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ABC LUNES 24 4 2006 Cultura 51 AITANA SÁNCHEZ- GIJÓN Actriz FLAMENCO Festival por Tarantos Cante: José Mercé, Antonia Contreras y Sonia Miranda. Guitarras: Moraíto, Chaparro de Málaga y Miguel Angel Cortés. Lugar: Auditorio del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista, Madrid. Fecha: 21- IV El teatro es para mí una prueba de valentía, en él mido mi arrojo Aitana Sánchez- Gijón vuelve esta semana a los escenarios de la mano del Centro Dramático Nacional. Cruel y tierno del británico Martin Crimp, es el nuevo reto que se ha impuesto la actriz, para quien el teatro es al tiempo gozo y sufrimiento TEXTO: JULIO BRAVO FOTO: ABC LA LECCIÓN DE CANTE JONDO DE JOSÉ MERCÉ MANUEL RÍOS RUIZ ¿Qué tiene el teatro de especial para usted? -Tiene, en primer lugar, el proceso de trabajo; ese período de seis meses que en el cine no existe, y que es por un lado muy lúdico, muy físico y muy sensorial, porque te hace utilizar tu instrumento de una manera muy global, y que aporta por otro una labor de equipo que crece con el mismo latido y el mismo pulso. En el cine el trabajo del actor es más solitario, más teórico. Y después está el encuentro con el público. Para mí es un vértigo y un reto muy fuerte, una prueba de valentía. Ahí mido mis fuerzas y mi arrojo. ¿Le da miedo el escenario? -Sí, puede decirse que sí, que me da miedo... De ahí el reto para superarlo y así poder disfrutar más y de una manera más total. Ahora estoy en la lucha de los momentos de disfrute con los momentos de temor: temor a equivocarme, a decepcionar... Y quiero lograr más placer y menos dolor. ¿Cada función es un sufrimiento, entonces? -Un poco sí. Sobre todo porque los que elijo hacer son textos muy extremos: Juana de Arco en la hoguera Las criadas La gata sobre el tejado de cinc caliente A puerta cerrada Tengo una tendencia a elegir obras teatrales que me colocan en situaciones muy extremas, y que suponen un desgaste emocional y físico muy fuerte. Pero no lo puedo remediar. Quizás si eligiera textos más ligeros sufriría menos, pero es que no puedo. ¿Qué le pide a un texto? -Que no me deje dormir el día en que lo lea. Que no me lo pueda quitar de la cabeza, que me dispare el corazón, que sienta arrastrada a tener que hacerlo. Han de ser textos que obliguen a la reflexión, que remuevan las tripas, que sacudan de alguna manera... ¿Y se nota distinta, como actriz y como mujer, después de cada experiencia teatral? -Sin duda. Por eso es mayor la necesidad que siento de subirme a un escenario que el temor, porque siento que en el teatro avanzo con pasos de gigante, que cada función es una inyección de aprendizaje. ¿Qué ha encontrado en Cruel y tierno -Es una obra que me produjo una sensación extraña; por un lado me pareció muy cercano, pero por otro rozaba con el absurdo y creaba un contraste muy potente con la parte más realista. Javier García Yagüe, el director, dice C Aitana Sánchez- Gijón, en una escena de Cruel y tierno que hay que conseguir hacer algo entre Brecht y Stanislavski... Y ese contraste es muy atractivo: cómo plantea temas como el terrorismo, los crímenes de guerra, la responsabilidad de los políticos, de los militares, los poderes mediáticos... Todo contado desde el punto de vista de una mujer, mi personaje, que espera que su marido, un militar, vuelva a casa. Cuenta cómo recibimos ese horror y qué pasa con nuestro nivel de responsabilidad, cómo asumimos cada una de nuestras pequeñas decisiones y cómo repercute en el todo. Está contado desde la burbuja de esta mujer. Pero la obra habla también del amor, de la relación de pareja, de la humillación... Es una función con muchos frentes abiertos, y además no da solución a ninguno de ellos. ¿Y eso es el teatro, plantear interrogantes sin dar respuestas? -Exactamente. Durante los ensayos hemos hablado horas y horas sobre las preguntas, buscando soluciones... Pero no hay respuestas absolutas... Sí hemos llegado a una conclusión, porque se planteaba, claro, la inutilidad de nuestro trabajo, nuestra insignificancia como seres humanos. Pero Javier García Yagüe insistía en que si estamos trabajando en el teatro es porque creemos que podemos hacer algo. En la vida se plantean muchas encrucijadas, y nosotros tenemos la libertad para elegir qué hacemos. Y esas decisiones cotidianas tienen mayor trascendencia de lo que podría parecer. -En el estreno estará el autor, Martin Crimp. ¿Le inquieta ese encuentro? -Sobre todo siento curiosidad por escucharle y por verle. No lo conocía y ha sido una gran sorpresa. Lo que espero es que reconozca su función y que encuentre adecuado nuestro trabajo. on el popular taranto que ha dejado grabado El Chocolate- El alcalde de Guadix ha publicado un bando: que las cañas de maíz no las lleven arrastrando porque tienen que servir entonado por Sonia Miranda, se inició el tradicional festival tarantero. La joven cantaora de Almería con la barroca sonanta de Miguel Ángel Cortés, completó su digno recital con cantes malagueños, soleares y cantiñas. Seguidamente, la malagueña Antonia Contreras, acompañada con el toque de filigranero de Chaparro de Málaga, después de unas malagueñas, también hizo el taranto, continuando por soleares, tientos y tangos y unos fandangos valientes, conjugando una actuación apreciable. Ambas cantaoras se presentaban ante la afición madrileña y recibieron sus aplausos. Y después, la magia flamenca de esa ideal pareja jerezana que forman José Mercé y Manuel Moraíto. Hacía tiempo que José Mercé no cuajaba en Madrid una actuación tan extraordinaria. La llevó a cabo cantando por derecho, desde las malagueñas chaconianas hasta sus legítimas y enjundiosas bulerías, pasando por las soleares magistrales, siguiriyas rompiéndose, tarantos fundamentales- -entre ellos el torrero de La espuela cantiñas pintiparadas, sabrosas de entonación y primorosas en los juguetillos, recordando coplas añejas... todo ello armonizado con la guitarra singular y maestra de Moraíto, entronando el arte flamenco en toda su dimensión musical y sentimentalísima. José Mercé, en esta ocasión, ha sido el cantaor de excepción que se ha forjado a lo largo de su trayectoria triunfal, dictando una lección de verídico cante jondo. Después de esas libertades comerciales que se ha tomado en los últimos tiempos, contemplarle de nuevo centrado en la tradición ha constituido para los aficionados cabales un verdadero gozo. Los oles- -sin acento, sino con los adentros- -y las palmas a raudales, lo ponían de manifiesto una y otra vez. Hay que reconocerlo, si el cante tiene hoy una máxima figura, es la que se llama José Soto Soto, José Mercé en los carteles y programas, cuando deja de cantar las simplezas de sus últimos discos y demuestra lo que sabe y siente con su arte iniciático.