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ABC MIÉRCOLES 19 4 2006 Sociedad 47 BENEDICTO XVI, UN AÑO DE PAPA UN AÑO, UN VIAJE, UNA ENCÍCLICA JAIME VÁZQUEZ ALLEGUE. Vicedecano de la Facultad de Teología Universidad Pontificia de Salamanca os cien primeros días de un gobierno suelen ser una buena ocasión para analizar los cambios y el cumplimiento de las promesas anunciadas. Un año es tiempo suficiente como para aprobar o suspender a todo un equipo de gobierno. Por fortuna, en la Iglesia las cosas son de otra manera. Los pontificados no son gobiernos políticos y la duración de éstos no depende de unos comicios fijados por el calendario. El diecinueve de abril del 2005, el Cardenal Joseph Ratzinger salía al balcón de la Basílica de San Pedro convertido en Benedicto XVI. Ha pasado un año de aquellos fastos y ya podemos comenzar a hacer memoria, a recordar imágenes y titulares de prensa aparecidos durante este tiempo. 365 días con Benedicto han sido 365 días con benediction Aquella continuidad anunciada se ha convertido en un golpe de timón a la barca de Pedro que pocos podían sospechar después del discurso programático que muchos creyeron leer entre líneas en el funeral de Juan Pablo II. Parece evidente que el cambio ha sido y es la tónica dominante de este L primer año. Como afirmaba el Cardenal Newman: Vivir es cambiar y ha vivido mucho quien haya sido capaz de cambiar mucho Sin embargo, algunos sostienen que este tiempo ha confirmado el carácter inmovilista del nuevo pontificado. Otros han creído conveniente resaltar el estilo doctrinal impreso sobre el nuevo rumbo de la Iglesia. Los menos son los que se han dado cuenta de que la clave de Benedicto está en la prudencia, la serenidad y su trabajo silencioso de teólogo. Lo anunciábamos entonces, el intelectual convertido en Papa sería una demostración de que la reflexión teológica sirve para algo más que para llenar de tinta las páginas de los libros. Aunque la fecundidad se mide en cifras, el primer año de pontificado de Benedicto XVI está marcado por el uno. Un año, un viaje, una encíclica. Lo mínimo, pero a la vez lo justo y esencial. Lo necesario y al mismo tiempo imprescindible. Estábamos acostumbrados a ver a Juan Pablo II haciendo y deshaciendo maletas. Sin embargo, Benedicto XVI sólo ha hecho un viaje a Colonia, ¡y qué viaje! Se encontró con Benedicto XVI AFP los jóvenes llegados de todo el mundo y aprovechó para visitar a los judíos y a los musulmanes. Benedicto XVI sólo ha sacado una encíclica, Deus Caritas est ¡y qué encíclica! Centrada en el amor, el argumento vital más destacado. Ahí, en su primera encíclica, es en donde tenemos ese ansiado programa de gobierno aconsejable para todos, especialmente para los que perdieron el tiempo leyendo el Código da Vinci. En un año, Benedicto XVI ha hecho más cosas que las que algunos han encriptado en sus catálogos de tarifas. Muchas de ellas no han salido en los medios de comunicación porque forman parte del estilo personal del teólogo que piensa la fe desde la Iglesia. Cosas que tienen que ver con la sociedad, con el mundo, con el anuncio del Reino. Cosas relacionadas con los fundamentos del diálogo interreligioso, con el ecumenismo, con la misión en el mundo actual. Cosas que todavía están por salir a la luz. Esta mañana (y van dos en esta semana) no he podido visitar la tumba de Juan Pablo II. Roma está llena de peregrinos- -de romeros- -que vienen a recordar a Juan Pablo II el Grande. En un año, millones de personas se han acercado hasta la tumba de uno de los pontífices más carismáticos de la historia. Largas filas de peregrinos rodean la plaza de San Pedro para entrar en la Basílica y bajar a la cripta. Tal vez Benedicto XVI también tenga algo que ver en todo esto.