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ABC JUEVES 20 4 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC IRAK, ¿IRÁN? La única salida posible a la situación actual es la internacionalización de todos los conflictos mencionados con el liderazgo formal de las Naciones Unidas... P ARA poder valorar los riesgos y las oportunidades que plantea la situación en Irán, conviene hacer memoria crítica de la invasión de Irak hace ya más de tres años. Sobre este tema publiqué en la Tercera de ABC (11 09 03) un resumen del argumentario americano que, en mi opinión, interesa recordar en estos momentos, por las razones que luego se indican. Decía así: Invadir Irak, además de afrontar una asignatura pendiente, era- -según los expertos del gobierno Bush- -una operación llena de buen sentido tanto militar como político. Su justificación no planteaba ningún problema. El régimen de Sadam Hussein- -un dictador ciertamente sanguinario y despótico- -poseía abundantes armas nucleares y químicas de destrucción masiva y múltiples conexiones con Al Qaida y otras redes terroristas. No tenían pruebas concretas sobre las armas ni sobre las conexiones terroristas, pero era algo tan lógico, ¡tan seguro! que no sería responsable esperar a que se concretara la amenaza. La acción preventiva estaba enteramente justificada. Las pruebas aparecerían sin el menor género de dudas. Se trataría, así mismo, de una operación militar de ejecución rápida y limpia. Vendría a ser prácticamente un ejercicio de guerra digital en la que los riesgos bélicos serían mínimos. La abrumadora superioridad tecnológica, unida a un conocimiento exhaustivo de las fuerzas del enemigo, garantizaba un éxito quizá no tan rápido ni tan fácil como en Afganistán, pero muy parecido. Una vez liberada de un dictador como Sadam Hussein, la población iraquí apoyaría mayoritariamente la nueva situación y los americanos- -así lo pronosticó Wolfowitz- -serían recibidos como nos recibió el pueblo francés en 1944 El apoyo de la opinión pública americana a este plan estaba garantizado. En todo el mundo, pero en especial en los países anglosajones, la ciudadanía, en situaciones de crisis, apoya siempre right or wrong, my country al Gobierno. La muy probable oposición del resto del mundo, además de no importar en exceso, podría corregirse, en alguna forma, con el mensaje de que la invasión de Irak favorecería grandemente la paz en Oriente Medio porque los EE. UU. adoptarían, al fin, posturas mucho más comprometidas y menos sectarias. Como subproductos importantes de la operación figuraban también dos asuntos interrelacionados: de un lado, la mejoría de la imagen del presidente y de su partido cara a confrontaciones electorales; y de otro, el control del precio y del suministro de un petróleo de fácil extracción y buena calidad que podría ayudar a una economía rodeada de escándalos financieros. La invasión sería, finalmente, un aviso para todos los demás navegantes en las aguas turbias del terrorismo y de las armas de destrucción masiva, y en concreto para Irán y Corea del Norte var en una guerra civil que tendría un desenlace final muy negativo a los intereses de Occidente. El conflicto de Oriente Medio no ha mejorado en forma alguna y no es posible que lo haga ni a corto plazo ni a medio plazo, como consecuencia, entre otros factores, del espectacular triunfo electoral de Hamás y de las implicaciones en todo el mundo islámico. A ello se une ahora el arrogante desafío nuclear de Irán, que está creando graves tensiones políticas y teniendo serias repercusiones económicas. ¿Q ué hay que hacer y qué no hay que hacer en estos momentos? Analicemos dos cuestiones básicas: -Hay que evitar, en primer término, que en los Estados Unidos se alcancen dinámicas similares a las que condujeron a la invasión de Irak. Parece muy improbable que en estos momentos ese gran país vuelva a actuar unilateralmente de espaldas a las organizaciones internacionales y a la opinión pública mundial. Pero habrá que tener sumo cuidado con los halcones de la administración Bush, aun cuando estén perdiendo de forma acelerada su credibilidad. En este sentido, Paul Krugman ha publicado recientemente un artículo con el título: You bet he would Apuesta que lo haría en el que afirma que no sería responsable eliminar la posibilidad de una invasión directa de Irán por los Estados Unidos. En el artículo analiza las razones que llevarían a la administración Bush a tomar esa inquietante decisión (pobres expectativas en las elecciones de noviembre, posibilidad de compensar el fracaso iraquí, creación de un clima patriótico que les ampare en sus horas bajas) y menciona también algunas similitudes con la situación anterior a la invasión de Irak, como el insistente llamamiento de Condoleezza Rice a las Naciones Unidas para que autoricen el uso de la fuerza. Es difícil coincidir, en este caso, con la opinión de Krugman, fundamentalmente por una razón. En el caso de Irak, la invasión se produce como reacción absolutamente inevitable a los ataques del 11 S y con una opinión pública interna enteramente a su favor. La sensibilidad del 11 S continúa sin duda siendo fuerte, pero el fracaso esplendoroso de Irak no toleraría una nueva acción bélica al estilo de esa invasión. Se generaría, antes o después, un rechazo ampliamente mayoritario que acentuaría de forma irreversible el declive político del partido republicano. En esta ocasión, además, sería imposible contar con la ayuda de Gran Bretaña o España o, por lo que ha dicho Prodi, Italia. América tendría que tomar esa decisión en una incómoda soledad. -El segundo tema se deriva precisamente de esa especie de limitación temporal de los Estados Unidos para utilizar, de forma directa y por decisión propia, su enorme poderío militar. Este es uno de los temas más complejos y delicados con los que nos enfrentamos en estos momentos. Es, o debería ser, el tema más preocupante para el resto del mundo occidental y también para países como Rusia y China, que, les guste o no, tendrán que ayudar a los Estados Unidos a salir de una encrucijada histórica que si no se afronta y se controla pronto puede colocarnos a todos en una situación de grave riesgo. El envalentonamiento y la agresividad del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, guardan relación directa con esa limitación temporal americana, y algo similar sucede con la insurgencia iraquí y, en su conjunto, con los movimientos terroristas islámicos. Todos parten de la base de que Europa, Rusia o China no harán otra cosa- -además de hacer visibles sus diferentes estrategias- -que amenazas verbales, advertencias diplomáticas de diverso rango, y en último caso, y después de mucho pensamiento, sanciones económicas que podrían acabar dañando más a los países que las impongan que a los países sancionados. P E se fue el argumentario que convenció plenamente a José María Aznar y a Tony Blair, y el que justificó, durante algún tiempo, la invasión de Irak. Desde aquel entonces hasta hoy, la situación en Irak ha ido deteriorándose hasta alcanzar niveles muy cercanos a un caos absoluto que puede deri- or todo lo anterior, la única salida posible a la situación actual es la internacionalización de todos los conflictos mencionados con el liderazgo formal de las Naciones Unidas, y el acuerdo político profundo entre los Estados Unidos, Rusia, China y el mundo occidental, no para crear un frente anti islámico- -aunque la percepción inicial contraria será inevitable- -sino para asegurar, desde la fortaleza de la unión, soluciones razonables y prudentes a las crisis abiertas. En esa gran coalición política- -que sería de hecho una reproducción de la que se produjo espontáneamente después del 11 S- los americanos tendrán que renunciar al protagonismo principal y los demás países deberán asegurarles el máximo respeto a sus opiniones e intereses. América es y seguirá siendo el país más poderoso del mundo y acabará aprendiendo a liderar de forma positiva y civilizada el proceso de globalización. De hecho, es el único país que está en condiciones de hacerlo. Ahora se encuentra en un momento difícil y necesita y merece la ayuda de todos los países serios. ANTONIO GARRIGUES WALKER Jurista