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ABC VIERNES 21 4 2006 Espectáculos 69 Derechos de autor Rodajes Exigen la ventanilla única en la Ley de Propiedad Intelectual El director general de Federación de Cines de España, Rafael Alvero, reclamó esta semana adaptar el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) a la Directiva Europea con la incorporación de un sistema de ventanilla única para el pago de derechos de propiedad intelectual. La creación de una supraentidad supondría mayor transparencia a la hora de gestionar estos pagos. Woody Allen deja París para filmar su tercera película en Londres El director de cine Woody Allen ha decidido serle una vez más infiel a Nueva York, pero también a su adorado París, para rodar su tercera película en la capital británica, al parecer por motivos sobre todo económicos. Era demasiado caro dijo al periódico The Times Gareth Wiley, uno de los productores, según el cual el nuevo filme contará una historia escrita expresamente para la ciudad del Támesis. Novia por contrato La gran final Nidos y pajarracas EE. UU. Director: Tom Dey Intérpretes: Matthew McConaughey, Sarah Jessica Parker J. C. Buscando a Ronaldo desesperadamente España Director: Gerardo Olivares Intérpretes: M. Alzouma, E. Samer Khan, A. Alansar JOSÉ MANUEL CUÉLLAR exador de pollos (con cara de Óscar Ladoire o no) maquillador de cadáveres, aguador de fútbol americano... el cine nos ha dejado una variedad de anti- gremios tal que haría tambalear el fondo de armario de cualquier oficina del Inem. Pero el de Sarah Jessica Parker aquí opta a plusmarca olímpica: una mezcla entre suripanta, autocelestina y mamporrera que se dedica a desincrustar del nido familiar a zánganos solterones, a instancias de sus progenitores (cría padres... para que vuelen por su cuenta de una santa vez. Eso sí, lo que ocurre después del inevitable ahí te quedas de la profesional es un misterio que se cede al espectador, aunque conociendo la naturaleza del macho edípico es fácil de imaginar. Por tanto, tenemos a dos personajes, la lianta y el vago, teóricamente menos populares que un recetario de casquería escrito por Tom Cruise. Así que, al menos, tiene mérito armar una comedia romántica blandita y taquillerable con tan endebles tablas. Claro está que elegir al hombre más sexy vivo y a la musa sociológica de Sexo en Nueva York atenúa el riesgo, que tampoco es cosa de pedir peras al olmo. Considerando el espíritu bobalicón y encefalograma mesetario de Novia por contrato quizá lo más interesante de la función sea reflexionar sobre los caminos tomados por Hollywood para hacerle un lifting (más que plan renove a algo tan eterno y clasicoide como la guerra de los sexos. Desde luego que en los próximos tres mil años no hay visos de que aparezcan otros Hepburn Tracy, pero, ¿es necesario cascarnos filmes como éste (con el toque justo de pomelo que le quedó a Étienne Chatiliez en su Tanguy también sobre un adultoscente vocacional... o, siguiendo con redobles y triples brincos argumentales, el fantasmagórico Ojalá fuera cierto los suegros a la parrilla de De Niro y cía o hasta Hitch la de Will Smith de maestro ligón y, al menos, haciendo mutis por el foro? ¿Tan difícil es dejarse de ridi- S D Sarah Jessica Parker y Matthew McConaughey, en un momento del filme culeces y quiebros ni siquiera enredadores, y centrarse en el manido pero inevitable corazón del chico conoce a chica De momento, habrá que conformarse con la sombrerería equina de SaABC rah Jessica Parker y la camisería pecho- lobezna de Matthew McConaughey (y el blusómetro de Kathy Bates) A algunos les vale. Con tal de que Meg Ryan siga con su bienio sabático... onde hay talento y gracia sobran los euros. Bueno, sobrar no sobran nunca pero, vamos, que no se necesita el Banco de España o la Reserva Federal para hacer una comedia con gancho cuando la idea es original y el desarrollo ágil cual gacela. Va Olivares y se le ocurre irse al quinto pinto (tres quintos pinos concretamente: las estepas de Mongolia, la selva del Amazonas y el desierto del ultimísimo país africano) para contarnos las pericipecias de tres grupos de lugareños que quieren ver a toda costa la final del Mundial de Corea- Japón entre Brasil y Alemania. La primera conclusión que se saca, urgente, es que Ronaldo miente más que habla. Acaba de decir el delantero del Madrid que ahora, hoy por hoy, está en su peso, que es el del susodicho Mundial que en esta película se recrea. Pero el algodón de la cámara no engaña: no se lo cree ni harto de vino. Fino como una lechuga se le veía entonces al ahora gordito, yéndose con velocidad pasmosa de sus rivales y sin arrastrar esas lorzas que tienen en continuo desasosiego al Bernabéu. Y una vez denunciada la añagaza brasileña, volvamos al cine, que aquí se escribe con mayúsculas. Trazada con humor hilarante, Olivares dibuja a sus personajes como si fueran los vecinos de al lado, sólo que uno con turbante, otro con lanza y el de más allá con ponis más que enanos y unos sombreros que parecen setas. El guión es de traca, de marujeo de mercado, de chatillo de vino con cacahuetes o de rapeo en pleno Bronx, al tiempo que el director español (un documentalista nato al que se le nota su origen, y hace muy bien) choca con estética de los Marx contra esos escenarios salvajes en los que los aficionados se buscan las habichuelas, digo las antenas, como pueden para poder ver la exhibición del gordito brasileño y de otro con dientes que ya andaba por allí amagando lo que iba a ser en breve. En suma, película para sonreír con el alma y troncharse, como Kahn ante el nueve amarillo en aquella gran final...