el que esa otra, más inocente, que es la Cuarta sinfonía de Mahler, surge como obra bella se adentra en sutiles cambios de tempo en acentos claros y nunca violentos, y acaba perdiéndose en medias voces llenas de encanto, dichas con una meridionalidad y una afinación verdaderamente emocionante. Oír a Abbado, verle dirigir, es aprender. Especialmente ahora que ha estrechado la figura y la mano izquierda se eleva por encima del cuerpo llevando la música en volandas mientras la derecha apenas apunta el compás. Y, sin embargo, todo está ahí, medido, ajustado, comprendido por la orquesta y comprensible para todos. No es de extrañar que el maestro Abbado hable poco. Sobre todo hoy, que sobra tanta verborrea y hacen tanta falta hombres como él.