Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
48 Sociedad LUNES 24 4 2006 ABC Medio Ambiente RESPETO AMBIENTAL, TAMBIÉN PARA LAS VIEJAS CARRETERAS SANTIAGO A. HERNÁNDEZ FERNÁNDEZ Catedrático de Proyectos e Ingeniería Ambiental de la Universidad de Extremadura Ecologistas rusos se movilizan en contra de un oleoducto en el lago Baikal D. MERRY DEL VAL. SERVICIO ESPECIAL MOSCÚ. Los ecologistas rusos se han movilizado en contra de la construcción de un oleoducto con cuyo trazado peligraría el lago Baikal, un verdadero milagro de la naturaleza que alberga un quinto del agua dulce del planeta y el mayor número de especies endémicas, animales y vegetales, concentradas en un solo hábitat en todo el mundo. La ola de protestas comenzó la semana pasada en Irkutsk, la ciudad importante más próxima al Baikal, y continuó este sábado en Moscú. Los ecologistas han logrado sacar a la calle a miles de personas, algo poco frecuente en Rusia, donde la conciencia medioambiental es algo todavía exótico. Aun así, los ecologistas ven pocas posibilidades de vencer en el desigual pulso contra los intereses petroleros. esde el momento en que se tiene noticia de la construcción de una nueva carretera se dispara en nuestro país la alarma medioambiental. Se acepta de forma generalizada que la puesta en servicio de una infraestructura viaria produce efectos ambientales permanentes sobre el territorio por el que discurre. La intensidad del impacto en el entorno natural dependerá, en gran medida, de los criterios con los que se haya desarrollado la planificación de esa infraestructura. Así, entre los problemas más graves que conlleva la construcción de una carretera cabe citar, en primer lugar, la fragmentación del territorio, que reduce la superficie real de los ecosistemas. En segundo lugar, los numerosos puntos de conflicto generados por la superposición de la red de infraestructuras viarias sobre los procesos ecológicos, limitando la conectividad natural del territorio. Por último, hay que mencionar los grandes movimientos de tierra y las obras de fábrica, que producen interferencias sobre los flujos hídricos y pueden generar procesos erosivos indeseables. Naturalmente, éstos y otros problemas son analizados en los preceptivos Estudios de Impacto Ambiental, en los que se definen soluciones técnicas compatibles, medidas correctoras y planes de seguimiento de las actuaciones que son validados y, en su caso, corregidos y o ampliados en la correspondiente Declaración de Impacto Ambiental. En este terreno se han realizado grandes avances con el fin de hacer compatibles carreteras y territorio. Sin embargo, metidos en esta dinámica, olvidamos un problema funda- D mental: ¿Qué ocurre con las carreteras construidas hace años? ¿Con las infraestructuras que en el momento de su gestación no tuvieron estudios de impacto ni declaración ambiental? ¿Unas infraestructuras para las que, además, tampoco existen criterios de gestión que hagan compatible su óptima conservación con el entorno por el que discurren? Parece que no hay respuesta a estas preguntas, entre otras cosas porque casi nadie se las plantea. Resulta, por lo tanto, muy difícil, por no decir casi imposible, la identificación y eliminación de problemas ambientales graves fruto de la evolución no controlable de las funciones de una carretera que se ha diseñado a veinte años vista. A pesar de ello, ningún colectivo ecologista, político, vecinal, etc. ha alzado su voz contra esta situación. Tampoco existe una solución efectiva desde el punto de vista legal, probablemente porque la cuestión no se ha valorado técnicamente en su justa magnitud. Por lo tanto, me gustaría hacer una simple reflexión que nos permita centrar el asunto: anualmente se ponen en servicio en el país unos pocos cientos de kilómetros de carretera para los que existe un complejo sistema de garantías Hay decenas de miles de kilómetros de carretera, diseñados en su momento sin un planteamiento de respeto al medio ambiente medioambientales. A pesar de esto, cada nuevo trazado planificado hace correr ríos de tinta en los medios de comunicación. En el lado opuesto, decenas de miles de kilómetros de carretera ya en uso, diseñados en su momento sin un planteamiento óptimo de respeto al entorno, siguen gestionándose de espaldas a las premisas medioambientales más básicas sin que se haga nada al respecto. En mi opinión, la correcta solución de estos problemas conlleva, en primer lugar, la elaboración de una metodología para identificarlos, y en segundo lugar, un conocimiento suficiente de los nichos ecológicos y la etología de las especies más sensibles del territorio que permita evaluar los efectos sobre ellas y proyectar las medidas correctoras más apropiadas. Lamentablemente, no existe hoy por hoy suficiente conocimiento ni experiencia para proyectar correctamente buena parte de las medidas necesarias, lo cual no es más que una evidencia derivada de la juventud de la legislación ambiental y el escaso tiempo y recursos dedicados a estos menesteres. Con el fin de obtener respuestas a éstas y a otras muchas inquietudes del mundo de la carretera, se organiza en Santander, esta semana, el I Congreso de medio ambiente en carreteras: Integración de carreteras en el entorno natural Un espacio en el que se pretende que las experiencias ya desarrolladas sean detalladamente descritas, suficientemente discutidas, verazmente contrastadas por especialistas interdisciplinares y ampliamente difundidas en todos los ámbitos de responsabilidad. Un primer paso, sin duda fundamental, cuando todas las iniciativas en este sentido se encuentran en punto muerto. Tres mil toneladas de crudo El trazado del oleoducto Siberia Oriental- Océano Pacífico de la empresa Transneft, parece hecho a propósito con la idea de hacer daño a juicio del presidente del Centro Científico de Irkutsk, Mijail Kuzmin. El oleoducto de 4.188 kilómetros se acercaría en algunos tramos hasta 800 metros de la orilla del Baikal. Si se produce una sacudida sísmica, frecuente en la zona, y tiene la suficiente magnitud, sería casi inevitable un vertido de unas 3.000 toneladas de crudo, suficiente como para cubrir la mitad de la superficie del lago. Los ecologistas y científicos no rechazan el oleducto, pero piden que se cambie su trazado. Proponen la región del sur de Yakutia, sin actividad sísmica, pero que alargaría bastante el trazado y, por tanto, el coste.