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23 4 06 PRÓXIMA PARADA NUESTROS CORRESPONSALES Roma B. Aires Lisboa Amor de tristeza Portugal tiene una profunda querencia por la nostalgia, por la pena y la más profunda melancolía. Es una bella tristeza. Pero, tal vez, algunas risas de vez en cuando les ayudarían a salir de la crisis POR BELÉN RODRIGO Bruselas París Rabat LISBOA BELÉN RODRIGO Nueva York N Jerusalén o debo ser la única que al pasear por las calles de Lisboa voy buscando la sonrisa en el rostro las personas. Siempre me ha llamado la atención el contraste que existe entre la dulzura, amabilidad y buena educación de los portugueses y la tristeza que encuentro en muchas de sus miradas. Es cierto que no se entiende un país y su cultura cuando se pasan en él unos días de vacaciones o varios años de convivencia diaria comparando lo que encontramos con lo que tenemos en nuestro lugar de origen. De poco sirve decir que un por- tugués no tiene la alegría y el espíritu de un español o de un italiano porque nosotros tampoco tenemos otras muchas características en nuestra forma de ser que apreciamos en los otros. Esa tristeza, pesimismo, conformismo con la vida de los que tantas letras de fados han salido, forman parte del día a día del portugués. Claro que sería injusto generalizar estas palabras y olvidar- Siempre me ha llamado la atención el contraste que existe entre la dulzura, amabilidad y buena educación de los portugueses y la saudade de sus miradas México me de las muchas excepciones que siempre encontramos, pero creo que no me equivoco si digo que existe una atmósfera melancólica que contrasta con la luz que emana del cielo lisboeta y la energía que de ella se trasmite. Ya son casi cinco años los que llevo viviendo en Portugal y son pocas las ciudades que me quedan por conocer. Sus gentes son diferentes de un lado a otro del país como los son en otros lugares del mundo. Pero en su mayor parte coinciden en ese conformismo que les impide muchas veces salir de los problemas con los que de forma natural y continua la vida nos desafía y de los que no tenemos otro remedio que salir. Cuanto más se conoce Portugal y a los portugueses más se tiene una sensación de impotencia al pensar en una forma que les permita salir de la crisis. Siempre he pensado que con una sonrisa se solucionan muchos problemas o al menos se ven con mejor humor. La alegría y bullicio en las calles que aquí añoramos los que bien la conocemos sería igualmente otra forma de encarar la vida cotidiana y, a la larga, cambiar el rumbo del porvenir de Portugal. Porque al final es la sociedad la que marca el ritmo del país y si se quiere mejorar, necesitará confianza en sí misma, energía y vitalidad para afrontar los futuros desafíos. Washington Berlín Atenas Londres Moscú Pekín Viena Estocolmo Una estampa reconocible de Lisboa, con sus tranvías de colores recorriendo el casco histórico ABC