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ABC JUEVES 20 4 2006 Internacional CUMBRE BILATERAL HISPANOALEMANA 29 UNA RELACIÓN ESENCIAL PARA ESPAÑA FLORENTINO PORTERO D ELENA CARRERAS (Políticas) España, por su parte, defiende la unidad del texto constitucional. Otro de los temas que tendrán sobre la mesa Zapatero y Merkel será la preocupación común sobre los avances del programa nuclear iraní. Alemania, junto con los países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rudia, China, Francia y Reino Unido) está analizando una estrategia conjunta que Irán detenga sus actividades de enriquecimiento de uranio. Más información en Economía, págs. 86 y 87 esde la muerte del general Franco hasta nuestros días Europa ha sido el núcleo de nuestra política exterior. Para varias generaciones de españoles y para la mayoría de nuestras formaciones políticas el futuro de España debía descansar en una Europa unida. El europeísmo es algo consustancial a nuestra sociedad, de forma mucho menos crítica que en Francia o Italia. Este extraño fenómeno se explica rebuscando en nuestra historia. Había, en primer lugar, el afán por superar el humillante aislamiento y el haber quedado fuera del proceso de unidad continental. En segundo lugar, y jugando con una sentencia atribuida a Cánovas, se quería ser europeo porque no se podía ser otra cosa. España en 1975, como en 2006, no era un proyecto que ilusionara a todos los españoles. En unos casos, porque ya habían optado por la vía nacionalista, que sólo puede desembocar en la independencia; en otros, porque esa visión nacional española se asociaba a valores conservadores. Ante el reto de la plena integración, España buscó entre los grandes estados aliados a largo plazo y encontró en Alemania su más firme amigo. Mientras Francia bloqueaba nuestro ingreso, obstaculizaba la lucha contra ETA, trataba de impedir que España asumiera el papel que le corresponde- -por tamaño, población y capacidad económica- -o primaba su vínculo con Marruecos a su alianza con nosotros, en Alemania encontramos en casi todo momento- -la excepción fue Schröder- -un interlocutor con el que teníamos una gran complementariedad. Alemania ha sido, y posiblemente continuará siendo, el estado más importante para nuestra política exterior en Europa. El democristiano Köhl acogió al joven socialista González bajo su protección, que se extendía al conjunto de España, y así fuimos aprendiendo qué eran las instituciones europeas, cómo defender nuestros intereses y cómo ganar influencia. Aquellos años fueron fundamentales para situarnos y hacernos respetar. Con la llegada de Aznar, la sintonía ideológica reforzó el vínculo. España creció económicamente y se dispuso a ganar peso político. Ya no estaba Köhl, sino Schröder. Con él Alemania veía cómo su economía se estancaba, cómo se abandonaba la idea de una Europa atlántica y cómo se jugaba a un eje con Rusia y China frente a Estados Unidos. En todos estos frentes se produjo un choque con España, leal al vínculo transatlántico, líder en la liberalización económica- -recordemos los acuerdos de Lisboa- -y reacia a establecer ejes con naciones no democráticas. Zapatero viaja a Alemania con una visión de Europa acorde con la defendida por Schröder: relativismo moral, tendencia al multiculturalismo, rechazo de los valores liberales, profundo antinorteamericanismo, defensa de relaciones preferentes con Rusia y China... más la guinda de la Alianza de Civilizaciones. Enfrente encontrará a su antípoda ideológica, Ángela Merkel, una alemana del Este hecha a sí misma en la dictadura comunista, fiel a la idea de una Europa atlántica y a la necesidad de mantener el vínculo con EE. UU. una mujer que rechaza de plano el relativismo y que asume, con todo su coste, el ejercicio de la política desde un compromiso moral; una líder dispuesta, poco a poco, a realizar las reformas económicas que su predecesor evitó. Merkel y Zapatero tienen en común la defensa del Tratado de la Constitución y ambos están dispuestos a sacarlo adelante como sea, pero poco más. Merkel, como Blair, no disimula su poco aprecio por el presidente español, que tuvo la falta de cortesía, y de inteligencia, de negarle su triunfo electoral. La opa de E. ON sobre Endesa, una vez que el Gobierno español, en otro acto de visión de Estado, puso en venta la compañía, le permite un desquite personal, un placer del que no se va a privar. Si el Gobierno sigue adelante con sus compromisos con la Caixa, el coste que se pagará en Bruselas será muy alto. Su visión de Europa es muy distinta, más allá de que ambos son sinceramente europeístas. Merkel se dispone a rehacer con Washington sus relaciones, que en el plano personal son excelentes con Bush; a marcar líneas rojas con Rusia, donde el proceso de reversión de la democracia o el chantaje energético alarma, y a primar la ayuda a los países del Este y los Balcanes. La disposición de Zapatero a ceder ante el eje París- Berlín, unida a su incapacidad para participar en los debates europeos y discutir a fondo los temas en disputa, facilitará la relación, pero a costa de la defensa de los intereses españoles. Con Zapatero España ha pasado de estar en el comité de dirección a ser miembro destacado de la clac, que aplaude y se dispone a salir sonriente en la foto.