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44 LUNES 24 4 2006 ABC Sociedad El mal estado del sarcófago del reactor 4 de Chernóbil hace temer un nuevo escape radiactivo Para los expertos, no habrá seguridad en la zona hasta dentro de un siglo b La imposibilidad de acercarse lo suficiente y la prisa por detener la fuga hicieron que el actual recubrimiento del reactor tenga graves defectos que aumentan el riesgo RAFAEL M. MAÑUECO. E. ESPECIAL CHERNÓBIL. La central nuclear de Chernóbil dejó de funcionar el 15 de diciembre de 2000, casi 15 años después de la catástrofe, pero su cierre no alejó definitivamente el peligro de un nuevo desastre. Mientras no se construya un nuevo recubrimiento para el reactor accidentado en 1986 nadie podrá respirar tranquilo. Será necesario, además, eliminar los residuos de los otros tres reactores y continuar las labores de descontaminación de las zonas afectadas. Los restos del reactor destruido yacen bajo una cubierta de hormigón y acero llamado sarcófago Su estado es preocupante debido a las numerosas grietas abiertas en el armazón. En su interior se acumulan 200 toneladas de material altamente radiactivo y el tiempo apremia porque la interacción de ese magma atómico con el sarcófago amenaza con provocar el de- La superficie de las hendiduras existentes en el enorme caparazón metálico supera los 1.000 metros cuadrados Doscientas toneladas de material radiactivo se liberarían si el sarcófago llegara a derrumbarse rrumbamiento de toda la estructura. Si el sarcófago llegase a desplomarse, se formaría una nube de polvo radiactivo que causaría más contaminación asegura Julia Marúsich, portavoz de la planta de Chernóbil. Según su opinión, el peligro es real debido al deterioro que sufre La encargada en Chernóbil de mantener contacto con los medios de comunicación repite casi literalmente la advertencia que lanzó hace tres años el que fue ministro de Energía Atómica de Ucrania, Alexánder Rumiántsev. No tendría la gravedad del escape de 1986, pero sí un impacto ecológico nefasto señaló entonces Rumiántsev. El sarcófago fue construido deprisa y corriendo en los días que sucedieron al accidente para detener la fuga radiactiva lo antes posible. El enorme nivel de radiación impedía a los obreros acercarse a la distancia adecuada. Por eso, la construcción carece de la solidez necesaria comenta Evgueni Vélijov, presidente del Instituto de Energía Atómica Kurchátov de Moscú. Según Vélijov, unos pocos minutos entre los restos del reactor destruido son suficientes para recibir una dosis letal de radiación Un kilómetro cuadrado de grietas La imposibilidad de permanecer demasiado tiempo en algunos lugares impidió hacer las soldaduras que hubieran hecho hermético el recubrimiento. La superficie total de todas las hendiduras existentes en el enorme caparazón metálico supera los 1.000 metros cuadrados. Por si fuera poco, la acción de las sustancias radiactivas ha favorecido la aparición de unas partículas que corroen la estructura del sarcófago Este fenómeno, cuya naturaleza por el momento se desconoce, se viene observando desde hace años. Según reconoce Vladimir Tokarevski, que trabajó en la construcción del sarcófago antes de encargarse del almacenamiento de los residuos nucleares en Chernóbil, a través de las aberturas pueden escapar partículas radiacti- Una central construida con tecnología soviética de los años 60 El 29 de septiembre de 1966, el Consejo de Ministros de la Unión Soviética dio el visto bueno a la construcción de las centrales nucleares de Leningrado, Smolensk y Kursk (Rusia) Chernóbil (Ucrania) e Ignalina (Lituania) Se trataba de un innovador proyecto que incluía la utilización de una tecnología revolucionaria, los reactores RBMK- 1000. Se les consideraba tan seguros que se decidió no aislarlos dentro de una carcasa de confinamiento, lo que, pese al riesgo, abarataba notablemente los costes de producción. Tenían además la ventaja de poder cargar el combustible en marcha. Su único inconveniente, que resultó fatal en el caso de Chernóbil, era que, a baja potencia, se volvían inestables. Es decir, se producía el efecto contrario. El reactor tendía a compensar la ralentización de la reacción en cadena interaccionando con el vapor que se desprendía de su núcleo activo. El resultado era un aumento incontrolado de la potencia. Las cinco plantas atómicas comenzaron a ser construidas casi al mismo tiempo. El primer reactor de Chernóbil entró en servicio en 1977, el segundo en 1979, el tercero en 1981 y el cuarto, el protagonista de la catástrofe, en diciembre de 1983. El accidente sobrevino el 26 de abril de 1986, con lo que el bloque 4 tuvo una vida de sólo dos años y cuatro meses. Tras el desastre, se decidió suspender la construcción de los reactores 5 y 6. En 1991, un incendio inutilizó el reactor número 2. En 1996, por presiones de Occidente, el presidente ucraniano, Leonid Kuchma, aceptó desconectar el reactor número 1. Por fin, el último bloque activo, el número 3, fue clausurado el 15 de diciembre de 2000. Aunque modernizados, en Rusia funcionan hoy día 11 reactores RBMK- 1000, en Kursk, Sosnovi Bor (Leningrado) y Smolensk. Una máscara de oxígeno, abandonada en una guardería el día de la tragedia EPA