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4 Opinión JUEVES 20 4 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil BENEDICTO XVI, PONTIFICADO EJEMPLAR L primer aniversario del pontificado del Papa Ratzinger supone una buena oportunidad para hacer balance. Queda claro, ante todo, que Benedicto XVI ha roto las previsiones interesadas (a veces, sesgadas) que apuntaban a una etapa marcada por el dogmatismo y la intransigencia. Muy al contrario, ha sabido recoger la herencia de un gigante de la historia como fue Juan Pablo II, al tiempo que ofrece sus propias vías para articular la presencia de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Su excepcional formación intelectual le permite además analizar en términos rigurosos y objetivos el alcance y los límites de la secularización, pero también el deseo de espiritualidad que se mantiene vivo en las sociedades más desarrolladas. Desde este punto de vista, el ecumenismo está siendo uno de los ejes del pontificado. Nada más lejos de la rigidez dogmática que este acercamiento a otras expresiones históricas de la religión cristiana. En la era de la globalización, el Papa sabe que la Iglesia tiene que mantener una actitud abierta y receptiva. En este sentido, es muy significativo que el Colegio Cardenalicio haya ampliado todavía más la pluralidad en el origen de sus miembros. No son tiempos propicios para el localismo, porque el futuro depende decisivamente de la capacidad para asimilar una realidad imprevisible. Como ayer escribía en la Tercera el teólogo Olegario González de Cardedal, éste es un Papa de mirada larga y segura, más atento a convicciones internas que a repercusiones exteriores. Importa en especial al Pontífice resaltar la presencia de los creyentes en la vida pública frente a las tendencias laicistas que pretenden encerrar a la fe en el ámbito estrictamente privado. Por eso, ha hablado con claridad de todos los grandes temas internacionales, sin eludir los más espinosos, como la polémica sobre las viñetas de Mahoma, las crisis de Irán o Irak y el conflicto palestino- israelí. También se ha pronunciado sobre los grandes temas morales, con especial incidencia en la familia y el matrimonio. Sorprendió a muchos con una encíclica- Deus cháritas est -cargada de hondura humana y capaz no sólo de apelar a la emotividad de los fieles sino también a la racionalidad de las gentes de mayor capacidad doctrinal. Recién cumplidos 79 años, en la plenitud de su madurez intelectual, Benedicto XVI ha roto todos los pronósticos. Es un Papa cercano y amable (así, ha recibido en su primer año el apoyo de cinco millones de peregrinos) además de ejemplar y brillante en la transmisión del mensaje evangélico. La Iglesia católica siente que está en buenas manos para afrontar los retos de un futuro cargado de incertidumbres, pero también de esperanzas. E LOS ESPAÑOLES Y EL ISLAM A opinión de los españoles sobre los países musulmanes es muy negativa, según la encuesta realizada por el Real Instituto Elcano. Para el 90 por ciento de los encuestados, los países musulmanes son autoritarios; para el 79 por ciento, intolerantes; y para el 68 por ciento, violentos. Obviamente, en esta actitud hacia el mundo islámico se mezclan percepciones subjetivas, pero también juicios contrastados, por lo que los resultados de la encuesta deben ser valorados con rigor no exento de preocupación. Los españoles no difieren, en general, de la opinión mayoritaria en Europa sobre la situación política de los países musulmanes, marcada por el tratamiento legal y social que recibe la mujer y la incapacidad para desarrollar sistemas democráticos basados en la libertad y en la igualdad de derechos. La mala imagen se corresponde con una mala realidad, incluso aun depurando las respuestas de los encuestados de sus aspectos más viscerales y prejuiciosos sobre el islam. Sin duda, el estudio del Real Instituto Elcano recoge las consecuencias de unas experiencias que ni el más voluntarioso de los biempensantes puede eludir, como el hecho de que Washington, Nueva York, Madrid o Londres han sufrido a manos de organizaciones islamistas los atentados terroristas más sangrientos de su historia. La asociación del mundo islámico al terrorismo de Al Qaida o de grupos locales es, evidentemente, injusta y desconocedora de que muchos musulmanes son víctimas diarias de estos grupos terroristas. También ignora que hay millones de musulmanes comprometidos con la modernización de sus países. Pero la opinión de los ciudadanos se forma por acumulación de imágenes y datos, y a esa continuidad terrorista- -que supone una preocupación prioritaria, según el sondeo- -se ha unido la campaña antioccidental planificada y desatada en diversos países musulmanes por la difusión de unasviñetas sobre Mahoma- -ampliamente rechazadas también por los encuestados- así como la escalada militarista del régimen iraní, advertida con toda su gravedad por los países europeos, en coincidencia con Estados Unidos. No en vano fue Angela Merkel la que comparó la política nuclear de Mahmud Ahmadineyad con el rearme impulsado por Adolf Hitler. Este negro panorama de la opinión pública española sobre L el islam es compatible con el apoyo mayoritario- -el 61 por ciento- -a la Alianza de Civilizaciones propuesta por Rodríguez Zapatero. No puede ser de otra forma: los ciudadanos se adhieren a determinados eslóganes, simplemente por la eufonía de su formulación, sin entrar en la viabilidad de su ejecución. De hecho, ha transcurrido más de un año desde que el jefe del Ejecutivo español presentó esta propuesta en la Asamblea de Naciones Unidas y los pasos dados hasta ahora han sido meramente simbólicos. Lo importante, en todo caso, es que los gobiernos occidentales sean conscientes de que las amenazas no desaparecen sólo con negarlas o minimizarlas, porque cuando se incurre en este error, y las amenazas se cumplen, las sociedades reaccionan de forma extrema. El sondeo de Elcano refleja, ante todo, el grave problema de relación entre las democracias y el mundo musulmán, que no se resuelve apelando a consensos desmentidos diariamente por el terrorismo integrista, la intransigencia religiosa o la amenaza nuclear iraní. El Gobierno británico se ha mostrado seriamente preocupado por el crecimiento de la extrema derecha en el Reino Unido, representada por el Partido Nacional Británico, que no es ajeno a otros movimientos ultras similares en Europa continental. Entre otras razones, todos se aprovechan- -excitando impulsos racistas y xenófobos- -del sentimiento de amenaza que se cierne sobre las sociedades europeas y del fracaso de las políticas de integración de lascomunidades musulmanas. Ante la pregunta de qué debe hacer Europa en su relación con el islam, parece claro que lo primero es confiar en los valores democráticos y en el sistema de libertades y derechos individuales sobre el que se asienta el progreso europeo, incompatible con un sentido teocrático de la vida personal y colectiva. Lo segundo es alimentar la democratización del mundo musulmán, como la que se está intentando con toda serie de dificultades en Irak, y ser muy firme frente a quienes, como Irán, aspiran a liderarlo con la superioridad militar y la expansión del integrismo. Y, por supuesto, superar la estanquidad de la inmigración musulmana para lograr su plena asimilación política a los códigos de convivencia democráticos. TEMPESTAD SOBRE WASHINGTON OS dos años que le quedan de legislatura van a ser un camino difícil para el presidente norteamericano. La última parte de este mandato debería ser la etapa para recoger la cosecha de sus dos periodos presidenciales y sin embargo, los índices de popularidad de George W. Bush han empezado a bajar a velocidad constante hasta límites políticamente difíciles de asumir. Además, las dimisiones de altos funcionarios (la última, ayer mismo, la del propio portavoz de la Casa Blanca) o las críticas de cinco generales en la reserva contra el secretario de Defensa proyectan una imagen más propia del final anticipado de una era política. La perspectiva de las elecciones legislativas del mes de noviembre se presenta con los peores augurios para los republicanos. Hasta ahora, los brillantes resultados económicos habían apuntalado el consenso aprobatorio sobre las decisiones de la Administración Bush, pero es evidente que la sociedad norteamericana presenta ahora claros síntomas de agotamiento, después de más de un lustro de tensión patriótica derivada de los atentados terroristas del 11- S. Son cada vez más amplios los sectores de ciudadanos que se preguntan por la eficacia de la política exterior de su país y específicamente L sobre la conducción de la guerra de Irak. El conflicto le dio a Bush las cotas de popularidad más altas de su mandato cuando las cosas iban bien sobre el terreno, pero se está volviendo en su contra a medida que las noticias que llegan desde Bagdad no son buenas. La situación de Bush en las encuestas es tan precaria, que compromete cualquier posibilidad de que EE. UU. pudiera lanzarse en estos momentos a un nuevo proyecto militar para detener el rearme nuclear iraní. No parece que un mero maquillaje en el Gobierno- -ni siquiera prescindiendo de la figura de Rumsfeld- -pueda cambiar las cosas. No ha llegado aún el momento de hacer balance del doble mandato de Bush, pero a estas alturas es evidente que muchos norteamericanos podrían estar haciéndolo ya, a la vista de que los grandes ideales que el presidente invocó para pedirles su apoyo en un proyecto militar tan ambicioso no son visibles en los informativos de las cadenas de televisión, ni se prevé que lo vayan a ser en el futuro inmediato. Tal vez con el paso del tiempo la historia venga a dar la razón a los que ahora parecen acorralados por la responsabilidad de haber inspirado este arriesgado camino, pero hoy por hoy Bush va a tener que navegar con los vientos de muchas tempestades.