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ABC LUNES 24 4 2006 Cultura 53 FERIA DE ABRIL LAS VENTAS Novilleros burócratas Monumental de las Ventas. Domingo, 23 de abril de 2006. Un cuarto de entrada. Novillos de Hato Blanco, desiguales; los mejores el 1 que manseó, y el 6 cumplieron 2 y 3 deslucido el resto. Canito, de azul pavo y oro. Pinchazo (silencio) En el cuarto, estocada baja (silencio) El Arqueño, de grosella y oro. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio) En el quinto, media estocada (silencio) Sergio Serrano, de rosa y oro. Pinchazo y estocada tendida (petición de oreja y saludos) En el sexto, pinchazo, estocada contraria y tres descabellos (palmas) JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES MADRID. Novilleros que parecían cumplir una obligación. El mejor librado fue Sergio Serrano, que vio lo mal que picaban al tercero, que llegó con poca fuerza al trance final. El de Albacete realizó una faena corajuda, pero sin transmisión suficiente. Mayor enjundia hubo en dos pases de pecho y se vio arranque en un rodillazo. No entiendo por qué le pidieron la oreja, aunque se mostrase de lo más voluntarioso. El sexto fue bien a la flámula y, esta vez, Serrano le pegó muletazos suaves, acabados y de muleta tersa. Mediada la faena, destacó una ronda diestra verdaderamente lograda. Se desvaneció el conjunto en el epílogo, máxime por el fallo con las armas toricidas. Manseó de salida el que rompió plaza. Su huida natural la arregló Canito sacándoselo para las afueras, ganando terreno en cada lance para que el burel olvidara las querencias. Galleó al llevarlo al caballo. La res, que flojeó tras la primera vara, se recuperó luego. Lo pasó por el lado derecho con buen gusto, pero bajó el nivel a medida que transcurría el trasteo, pues no se acopló con la zurda y sólo se le vio entusiasmo al regresar a la otra mano. En el trance último degolló al morlaco. Se tuvo que tirar al suelo en el cuarto para no ser arrollado al ejecutar una larga. El novillo saltó por encima y el espada quedó estático. La faena de muleta resultó incolora, anodina e insípida. Siempre remató para arriba, cuando el toreo se hace para abajo. Con una larga de rodillas recibió El Arqueño a su primero, luciéndose en las verónicas posteriores y cumpliendo simplemente en el quite de turno. Hizo una labor con buenos propósitos y deseos, de buenas formas, pero excesivamente burocrática, mal persistente en el toreo actual. Se coló el quinto en una de las verónicas preliminares de El Arqueño. Sin más que contar en el primer tercio, empezó el final a la defensiva. Después se centró más, aunque en idéntico plan tecnócrata que con el novillo anterior. Con esfuerzo, pero sin bagaje. Mitin del puntillero, que diluyó lo que pudo haber de positivo. El Fandi aguarda la muerte del quinto toro, cuya lidia se había suspendido por el fuerte aguacero EFE Una tromba de agua y granizo obligó a suspender la corrida en el quinto toro ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Las nubes negras se desplomaron en una tromba de lluvia y granizo antes de que saliese el quinto toro. Caía el agua como una plaga del Antiguo Testamento. Agua de piedra. Ya llovía. Pero una cosa es llover y otra lo de ayer. Hubo tiempo para que se frenase la salida del toro... Si las comunicaciones en las plazas de toros funcionasen como deberían en el siglo XXI. O los reflejos de los hombres de hoy: el presidente no reaccionó. O reaccionó a destiempo. Después del tercio de varas ordenó la suspensión, a pesar de que Jesulín de Ubrique, como director de lidia, se lo solicitaba desde antes, mucho antes. Antes de que el toro saltase a la arena. Jesulín hacía aspavientos al palco, como enseñando con las manos la laguna del ruedo. ¡No hay forma de que las conexiones funcionen entre profesionales y autoridades de distinta manera! ¡No existe un delegado en el callejón como emisario! ¡No puede haber un puñetero walkie entre la presidencia y los torileros! Oiga, espere, no abra el portón, a ver si escampa Así de sencillo. Una historia es que la fiesta de los toros sea ancestral, atávica, rito y ceremonia, y otra es que vivamos en el tercer mundo. Total, que salió el toro, y, una vez que había salido, El Fandi quería matarlo contra todo argumento razonable, contra el director de lidia, contra el usía de efectos retardados. Contra toda razón, menos una: que estaba en su Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 23 de abril de 2006. Octava corrida. Casi lleno. Toros de El Torreón, muy desiguales de presentación y bajos de casta y bravura; se salvó el grandón 1 Jesulín de Ubrique, de gris plomo y oro. Pinchazo y estocada baja (silencio) En el cuarto, estocada baja y descabello (silencio) El Fandi, de rioja y oro. Estocada atravesada que hace guardia y descabello (silencio) En el quinto, estocada atravesada (silencio) Serafín Marín, de rioja y oro. Media estocada (silencio) derecho de hacerlo. Una temeridad, cierto. Pero haberla evitado antes. Porque temeridad ya fue sacar el pañuelo blanco. ¿O no? Se picó al toro. Surgieron discusiones. Encabezonamiento de Fandila y responsabilidad de Jesulín. Dimes y diretes para que al final, como un árbitro, el presidente señalase con los brazos que allí no se seguía ni con la cuestión ni con la corrida. Fandi, montera calada y gesto contrariado, muleteó de aliño sin tercio de banderillas de por medio. Imposible era, salvo en barcaza o zodiac de contrabando. Abrevió, cazó la estocada y adiós muy buenas. La tromba no paró. Fue la noticia. Un periodista sin noticia no es nada, y la tarde hasta entonces no había dado ni para un titular. Ya cuando llovía en el cuarto dos hombres la emprendieron a paraguazos, como en el trágico cuadro de Goya, la vieja y eterna España rompiéndose la madre, la España ya rota por los políticos, la política y la cobardía. Jesulín acabó sin despeinarse con un toro bajo de casta, que fue la tónica del sexteto de El Torreón. Tampoco se le escapó un mechón con el grandón primero. Grande y alto. Casi a su escala. Buen toro sin embargo. De justa duración, sí, pero para usar menos el pico y el muletón. Para ajustarse más pese al volumen. Fandi deleitó a la parroquia con las banderillas, y la verdad es que anduvo lejos de sí mismo. El pasodoble de Nerva merecía más. El solo de clarinete, los vencejos, la veleta que marcaba que de Huelva venía el diluvio. Tres pares traseros coreados por público de domingo. Ni el cuarteo, ni la moviola ni el violín. Voluntad y facultades como buques insignias de su actuación. El toro jabonero de El Torreón se movió un poco, a su aire sobre la derecha de Fandila, una serie exactamente, y se desfondó a plomo. El espadazo asomó, de tan atravesado, por el costillar. Silencio profundo al terminar. Serafín Marín quiso ponerse pronto a torear con el capote, como suele. No le dio opciones el manso toro, que se rajó desde el principio de faena. Entonces empezó a llover, a tronar, luego a granizar, dos a pelearse bajo los relámpagos encendidos... Y se extendió la noche como un manto de pedrisco sobre la ciudad vacía y navegable. La ficha técnica se ha borrado del cuaderno entre churretones de tinta, lágrimas azules que no traen, al fin y al cabo, ningún recuerdo. Sólo la lluvia en el papel.