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20 Nacional DOMINGO 23 4 2006 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL GUANTADAS AL AIRE apatero ha culminado los fastos del bienio con una entrevista a dos aguas publicada en El Mundo El ciclo de locuacidad incontenible se inició en ABC, y pasó por una etapa intermedia con la entrega de El País En total, una masa enorme, aplastante, de palabras. La desmesura complica las cosas al lector, pero depara compensaciones interesantes. El hombre que habla sin tasa, al no poder mantener las cautelas y circunspecciones del que se expresa con cuentagotas, se expone más, o formulado a la inversa, se esconde menos. He de confesar que Zapatero me ha producido, en conjunto, una sensación extraña, próxima al desasosiego. No he descubierto nada estrictamente nuevo. Pero las impresiones antiguas, al revolverse y barajarse, y unirse otra vez, han dibujado una imagen hasta cierto punto inédita. Intentaré resumirla en tres pasos. Uno: el presidente transita a través de proposiciones incompatibles sin experimentar, en apariencia, ningún desgarro, ningún dolor. Un ejemplo: en la entrevista de El Mundo recibimos dos mensajes opuestos sobre el PP. Lee- Z mos, primero, que se trata de un partido poco sintonizado al espíritu constitucional, y con el que no se puede contar por tanto para nada de provecho. Más tarde Zapatero alude a una conversación con Ibarreche, en el curso de la cual éste habría resaltado la necesidad de que no se emprendan cambios en el País Vasco sin el beneplácito de los populares. No suena demasiado verosímil esta actitud bonancible del lendakari. Lo importante, sin embargo, es que Zapatero la celebra. ¿En qué quedamos entonces? ¿En que hay que hablar con el PP, o en que es inútil o imposible hablar con él? Por las trazas, en las dos cosas al tiempo, o en una u otra según sea el montaje escenográfico en que ha decidido echar su arenga el presidente. Dos: en el boxeo dialéctico, Zapatero es de los que apunta a la ingle o golpea por debajo del cinturón. En determinado instante, el director de El Mundo expresa reservas sobre la conveniencia de alterar el régimen constitucional sin un consenso suficiente. En este caso, un consenso con el PP. ¿Qué replica Zapatero? Que los padres de la Carta Magna establecieron por consenso qué mayorías bastaban para aprobar una ley orgánica. En consecuencia, toda ley orgánica que se apruebe por la mayoría suficiente, será una ley consensuada, a pesar de que en el arreglo no haya entrado la oposición La falacia es clarísima, lo bastante para que esté de más desgranarla por lo menudo. Conviene notar, dicho sea de paso, que el retruécano legalista se ha convertido en una marca de fábrica del el actual equipo dirigente. Recordemos a Rubalcaba, cuando en el debate parlamentario sobre la toma en consideración del Estatuto catalán, aseguró que era imposible, imposible por definición, que los autores de las leyes, o sea, los diputados del Congreso, aprobaran leyes no legales. O hagamos memoria de José Blanco, a raíz del encuentro celebrado entre Otegui y el lendakari. Blanco sostuvo que no tenía sentido decir que Ibarreche había recibido al representante de HB, porque HB está ilegalizada y carece, por tanto, de representante. El ergotismo camastrón convive con un alegre desdén hacia la lógica. El presidente ha proclamado otra vez que no hay que convertir... los conceptos en mitos Lo visto hasta el momento- -la interpretación de la verdad en clave instrumental, la flexibilidad extrema, el cultivo del equívoco- -sugiere un perfil moral de corte, por así decirlo, maquiavélico. Pero, y con ello ingreso en la reflexión número tres, no está claro, no lo está en absoluto, que el presidente sea un maquiavélico tradicional. El maquiavélico es también un cínico. Es decir, alguien que ha aprendido a conllevar su mala conciencia. Zapatero padece, por contra, dosis masivas de buena conciencia. Cuando afirma que España estará más unida tras la aprobación del Estatuto, no miente: dice lo que piensa. ¿Se trata de un dato esperanzador? No lo sé de fijo. No sé si es bueno evitar el cinismo por el procedimiento de ignorar la realidad. Adquiere aquí especial relieve una observación del presidente sobre el episodio vasco. Para defender la tesis, en general correcta, de que lo que ocurre en Irlanda no tiene demasiado que ver con lo que sucede en el País Vasco, Zapatero afirma que en éste, al contrario que en aquélla, no existen dos comunidades enfrentadas. La mezcla de verdad y error, y la combinación casi onírica que de esa mezcla resulta, ponen literalmente en vilo. Es cierto, en efecto, que la mitad oprimida de los vascos no se ha organizado militarmente contra la mitad que la oprime. La idea que se obtiene, no obstante, no es ésta- -o meramente ésta- sino la de que no se registra un enfrentamiento de ninguna clase. De ahí al coqueteo con los representantes de los terroristas, media un paso, no difícil de dar. Ese coqueteo no sería moralmente cuestionable porque empieza por no existir, si bien se mira, conflicto moral tampoco. Zapatero no es un político al uso. El que se mida con él ensayando los perfiles clásicos, está condenado a dar guantadas al aire.