Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 Internacional VIERNES 21 4 2006 ABC Hamás formará una Policía con milicianos de todas las facciones b En un claro desafío a Mahmud Abbas, su jefatura se le ha encomendado a Yamal Abu Samhadana, responsable del lanzamiento de cohetes Qasam contra Israel HUGO MEDINA. SERVICIO ESPECIAL JERUSALÉN. El ministro del Interior palestino, Said Siyam, anunció ayer su intención de crear un nuevo cuerpo policial a las órdenes del ministro del Interior, y no del presidente Mahmud Abbas, y del que formarán parte un número indeterminado de milicianos pertenecientes a todas las milicias que operan en la Franja de Gaza. Esta fuerza incluirá a la élite de nuestros hijos, a los combatientes de la libertad, a los guerreros santos y a los mejores hombres que tenemos explicó el ministro. En el entorno de Al Fatah se interpretó el anuncio como un desafío directo a Abbas, ya que hace sólo unas semanas el presidente de la ANP designó a un hombre de su confianza, Rashid Abu Shubak, para mandar a los tres cuerpos policiales que hasta entonces dependían del ministro del Interior. Abbas sustrajo así la Policía a Hamás. La idea de que los milicianos se integren en un cuerpo policial no es novedosa puesto que Yaser Arafat ya la aplicó cuando llegó a la Franja de Gaza en 1994, aunque entonces Arafat sólo permitió que se convirtieran en agentes de policía a los milicianos de Al Fatah. Vamos a golpear con puño de hierro a la gente y los grupos que actúan ilegalmente concluyó Siyam en referencia a la delincuencia común y no a las milicias. Además, Siyam designó como su mano derecha a Yamal Abu Samhadana, líder de los Comités de Resistencia Popular y afiliado a Al Fatah, uno de los milicianos más buscados por Israel que ha sobrevivido a varios intentos de asesinato por parte del Ejército. Seropositivos y drogadictos, en la sede que la ONG Persépolis tiene en la barriada de Shous, del sur de Teherán El sida tiene en Irán una de las tasas de penetración más altas del mundo, mientras el régimen islámico se niega a reconocer el problema y a informar a la población: se limita a negar la drogadicción, a decir que la homosexualidad no existe y a penar con la muerte la prostitución Los ayatolás, el sexo y la droga TEXTO Y FOTO MIKEL AYESTARÁN. SERVICIO ESPECIAL TEHERÁN. La gente les mira como delincuentes, pero son sólo enfermos. La misma ley dice que son enfermos, pero las fuerzas del orden no les tratan como tales La sociedad iraní empieza a tomar conciencia del problema de la droga, y hasta los medios de comunicación cercanos al régimen se plantean la misma duda que la doctora Darvishani. El consumo de heroína se ha disparado, el sida y la hepatitis hacen estragos entre la población con uno de los índices de penetración relativa más altos del mundo, y los expertos piden al Gobierno que tome de una vez medidas serias ante un problema ignorado hasta ahora por los tabúes que rodean a dos de los principales factores de contagio: el sexo y la droga. Darvishani es psicóloga y dirige un centro de atención a toxicómanos en Shous, barrio muy pobre del sur de Teherán. Su organización se llama Persépolis y lleva cinco años trabajando de manera independiente, sin ayuda oficial, en las zonas más castigadas de la capital. Este colectivo, pionero en su campo, atiende a más de 3.200 personas al mes en cada una de sus tres sedes. La droga es un problema en todo el país, en Teherán es grave y en Shous, horrible lamenta la doctora. Persépolis lucha contra la droga y en su misma sede también se encuentra la oficina de Rainbow, una ONG hermana que se encarga de prevenir el sida. Las cifras del Ministerio de Salud no se corresponden para nada con el panorama que se vive en estas organizaciones cada día. Según los últimos datos oficiales hay 12.500 seropositivos en todo Irán, de ellos 700 mujeres, y la cifra de fallecidos a causa del virus del sida es de un millar al año. Los datos oficiales no son fiables y en este campo mucho menos porque a la gente le da miedo hablar. Según nuestros cálculos habría que multiplicar esas cifras por seis y el problema crece día a día. Hay que tomárselo en serio y empezar a informar. La gente piensa que los anticonceptivos orales evitan el contagio, porque al igual que los condones frenan los embarazos dice la doctora Mohamadí, responsable de Rainbow. Condón palabra censurada La falta de información es el principal problema. El régimen se muestra opaco a la hora de tratar el tema en los canales de comunicación públicos. La prostitución está penada con la pena capital, la homosexualidad no se reconoce, palabras como condón están censuradas y la gente que se inyecta es un grupo insignificante según el Gobierno... ¿para qué iniciar campañas de prevención? Aquellos que están en tratamiento en algún centro, como el de Persépolis, deben esperar a que el enfermero les Como nuestros pacientes suelen ser delincuentes, las autoridades nos acusan de cómplices dé las pastillas. Hay que machacarlas primero para que nadie se las meta en la boca y luego las venda en la calle. Exceptuando a la doctora y al enfermero, el resto de trabajadores del centro son ex toxicómanos que han logrado vencer a la adicción. En Rainbow, la misma directora también es seropositiva. La doctora Mohamadí contrajo el sida hace cuatro años por contagio de su marido que estaba en la cárcel, desde entonces ha consagrado su vida a luchar contra la enfermedad. El problema es aún más grave para las mujeres porque la familia y los vecinos reaccionan muy mal al enterarse de que una tiene el sida. Yo he dado la cara para mostrar a todos que no somos monstruos, hasta me he hecho pasar por prostituta y me he subido a muchos coches para explicar a los hombres el riesgo de no usar preservativo. Cuando les decía que yo tenía sida, me miraban y no se lo creían. Tengo dos hijos y he perdido mi salud por la falta de información, no quiero que esto le pase a más gente concluye la doctora. Estas dos ONG abren sus puertas cada mañana, pero su futuro es incierto porque no tienen el reconocimiento oficial. Andamos de un lugar a otro, sin residencia fija. Como nuestros pacientes son delincuentes, a nosotros nos acusan de cómplices y nuestra labor no gusta a las autoridades lamenta la doctora Darvishani mientras echa un vistazo al patio de la casa, repleto de toxicómanos. ¿Cómo pueden decir que esto no es un problema?