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ABC VIERNES 21 4 2006 Espectáculos 65 CINE IDEOLÓGICO Y DE CONSIGNA E. RODRÍGUEZ MARCHANTE C Fotograma de El valle de los lobos del país y saltaba a los titulares no sólo por el inesperado éxito de taquilla, sino porque políticos de todo color reclamaban su retirada de las pantallas. La película, argumentaban, reproduce prejuicios antisemitas e incita al odio contra EE. UU. Las cintas no se retiraron y todo lo que consiguieron las protestas fue cambiar la calificación de la película y prohibir la entrada a los menores de edad. El revuelo fue tal que el productor y coguionista del filme, Raci Sasmaz y Bahadir Özdener, acudieron a Berlín para tratar de calmar los ánimos. El tiro les salió por la culata. Un centenar de periodistas les sometió a un interrogatorio que les puso en evidencia. ¿Por qué el malo americano del filme se presenta como un fundamentalista cristiano? ¿Y por qué un cirujano judío extrae órganos a presos de Abu Ghreib y los envía a Tel Aviv y Nueva York? Un filme turco con prejuicios antisemitas GUILLEM SANS SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. De repente, una película turca registraba en Alemania 130.000 espectadores en una semana. A finales de marzo, El valle de los lobos se exhibía en 65 salas JONATHAN OLLEY do con el apoyo unánime de las familias de los 40 hombres y mujeres que perecieron en ese avión estrellado sobre Pensilvania, y que según la Comisión del 11- S se dirigía al Capitolio. El director de The Bourne Supremacy fue elegido para esta producción por la exquisita sensibilidad con que trató otro tema delicado, la masacre de civiles por parte de las tropas británicas en Irlanda del Norte, en Bloody Sunday Paul Greengras se ha encargado de que su equipo entreviste someramente a las familias para retratar con la máxima fidelidad las últimas horas de sus seres queridos, en busca de esa difícil mezcla de patriotismo y realismo que pondrá a los héroes en la gran pantalla. En su búsqueda el director británico ha fichado a verdaderos pilotos y azafatas para desempeñar los papeles en los que no ha recurrido a ninguna gran estrella y ha dado margen para desarrollar diálogos espontáneos. Nada de eso ha impedido que un cine neoyorquino retire el tráiler de su película ante las protestas del público y que más de un crítico lo acuse de comercializar la tragedia. Berlusconi, según Nanni Moretti JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Nanni Moretti, el cineasta de izquierdas más famoso de Italia, no ha quitado votos a Berlusconi en las últimas elecciones, pero El Caimán continúa como éxito de taquilla, acaparó 13 nominaciones a los premios Donatello y será una de las dos películas italianas en liza por la Palma de Oro en Cannes. Cuenta la historia de un productor de cine que intenta hacer una película sobre Berlusconi en Italia, y sufre las consecuencias. Moretti interpreta al protagonista en Elio de Capitani caracterizado como Berlusconi el Tribunal mientras escucha la sentencia de su último proceso, pero de los tres actores que dan vida al Cavaliere el que lo clava físicamente es Elio de Capitani. Por venir de un director de izquierdas, la película no desató polémica, y Berlusconi la despachó con el adjetivo horrible La corrupción de los agentes de la Guardia de Finazas, el lavado de dinero y la promoción hortera de la nueva cadena televisiva se mezclan con imágenes del Berlusconi auténtico en el Parlamento Europeo. on el tiempo y el alud de grosería con el que viene haciendo grumo el runrún de la cultura lo que se podría considerar tradicionalmente cine político o ideológico se ha quedado en un puro y duro cine de partido (partidista) El camino y las distancias podrían ser más o menos las que van de, por ejemplo, ¡Qué bello es vivir! hasta esa película coral del cine español (de todo el que pudo) titulada Hay motivo De tal modo se han cambiado las tuercas de la (ideo) lógica, que apenas si se puede ver un cine bien atornillado políticamente. Lo que Capra propone en su obra maestra es un puñado de valores que cualquier pensamiento político (cualquier partido, incluso) estaría dispuesto a vender como propios; lo que propone el mal llamado cine político al uso no son valores ni peanas de ética en las que ir poniendo los pies día a día: más bien te señala consignas, contraseñas de secta y, casi directamente, la papeleta del voto que has de meter en la urna... Incluso los cineastas más expuestos y dedicados desde hace décadas al cine político de partido, como pueden ser Constantin Costa Gavras, Marco Bellocchio o Ken Loach, que no han usado precisamente hilo fino o invisible en su empresa, han de estar por fuerza sorprendidos por el grosor que está alcanzando en la actualidad la soga grosera con la que se atan ideológicamente las consignas. El caso de Michael Moore es tal vez el más evidente de la empresarización del cine político. Se monta un chiringuito de feria desde el que vende pelotas de goma para tirarle a un monigote de Bush. Todo el mundo lo sabe, y todo el mundo disfruta. Aunque hay otra modalidad aparentemente más sutil de hacer cine político y es ésa que adoptan películas intratables, como es el caso de Syriana de la que no entiendes prácticamente nada pero que te deja una impresión clara de qué debes de pensar acerca de asuntos tan próximos como lejanísimos: perdido entre las mil tramas, se puede salir de Syriana con la idea inequívoca de por qué se hace estallar un joven palestino en un autobús israelí o de cómo reconocer a un príncipe bueno de un príncipe malo...