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ABC SÁBADO 22 4 2006 55 Cultura y espectáculos Pitol rodeado por la tuna a la entrada de la Universidad de Alcalá CHEMA BARROSO El Rey ensalza la libertad creadora de Sergio Pitol, cuya obra nos seduce con la verdad El escritor mexicano recibe el premio Cervantes identificando la locura con la libertad cervantina b Don Juan Carlos y Doña Sofía presidieron, en la Universidad de Alcalá, una ceremonia que encumbra a Pitol como modelo para las nuevas generaciones de escritores ANTONIO ASTORGA ALCALÁ DE HENARES. Fue un Cervantes de cariñosos gestos, simpáticos susurros y curiosos recados (sin escribir) Y con la tuna interpretando la banda sonora cervantina a un Sergio Pitol que extendía los brazos al viento como si estuviera inmerso en un corrido mexicano. Luego, los tunantes se fueron a rondar a un par de morenas que asomaban en un balcón. Sin éxito. Gestos: mientras en el Paraninfo del edificio elevado en 1499 el escritor mexicano honraba a sus maestros, el presidente del Gobierno ya había regalado a cada uno de sus ministros la obra Palabra y materia de José Ángel Valente, con motivo del Día del Li- bro. Curiosa discordancia: palabra es la palabra más bella del castellano para el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que no estaba ayer en Alcalá. Recados: mientras en la cuna de Cervantes, al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le emocionaron las referencias sobre Borges y el exilio de Pitol, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, elogiaba la pasión libresca de su jefe: Es un gran lector Y susurros: durante los treinta y seis minutos que duró el discurso de Pitol, Carmen Calvo se acercaba a la oreja derecha de Zapatero (a la del presidente del Gobierno, porque en la mesa presidencial había otro Zapatero- -Virgilio- el rector de Alcalá) para comentarle pasajes del texto cervantino. Luego, Don Juan Carlos se aproximaba a la oreja izquierda de Rodríguez Zapatero para intercambiar algún aspecto de la ceremonia y tal vez interesarse por lo que le decía la ministra en su oreja diestra. Junto a este simpático juego de orejas, el presidente si- guió la oratoria con una perenne sonrisa esculpida en sus labios. La ceremonia arrancó a las doce y seis minutos. Entraban las autoridades y se bifurcaban nada más frisar la puerta principal que da acceso al Paraninfo. A la izquierda se dirigieron Carmen Calvo, el presidente del Gobierno y su esposa, Sonsoles Espinosa; la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México, Sari Bermúdez; a la derecha se proyectaron la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; el rector Virgilio Zapatero y el alcalde de Alcalá de Henares, Bartolomé González. Un maestro sevillano y Borges Todos, salvo Sonsoles Espinosa, se sentaron en la mesa presidencial, junto a Sus Majestades los Reyes. La esposa del presidente del Gobierno se situó en primera fila, a la derecha de la mesa. Su esposo le dedicaría cómplices y cariñosos gestos. Tras recibir de manos de Don Juan Carlos el premio Cervantes (medalla y trofeo) a las doce y trece minutos comienza a dar lectura a su discurso Sergio Pitol, emocionado en la milenaria tribuna de oradores. Lo primero que confiesa es que la concesión del galardón, en diciembre pasado, le provocó un eterno retorno a su memoria, radiante y atroz a un mismo tiempo, pero que siempre volvía a la infancia: un niño huérfano a los cuatro años en una casa grande, muy grande. La picadura de mosquitos anofeles condujo a Pitol a la lectura: comenzó con Verne, Stevenson, Dickens y a los 12 años ya había terminado Guerra y paz A los 16 estaba familiarizado con Proust, Faulkner, Mann, Kafka, Neruda, Borges, la generación del 27 y los clásicos españoles. Salía de la adolescencia y Pitol encontró su maestro definitivo: Manuel Martínez de Pedroso, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Internacional. Este maestro sevillano fue el úl (Pasa a la página siguiente)