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48 DOMINGO 23 4 2006 ABC Sociedad El 26 de abril de 1986 saltó por los aires la cubierta del cuarto reactor de la central atómica de Chernóbil, la más grande entre las que entonces funcionaban en la Unión Soviética, y causó el accidente más grave en la historia de la industria nuclear civil Chernóbil, veinte años después POR RAFAEL M. MAÑUECO. E. ESPECIAL CHERNÓBIL. Supuse que algo anormal había pasado porque me despertaron las sirenas de los coches de bomberos relata Oleg Zuikov, que tenía 15 años cuando saltó por los aires el reactor número 4 de la planta atómica de Chernóbil. Él, sus padres, Vladimir y Ludmila, trabajadores de la central, y su hermana Svetlana, vivían entonces en la población de Prípiat, situada a tan sólo dos kilómetros del lugar del accidente. Prípiat, que lleva el nombre del río que atraviesa la provincia y cuyas aguas sirvieron para refrigerar los reactores, fue terminada de construir en 1977 para dar acogida a los empleados del complejo nuclear. Ahora es una ciudad fantasma en donde el tiempo se detuvo bruscamente aquel funesto 26 de abril de 1986. Mucha gente dijo haber oído la explosión, pero nosotros no la sentimos, se ve que dormíamos profundamente recuerda Zuikov, actual director de márketing de la financiera ucraniana AMP. Es la segunda vez que el joven ejecutivo tiene la oportunidad de visitar la localidad donde nació y pasó su infancia. La primera fue en 1996. Zuikov muestra el piso que habitó, amueblado todavía, y el aula en donde asistió a su última clase, el día 25 de abril de 1986, antes de abandonar para siempre Prípiat. Dejamos la ciudad a bordo de nuestro propio vehículo, prácticamente con lo puesto, el día 27 por tarde asegura. Ya en la calle, junto al portal del edificio, pueden verse todavía los restos oxidados de la cocina eléctrica que no pudieron llevarse por las prisas. Las dos explosiones que destruyeron el bloque 4 de la central de Chernóbil se sucedieron con un intervalo de escasos segundos, poco antes de la una y media de la madrugada. Lo sucedido fue consecuencia de un experimento mal planificado y de una sucesión de fallos y errores fatales que hicieron En total, fueron desplazadas 116.000 personas, a las que años más tarde se unieron otras 230.000 La radiactividad liberada fue equivalente a la de 500 bombas atómicas como la de Hiroshima perder a los ingenieros el control de la reacción en cadena. El derrumbamiento del techo y la pared este de la sala del reactor posibilitaron un escape radiactivo sin precedentes. Prípiat fue la primera población en recibir el embate de la nube radiactiva. Los responsables de la central nuclear solicitaron, ya en la madrugada del día 26, el desalojo inmediato de la ciudad y los pueblos de la zona, pero la dirección comunista se lo pensó. La orden de evacuación no llegó hasta el mediodía del 27, cuando lo pobladores de Prípiat llevaban casi 36 horas expuestos a una radiación 40 veces superior a lo que el cuerpo humano puede soportar. La cúpula soviética intentó ocultar al mundo la tragedia pero, el día 28, era ya la noticia que abría los diarios de todo el planeta. Para que no cundiera el pánico, el desfile conmemorativo del 1 de mayo en Kiev, la capital ucraniana, no se suspendió, pese a los altos índices de radiación que se registraban. Eso sí, los jerifaltes comunistas se preocuparon de enviar a sus hijos a lugares seguros, lejos de la capital y de las regiones afectadas. El desalojo de Prípiat comenzó a primeras horas de la tarde del día siguiente a la explosión comenta Zuikov. A la ciudad llegaron varios trenes de pasajeros y más de un millar de autobuses. En poco más de tres horas, los 50.000 habitantes de Prípiat habían sido evacuados. Algunos, como fue el caso de la familia Zuikov, utilizando coches particulares. En la semana siguiente se culminó la evacuación de todo el territorio circundante a la central nuclear en un radio de 30 kilómetros, la llamada zona de exclusión, cerrada todavía hoy día a cal y canto. En total, fueron desplazadas 116.000 personas, a las que años más tarde se unieron otras 230.000. Pueblos abandonados Fiodor Muzichenko tenía 54 años cuando fue obligado a subir a un autocar, en compañía de María, su esposa, y Vladimir, su hijo, y dejar su casa en el poblado de Ilintsí, situado a 18 kilómetros de la planta atómica. La familia Muzichenko tuvo que abandonar todos los animales que tenía: una vaca, 26 gallinas, dos perros y varios gatos. En Ilintsí, una de las pocas poblaciones habitadas actualmente en la zona de exclusión, residían entonces unas 600 personas. Ahora quedan 38. Casi todos vivían de sus huertos, de sus animales domésticos y de una mísera subvención del Gobierno. Fiodor trabajó una época acarreando bultos en la central nuclear y Vladimir, que entonces Niños ucranianos enfermos de cáncer, en un hospital infantil de Kiev el pasado 16 de abril AP