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60 VIERNES 21 4 2006 ABC Cultura y espectáculos El nombre de Erik, el Belga pasará a la Historia negra de España como el del mayor ladrón, expoliador y falsificador de arte en nuestro país. Sea así o no, ahora muestra su otra cara, la de pintor, y exhibe en Madrid treinta pinturas, que saca a la venta El gran mercenario del arte TEXTO: GABRIELA GIMÉNEZ FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. De cómo hacer del arte una profesión y sobrevivir con suerte. Esa vino a ser la lección que ayer impartió en Madrid René Ghilean Alphonse Van den Berghe, rosario de nombres condensados en ese Erik, el Belga que evoca su gran época (los 80) de entrada al mundo de las antigüedades por la puerta de las falsificaciones y el expolio y de salida por la de la leyenda. Durante 40 años, a Van den Berghe le han calificado de ladrón, expoliador y falsificador, pero las únicas cuentas que ha rendido a la justicia española, que le acusó de haber sustraído la mayor cantidad de fondos del patrimonio artístico nacional atribuida a una sola persona, se resumen en treinta y seis meses de prisión preventiva cumplidos en Barcelona a principios de los 80. No soy un ladrón porque nunca jamás he sido condenado por ese delito evidenció en varias ocasiones con una gran sonrisa. Realmente, Erik, el Belga, a sus 66 años, ha sabido cómo mantenerse a salvo a través de un recorrido vital- profesional donde lo de menos es el resultado final, incluso para él seguramente mi trabajo no es tan bueno -y cuando habla de trabajo lo está haciendo de sus obras expuestas y listas para la venta desde ayer en Castellana Subastas- y lo de más su poliédrica relación con el arte: Es mi amante Se escucha y rectifica a los dos segundos, porque lo que verdaderamente ama quien fuera personaje imprescindible para los tentáculos de las redes de compra- venta ilegal de antigüedades es el mercado: Si no lo amas a él no ves un duro Y él dice esforzarse en conservar lo que tiene, haciendo gala de vida austera y diversiones baratas, como conducir a toda velocidad. A la entrevista, sin embargo, llegó con cierto retraso. Erik, el Belga, ayer en la exposición junto a dos de sus obras dades. El precio siempre por delante. Pero es que del valor de las cosas también sabe algo el Belga residente en la Costa del Sol desde que la prensa construyó para él un mito que intenta hacer ver que le incomoda. Sin éxito, claro, porque desgrana su relato con tal entusiasmo que se descubre a sí mismo. Van den Berghe es, fundamentalmente, alguien que disfruta. Una pieza sólo vale lo que alguien quiera pagar por ella es su máxima. De ahí a esto otro no hay más que un paso: Lo que nadie conoce no vale nada Como no conocidas eran centenares de piezas del gótico- románico español que pasaron por sus manos desde criptas y esos cuartos oscuros que tienen los curas camino de anticuarios de medio mundo, en un juego de vendedores que miran para otro lado y compradores que él dice legales. Justo en el centro, él, que se encoge de hombros en un gesto infantil (que casa con sus divertido zapatos) cuando oye hablar de responsabilidades ajenas y se llena la boca con una media sonrisa al atreverse a usar una etiqueta a medida: He sido una especie de salvador. Sí, he salvado miles de piezas Otros pre- Un anticuario tras las rejas René Ghilean Alphonse Van den Berghe nació en Braime lo Comte (Bélgica) en 1940. Las clases de pintura son una constante en su educación escolar. Instalado como anticuario, se espacializó en arte gótico y románico y en la restauración de piezas de dichas épocas. Produce obra propia flamenca y gótica basándose en Van der Weyden y Van der Goes. Boston es el destino de sus obras en estos primeros momentos. Encarcelado en Bélgica a principios de los 70, huye de la cárcel. En España se le acusó de receptación (compra de objetos robados) y cumplió prisión preventiva de 1982 a 1985. Pasó siete años en libertad bajo fianza hasta que quedó en libertad sin cargos. Reside desde principios de los 80 en Málaga. Hay obras en la iglesia de Rodezno (La Rioja) la catedral de Roda de Isábena (Huesca) el Museo del Pueblo de Alcocer y en el convento de la Hermanas del Buen Samaritano de Nerja (Málaga) Existe un Museo Erik, el Belga en la localidad granadina de Cúllar. fieren llamarle el mayor falsificador del siglo XX pero incluso la acotación temporal le viene de perlas: Yo digo que no he robado nada, pero de haber sido así, ¿qué importa ya? ¡Fue el siglo pasado! Falsificaciones millonarias El paso del tiempo tiene, a pesar de lo anterior, efectos negativos para él (le salvan alegrías como esta primera vez en el círculo de las exposiciones) Asegura que se siente preocupado por la proliferación de las falsificaciones con pretensiones millonarias, mientras da fe de que sus pinturas, realizadas sobre tablas recuperadas de los siglos XVIII y XIX, esta vez son originales. Sus palabras se ajustan demasiado a lo que cabría esperar de quien ya se ha situado al otro lado de la línea oscura Pero si hay algo en lo que Erik, el Belga transmite verdadero sentimiento de pesar es en que ya no quede nada de nada Donde rescatar se entiende. Si lo hubiera, seguramente seguiría en activo, porque, antes de cansarse de la charla, asegura: Un mercenario del arte nunca tiene vacaciones Sólo vende a quien le gusta Este nuevo Erik dedicado a los pinceles- sí, realmente pintor es lo que soy ahora -se toma su tiempo para explicar algunas de las 30 obras a la espera de comprador- -de 1.500 a 6.000 euros- Y las toca sin ningún pudor y se ríe: Esta es guay mira qué buenos colores A él, además no le vale cualquiera. Asegura que sólo vende a quien le gusta. ¿Y qué tipo de cliente le gusta a usted, senor Van den Berghe, experto en tratar con vendedores aquí y compradores allá? Me gusta la gente a la que le gustan mis trabajos contesta dispuesto a citar, previa petición de discreción, una breve relación de nombres con posibles para los que dice trabajar por encargo, tal y como él ha defendido siempre que desarrolló sus polémicas activi-