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ABC SÁBADO 22 4 2006 Cultura 61 TEMPLOS DE LA CULTURA las masas. Si una de sus joyas de la corona, El Guernica, hace ahora 25 años que voló de vuelta a España, eso no ha supuesto que su listón de calidad haya bajado. Allí podemos contemplar desde Las señoritas de Avignon del mismo Picasso, a los nenúfares de Monet, los relojes blandos de La persistencia de la memoria de Dalí, una selección magnífica de piezas de Duchamp y, por supuesto, lo mejor del expresionismo abstracto (Pollock y Rothko a la cabeza) el pop- art y una interesante panorámica de las últimas tendencias. Las secciones de diseño y arquitectura han tenido siempre un nivel excelente, marcando el tono de un museo que entiende lo moderno de una forma global. El rediseño arquitectónico de unos espacios que se habían quedado manifiestamente pequeños ha aportado más espectacularidad, aunque el nuevo planteamiento de exposición de la colección sea mucho más caótico. En la imagen, la portada y una de las magníficas reproducciones del decimocuarto volumen de la colección Un sitio para volver Tengo una querencia especial por el Metropolitan, al que considero uno de los museos más intensos del mundo, en el que cada visita es una experiencia de lujo y gozo estético. Esta venerable institución, fundada en 1870, tiene colecciones que abarcan desde la prehistoria hasta el arte contemporáneo. Cada sección es, en sí misma, una fuente inagotable de maravillas: desde estatuillas de las Islas Cícladas a armaduras del siglo XV, mármoles de Rodin, el autorretrato de 1660 de Rembrandt, Jugadores de ajedrez de Cézanne, etc. El templo de Dendur, en una estancia con luz natural, atrapa al espectador que ya ha atravesado las salas egipcias y está a punto de adentrarse en los dominios del Medievo. A veces basta con entrar y dirigirse, sin demora, a contemplar una sola pieza, por ejemplo, lo que queda de la cabeza de la estatua de la reina Tiye, esposa de Amenofis III: tan sólo unos labios carnosos y de una belleza sublime. O aproximarse, en silencio, al cuadro Mujer joven con una jarra de agua de Veermer, una epifanía de la luz y la carne humana que nos hechiza. El Metropolitan añade, como si quisiera llegar más lejos que todas las demás instituciones, además muestras temporales de un rigor extraordinario, sea la reciente retrospectiva de Max Ernst o la celebrada selección de la obra fotográfica de Richar Avedon. El Metropolitan es el sitio al que siempre quiero volver. Mañana, con ABC, la nueva entrega de la colección Museos del mundo analiza el MoMA y el Metropolitan de Nueva York, por tan sólo 10,95 euros más Un museo al que volver POR FERNANDO CASTRO No exagero si afirmo que Nueva York es la ciudad de los rascacielos y los museos. Tampoco tengo ningún género de duda de que, después de la tediosa y poco satisfactoria experiencia, de ascender hasta la cima del Empire State Building o llegar a la Estatua de la Libertad para comprobar que te faltan las entradas oportunas para penetrar dentro del engendro, siempre nos quedará la posibilidad de pasar unas horas inolvidables en el MoMA, el Whitney, el Metropolitan o la Frick Collection e incluso, si queremos llegar ya a algo sublime, podemos montarnos en la Hudson Line hasta Beacon donde la DIA ha montado el templo mágico del minimalismo. Si a todo esto añadimos la inmensa oferta de las galerías de Chelsea ya tendremos una verdadera sobredosis de arte. El MoMA es, desde su fundación en 1929, una referencia incuestionable, con unas colecciones que son un verdadero libro de historia abierto a la mirada de Tres visitantes contemplan el cuadro Las hijas de Catulle Mendes de Renoir, en el Museo Metropolitano de Nueva York AP