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ABC MARTES 25 4 2006 Nacional 17 Guerra cuestiona la contagiosa fiebre reformadora de la estructura territorial Resulta pintoresco que llevemos 500 años preguntándonos quiénes somos b Advierte de que la historia constitucional española no invita a experiencias que no estén bien apoyadas en un consenso político y social G. LÓPEZ ALBA MADRID. Alfonso Guerra ha puesto por escrito sus reparos a los Estatutos de autonomía de nueva planta y a las reformas de la Constitución planteadas por el Gobierno en la introducción del libro que, bajo el título Reformas territoriales recopila las reflexiones que una treintena de expertos realizaron en un seminario celebrado a puerta cerrada en marzo de 2005, organizado por la Fundación Pablo Iglesias, que él mismo preside. A partir del juicio de que el Estado de las Autonomías diseñado por la Constitución de 1978 ha producido una descentralización que supera a muchos Estados federales clásicos y que ha funcionado correctamente -sin ignorar por ello algunas deficiencias el ex vicepresidente del Gobierno y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso sostiene que resulta muy difícil de explicar (y justificar) la contagiosa fiebre reformadora del sistema que estamos padeciendo en los últimos tiempos Guerra hace esta consideración al abordar las reformas constitucionales a través de los Estatutos a propósito de los que subraya que no nos encontramos ante una reforma de los Estatutos, sino ante la elaboración de Estatutos de nueva planta Con la precisión de que sus juicios se basan en las propuestas de reforma en curso -previsiblemente anteriores a la aprobación del nuevo Estatuto catalán por el Pleno del Congreso, aunque su texto no tiene fecha- expresa su rechazo a pretensiones como el blindaje de competencias la modificación de leyes orgánicas a través de los Estatutos o la administración única por entender que vulneran la Constitución. Entre la insolvencia y lo melancólico Sin oponerse a ellas, también detalla diversos reparos a las reformas de la Constitución planteadas por el Gobierno, con la advertencia de que la historia constitucional española no invita a experiencias que no estén bien apoyadas en un consenso político y social para concluir que si no se cuenta con un acuerdo muy amplio, resulta preferible convivir con lo que cada uno considera una redacción mejorable que embarcar al país en una dinámica de enfrentamientos semejantes a los que han caracterizado a nuestra convulsa historia Tomando como pie el debate abierto en torno a la pretensión de algunas fuerzas políticas o gobiernos autónomos de calificar en el texto constitucional a sus respectivas Comunidades Autónomas como nacionalidad nación o comunidad nacional afirma que resulta pintoresco que lo españoles llevemos quinientos años preguntándonos quiénes somos Y añade: Tal diseminación de definiciones, a nivel interno, sólo aporta confusión y polémicas innecesarias, y, más allá de nuestras fronteras, es una muestra de insolvencia que no nos deberíamos permitir. A título de ejemplo, valga lo que ha sucedido con la posición que ha pasada a ocupar el castellano en la Unión Europea, mientras dedicábamos nuestro esfuerzo Alfonso Guerra ERNESTO AGUDO melancólico a defender la oficialidad del catalán, el gallego y el euskera en la propia Unión La prohibición de federaciones Aunque, obviamente, no hace mención directa a la polémica resucitada en las últimas fechas sobre una hipotética federación entre el País Vasco y Navarra, el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso señala que no considero necesario, conveniente, ni posible la supresión del artículo 145 de la Constitución, que dice: En ningún caso se admitirá la federación de Comunidades Autónomas