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ABC LUNES 24 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA YA TARDAN la hora que es, media tarde del domingo, nadie de Batasuna ni ningún portavoz de sí mismo -condición existencial que Pepiño Blanco atribuye a Otegi- -ha condenado el atentado contra la ferretería de un concejal navarro. Ya tardan. A la hora que es, ningún miembro del Gobierno les ha conminado tampoco a hacerlo bajo la amenaza de suspender de inmediato el diálogo del proceso de paz Ya tardan, también. Lo primero es lamentable, aunque previsible; lo segundo, muy grave. Precisamente porque también resulta previsible. Y es previsible por la sencilla razón de que el Gobierno lleva demasiado tiempo ofreciendo la impresión de que está más interesado en el diálogo que los terroristas. Con su empeño en forzar IGNACIO los tiempos y adelantarse CAMACHO al ritmo de la realidad, el equipo de Zapatero concede a la ETA y su entorno una ventaja de primer orden: el lujo de la paciencia. Una paciencia activa, como se ve; la paz rogando, y con la gasolina incendiando. Como siempre, más o menos, la elemental ambivalencia de Arafat: rama de olivo en una mano, arma de fuego en la otra. Viejo asunto. El Gobierno está desperdiciando una tras otra numerosas oportunidades de hacerse valer. Podría tener a Otegi en la cárcel y a Batasuna acorralada hasta el acogotamiento, circunstancias que le otorgarían indiscutible fuerza negociadora. En vez de eso, ha optado por mandar al fiscal que suavice sus peticiones procesales, ha remitido instrucciones a la Guardia Civil para que afloje los controles en el País Vasco y ha dado alas de respetabilidad a los portavoces de sí mismos que actúan en nombre de Batasuna. El ataque de Barañáin le regalaba a Zapatero otra ocasión para ponerse duro y reclamar al conglomerado etarra un mínimo de lealtad a sus gestos de buena voluntad, pero el presidente considera que no es momento ¿cuándo será? -y prefiere agarrarse al clavo ardiendo de que se trate de una acción incontrolada Se sabe desde hace mucho tiempo que los incontrolados controlan bastante bien la puntería y la oportunidad de sus actos. Sin duda, el hecho de que el atentado se haya producido en Navarra justo en pleno debate sobre el anexionismo es fruto de una fatal casualidad. Los incontrolados y los portavoces de sí mismos saben perfectamente que el Gobierno tiene prisa porque ha convertido el diálogo con los etarras en su principal apuesta política. Por eso pueden administrar hasta las elecciones sus gestos de acercamiento con medidos pasos atrás que hagan temblar a Zapatero ante la posibilidad de verse abocado a una ruptura. Pueden jugar con el Estado desde la posición de fuerza que el Estado incomprensiblemente les otorga. Pueden esconder y enseñar a conveniencia la llave de la paz porque les ha sido entregada. Pueden actuar, y actúan, como si en vez de ante una oportunidad de rendición estuviesen en la antesala de una victoria. Pero ni el Estado, ni el Gobierno ni los ciudadanos pueden conformarse con eso. A NO NADA RACIAS, querido Antonio Burgos, por tu generoso acuse de recibo. Llevaba algún tiempo apreciando esa veta de doliente sarcasmo que hiere tus artículos, cuando describes la España mansurrona del No nada esa España dimisionaria que con tal de mantener el buche lleno y la tarjeta de crédito calentita es capaz de comulgar con ruedas de molino y hasta de entregarse a los carroñeros que se echarán a suerte sus tajadas y harán con ellas sabrosísima pitanza. No, querido Antonio, no creas que has enloquecido, aunque tus avisos sean recibidos con desdén, desapego o franca animosidad. Acuérdate de Laocoonte y sus hijos, cuyas admoniciones también fueron ignoradas por los troyanos, encantadísimos de celebrar la retirada de los aqueos, que en el colmo de la generosidad les habían dejado como dádiva aquel caballito de madera. Cuídate, sin embargo, queJOSÉ MANUEL rido Antonio, de las serpientes mariDE PRADA nas que a cada poco te enviarán quienes desean mantener a la gente amuermada; serpientes que se enroscan en el gaznate hasta dejarnos mudos y que luego se sumergen otra vez en el piélago, arrastrándonos consigo al reino de las sombras. Así murieron Laocoonte y sus hijos. O tal vez nuestro destino sea, como el de Casandra, vagar de ciudad en ciudad, despreciados de todos como emisarios de malos augurios: nadie querrá detenerse a escuchar nuestros vaticinios funestos, nadie querrá desprenderse del soniquete letárgico del No nada Te espantabas en tu artículo de ayer de que los jubilatas y las marujonas de un plató televisivo aplaudieran a rabiar cuando alguien dijo que bastaría soltar a los etarras de las cárceles para conseguir la paz. ¿Pues qué esperabas? ¿Tú sabes a lo que está dispuesta esta ex nación de rendidos y genuflexos, con tal de poder zamparse sin sobresaltos sus gam- G bas como saxofones? No sólo a que los etarras, incluso quienes chorrean sangre y menudillos por las comisuras de los labios, vuelvan a pasearse por las calles; también a meter Navarra en el lote, de regalo; también a conceder el derecho de autodeterminación. Total, ¿qué más da que los vascos se autodeterminen y aun que se anexionen Navarra, si a cambio dejan que la gente pueda seguir disfrutando placenteramente de su bienestar? ¡Estaríamos buenos si todos fuesen como los plastas de UPN, que no hacen más que dar la tabarra y ponerse alarmistas, como si a los españoles nos importara un ardite el destino de la comunidad foral de las narices! ¿Tanto les cuesta a los navarros aprender el euskera? ¿Acaso se les van a caer los anillos si la ikurriña ondea en sus edificios oficiales? Diles a las marujonas y jubilatas de plató televisivo que Navarra está en venta y ya verás cómo aplauden: hasta despellejarse las manos, hasta ensordecer con su algarabía las trapisondas de la kale borroka... Ayer, querido Antonio, atenazado por la melancolía, me entretuve zapeando por los diversos canales televisivos, en busca de alguno que me devolviera, sin distorsiones embellecedoras, el reflejo de esta España que aguarda, risueña y bobalicona, la llegada de los bárbaros. Todos los telediarios enunciaban sucintamente las calamidades del día: la ferretería de un judío ¿o era un navarro? devorada por el fuego de los camisas pardas ¿o eran los cachorros encargados de velar por la tregua permanente? los guardias civiles reclamando la desnaturalización del cuerpo (mañana reclamarán secciones autonómicas independientes, acordes con la realidad plurinacional) ¿Querrás creer que no hubo telediario que no dedicase más tiempo al fundamental partido que al día siguiente disputaba el Real Madrid- -y a las vicisitudes de sus estrellitas o asteroides: que si a uno le picaba un grano, que si otro se lo rascaba- -que a tan nimios acontecimientos? Y es que, querido Antonio, aquí no nada.