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ABC DOMINGO 23 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL JARRÓN CHINO ÓMO retumbaba la otra noche, en la colina de El Loco, la distante oquedad, el helado desapego con que Felipe González hablaba de José Luis Rodríguez Zapatero. Gélido en la palabra, displicente en el gesto, cortante en la mirada; calibrando adjetivos con un metrónomo invisible para impedir que se escapara una sola nota de entusiasmo. Y ese rictus tan estudiado de alejamiento, esa lograda composición gestual de maliciosa indolencia. Su rostro escéptico componía un discurso subtitulado a sus palabras corteses, a sus elogios administrados con el cuentagotas del recelo. En Andalucía le decimos a eso echar perfume con el frasco cerrado. Una década ha tardado Felipe en encajarse a sí IGNACIO mismo como un actor retiCAMACHO rado que asiste a una función ajena. Diez años para asentar el rencor que abotargaba su rostro y le sembraba en los ojos arrugas de rabia y encono. Ahora se le ve suelto, autoaceptado, quizá más cómodo a medida que observa cómo le agrandan las comparaciones. Su perfil de demiurgo aún conserva algo de ese carisma de seducción que le permitía flotar en una ciénaga de poder degradado. Sabe que el tiempo corre a su favor porque difumina los contornos, suaviza los recuerdos y cicatriza las heridas. Ha sobrevivido a su propio horror, y administra con un filtro de gélida crueldad- ¿a qué memorialista iría dirigido el profundo desprecio con el que repetía eso de que hay gente con la que me niego a tomar café -las referencias de su borroso liderazgo. Un ex presidente es como un jarrón chino, le dijo a Quintero; una reliquia valiosa que estorba en todas partes y que nadie sabe dónde poner. Y era la frase como un reproche elíptico para quienes- -lo dice en privado con menor recato- -creen haber inventadola política y se lanzan con adanismo suicida a inaugurar un mundo que ya estaba inventado mucho antes de que ellos lo estrenasen. Le preguntó el de la Colina por el diálogo con ETA y envolvió la respuesta en unos monumentales, clamorosos corchetes de escepticismo. El jarrón chino brillaba a punto de romperse en el aparador de una sala donde nadie parece tenerlo en cuenta. Resultaba imposible, sin embargo, escucharle sin pensar en algún otro jarrón recién colocado, en una alacena simétrica, entre el mobiliario inútil del desván del poder. Cargado hasta los topes, como Felipe al principio, de un resentimiento sin destilar aún a través de la quebradiza y porosa porcelana de la ausencia. Esperanzado acaso con figurar en un abstracto inventario de bienes recuperables. Incómodo todavía por no poder gozar siquiera del consuelo de las comparaciones. Demasiado joven para resignarse- -también como González hace un decenio- -a un destino de polvo acumulado sobre su memoria. Ay, los jarrones chinos; tan raros, tan frágiles, tan lujosos, tan dolorosamente innecesarios en la funcionalidad desagradecida de la política. Siempre a la espera de que su pátina de fulgor derrotado envejezca con el contraste estéril de los fracasos ajenos. C LA ANESTESIA NACIONAL UAN Manuel de Prada querido: choca esos cinco, un millón de las antiguas gracias por tu articulazo de ayer. Ya me dirás cuando lleguen las Pascuas dónde te mando el pavo. Pues no sabes lo que me han confortado tus palabras, en las que he podido comprobar gozosamente que al menos hay otro loco que piensa y siente que España es hoy el epítome lastimoso de una sociedad anestesiada por el bienestar Ya somos dos, Juan Manuel, los que estamos locos por lo que cantaba Antonio Machín en su guaguancó: Que no se puede querer dos mujeres a la vez y no estar loco Esas dos mujeres son España y el sano juicio. Atropellada la razón, la Constitución, la nación y sigue poniendo rimas en consonante por detrás y por delante, venga talante, plantearse los profundos problemas que han inventado para España y tener que aceptar las soluciones ANTONIO que les improvisan es volverse loco. BURGOS Si ejerces la funesta manía de pensar, observas lo que está pasando, miras después a tu alrededor y compruebas que a la gente le trae absolutamente sin cuidado cuanto gravísimo está ocurriendo. Y que todos están, sí, preocupadísimos. Preocupadísimos por las gambas como saxofones. Llega un momento, querido Prada, en que no sé tú, pero yo pienso que estoy loco, o que soy como el sustituto del gorila blanco del zoo de BCN, al que quieren enseñar catalán. ¡Leña al mono de España hasta que hable catalán! ¿Sabes lo de Canal Sur, no? En Canal Sur TV, ese modelo refulgente de respeto a los derechos de las minorías y de aplicación de un modelo de excelencia cultural (mira cómo se me queda el dedo) emitían un programa en directo, de ésos en los que llenan el plató con votantes de Manuel Chaves, ya sabes, las fuerzas del trabajo y la cultura: los jubilados de los pueblos y las puretonas de los barrios que van antes a la peluquería para saludar desde el córner a las vecinas. En J ese programa se dijo que era muy fácil rematar el llamado proceso de paz Que bastaba poner en la calle a los presos de la ETA. ¿Y sabes qué hizo la gente? Aplaudir. Romperse las manos aplaudiendo. La anestesiada España del No Nada ha asumido como propios los métodos del Como Sea. Dudo que en los platós de la televisión vasca aplaudan esas tesis aberrantes con mayor entusiasmo que en los estudios de Canal Sur ese público acarreado en autobús, intercambiable con los asistentes de bocadillo y banderita a los mítines del PSOE. Y alégrate, Juan Manuel, de que vives en Madrid, donde por lo menos los cabreados estáis más cabreados cada vez, y nos hacéis sentir que no estamos locos, sino aislados por la anestesia nacional. Que podría ser una película de Luis García Berlanga, La anestesia nacional la estás viendo, ¿no? Te digo que lo de aquí abajo de Andalucía, vamos, de esta realidad nacional tristísima por cierto, es mucho peor. Ahí por lo menos hay islas de dignidad desde donde lanzáis mensajes dentro de una botella, como náufragos de la libertad. Pero aquí abajo, querido Prada, nada de mensajes de náufragos, ni de resistencia en la dignidad, ni de memoria de las víctimas en la claudicación del Estado ante la ETA, ni de defensa de los valores supremos de las libertades. No le hables a la gente de más botella que de la media de fino de Jerez o de manzanilla de Sanlúcar, anestesia de la fiesta continua, pan integral y circo mediático del canallerío en salsa rosa. Por eso aquí abajo, en el cortijo de Chaves sometido a la transformación agraria de realidad nacional es donde más confortan palabras como las tuyas, querido Juan Manuel de Prada. Para comprobar que no estás loco. Que al menos hay otros cuatro gatos que piensan igual. Antes de leerte, comentaba a un amigo el varapalo de la catalana opa del Gobierno a Endesa. ¿Y sabes qué me contesté? Pues bajo los efectos de la anestesia nacional me dijo: Por cierto, ¿cuándo da Sevillana- Endesa la recepción oficial en su caseta de la Feria, que allí sí que ponen gambas como saxofones?