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23 4 06 EN PORTADA LA SONRISA DE LA GIOCONDA Con mordacidad y ganas de pelea, el autor de Condenados de Condado nos describe su escepticismo sobre la capacidad del exilio de Miami para presentar una alternativa al actual régimen de La Habana. Han pasado demasiado tiempo fuera del país, asegura. Han sido muy torpes Han perdido el contacto con la realidad cubana concluye POR NORBERTO FUENTES an perdido mucho tiempo y han sido muy torpes, por no mencionar la falta de independencia y escasez de imaginación. La última oportunidad de restauración contrarrevolucionaria la perdieron hace tantos años- -en las arenas de la batalla de Playa Girón (1961) -que es ya un recuerdo de abuelitos. Quizá aún les quedara una reserva de energía a la caída del campo socialista, cuando pusieron todas las esperanzas remanentes en un supuesto efecto dominó que daría cuenta- ¡al fin! -de su Némesis. Los menciono para empezar porque son ellos los que intentan gobernar en Cuba después de la muerte de Fidel. H AP Ustedes sumen todos esos años para que sepan el tiempo en que perdieron el contacto con la realidad cubana. La sola proposición de esa apuesta es además de obscena, ridícula. Después de tantas bombas y cañonazos, ahora hay que esperar a que Castro se muera en su cama- -me imagino que enfundado en sus pijamas de seda negra pero con las botas puestas (ojo, parecen las de campaña de uso regular del ejército, pero son de factura italiana y fabricadas a la medida) Desaparecido desde hace rato el carismático Jorge Más Canosa, los candidatos de la propuesta del exilio son a duras penas reconocidos por unas docenas de habitantes de la isla. Ni qué decir de sus programas políticos aparte de que quieran recuperar- -si aún estuviesen en pie- -sus viejas pocilgas. Muy difícil para quienes han pateado (es una forma cubana de expresión deportiva) a los americanos, tragarse el cuento de los que no dan un paso sin saber qué pensará la CIA. Además de que, en el campo de la sociología, sería como un ritornello perfecto: ellos, que establecieron las condiciones de asfixia y opresión que dio lugar a la Revolución Cubana, regresarían para devolvernos a la situación equivalente. Así que, para responde a la famosa pregunta de que qué diablos pasará después de Fidel, la respuesta inevitable es virarnos hacia donde se halla el único candidato visible y posible... en la isla. Raúl Castro. Con él, desde luego, no cuentan en Miami. Por eso la premura por destruirlo de antemano, asesinarlo, meterlo preso, a galeras, condenarlo en La Haya, acabar con él, en suma. O díganme ustedes qué posibilidades le quedan a unos futuros presidentes de Cuba que dicen llamarse Carlos Alberto Montaner, Carlos Saladrigas o Lincoln Díaz Balart. Escollos de diversas índoles se les presentan en su camino de ascenso al poder. El primero es que Fidel (él aún no ha fallecido, recuerden) solo habla de gobierno a gobierno con EE. UU. y no con estos mandarines provinciales. Y que ha tenido la sabiduría en los últimos años de convertir a Cuba en el país más estable del área. Pregúntenle si no a Bush cuánto él agradece tener ese frente cubierto. Es más, pregúntenle qué no está dispuesto Norberto Fuentes Dueño de uno de los estilos más poderosos de la prosa cubana. Conoció de cerca el círculo del poder antes de romper con el régimen a hacer y ofrecer para que se mantenga en esa calma. Segundo, que el hipotético candidato, Raúl Castro, se encuentra ya, de hecho, en el poder. Pueden sacar esta cuenta, muy sencilla. Después de casi medio siglo de gobernar en las peores condiciones posibles y de haber sobrevivido a atentados, guerras civiles, amenazas atómicas, invasiones americanas, guerras sucias, si hay un grupo preparado en este mundo para continuar con las riendas de mando atrabancadas en su puño, son estos cubanos. Nada parece perturbarles, nada los apremia. En el peor momento de su existencia como líder, después de la desaparición de la URSS, cuando gobernantes de todo el mundo hacían coro para aconsejarle a Fidel las más disímiles fórmulas de retirada, él optó- son sus palabras- por escucharles con la sonrisa de la Gioconda y la bíblica paciencia de Job Se discute mucho sobre la capacidad de Raúl para gobernar en ausencia de Fidel. Bueno, el argumento no camina porque de una u otra manera él está al frente de las principales tare del Estado cubano desde hace años y lo que estamos viendo en acción, ahora mismo, es su gobierno. Esa gente que se ha quemado (otro decir cubano) es el gobierno de la sucesión. O de la continuidad. O como se le quiera llamar. Luego, si hay transición, más o menos depende de la inteligencia del aproche y de que no exageren la presión. En definitiva, tampoco esto es nuevo ni les asusta, porque allí hay cambios y movimiento todos los días, e incluso Raúl reiteró públicamente la invitación de hacerlo en vida de Fidel, consciente de que el carisma y presencia de su hermano haría las cosas mucho menos traumáticas. Olvídense de que Raúl vaya a precipitarse en una carrera de sinecuras e intercambios con el enemigo que sólo serviría para debilitarlo y terminar como Sadam; de ahí la validez de su propuesta de actuar en presencia aún de Fidel, puesto que sólo él puede permitirse un incremento de la velocidad. Es una desgracia que suela olvidarse con frecuencia que los clásicos, de Lenin a Sartre, nos han enseñado que si hay algo flexible y capaz de avanzar, al igual que retroceder, es una revolución.