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ABC MIÉRCOLES 19 4 2006 Madrid 35 MÍRIAM ALONSO Joven arrojada al Metro por un esquizofrénico Mi agresor está loco, y no lo perdono Tiene 20 años y ya sabe qué es sufrir. Hace algo más de seis meses, otro vecino de Fuenlabrada la empujó cuando entraba un vagón: perdió una pierna, pero se ha ganado la vida TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Estuvo a punto de morir el pasado 4 de octubre, cuando Jorge R. V. la empujó a las vías del Metro, en la estación de Carabanchel. A sus 20 agostos, la fortaleza que transmite a su familia, dice su madre, es aún mayor que la que ellos alcanzan a darle. Una lección de dignidad. ¿Cómo se encuentra? -Dentro de lo que cabe, bastante bien. Estoy yendo a rehabilitación tres horas al día, de lunes a viernes. ¿Qué es lo que más le está ayudando a salir adelante? -Mi familia, mi novio y su familia, los conductores de ambulancia, los equipos médicos de La Fraternidad y los del Doce de Octubre. También querría dar las gracias a mi prima, que me llevó a la Niña Pastori al hospital. Di un grito exagerado. Sigo teniendo sueños con eso; fue maravilloso, no tengo palabras. Se esperaba encontrar a una persona en la cama, y la dejé sin habla. También quiero agradecer muchísimo a mis cuatro abuelos que vinieran desde Extremadura a Madrid para verme. Los quiero con locura. -Han pasado seis meses desde la agresión, ¿este tiempo se le ha hecho más largo? -A veces, me parece que ha pasado mucho tiempo, y otras, menos. ¿Cuáles son los peores momentos para usted? -Cuando peor lo paso es cuando me meto en un túnel o veo una boca de Metro. Antes no tenía claustrofobia, y ahora sí la tengo. ¿Ha vuelto a subir en Metro? -En Metro, por ahora, no. Ahora cojo el taxi, y pago mucho, hasta 90 euros, pero el Metro no. ¿Cuándo sentirá que todo ha recobrado la normalidad? -El día que pueda caminar con la pró- tesis. Es de lo que más ganas tengo. ¿Cómo transcurrió esa jornada? -Estaba trabajando de administrativa en una asesoría de Carabanchel, justo enfrente de donde se encuentra la estación de Metro. Entraba de nueve de la mañana a dos de la tarde, y, después, de cinco y media a ocho. Me dirigía al Metro para, luego, tomar el autobús en Aluche, hacia Fuenlabrada. ¿Le ayudó alguna de las personas que estaba en el andén? -Que yo recuerde, nadie me ayudó. ¿Conocía a Jorge, su agresor? -No lo conocía de nada. No había sido mi novio ni nada de eso. -Si lo pudiera tener enfrente, ¿qué le diría? -Le preguntaría cómo se siente sabiendo que no me ha matado y que, además, tengo muchísimas ganas de vivir. ¿Le perdona? -No puedo perdonar. ¿Cree que está loco? -Creo que sí. Una persona que hace eso no está bien de la cabeza. ¿Se ha puesto su familia en contacto con ustedes, para interesarse por su estado? -Su familia no me ha llamado. Al principio de todo, alguien dijo que querían, pero no ocurrió. ¿Cree en la justicia? -No. ¿Qué debería pasarle a Jorge? -Que le metan en un centro psiquiátrico penitenciario, que no salga más a la calle y tome su medicación. Que no salga más, porque se ha visto que gente así es peligrosa. ¿Qué tal lleva su novio todo? -Me anima lo mejor que puede, porque también lo está pasando muy mal. ¿Cuánto ha cambiado su vida? -Ha dado un giro de 180 grados. Inten- Míriam Alonso, en el barrio de Fuenlabrada donde vive No creo en la justicia. Que le metan en un centro psiquiátrico penitenciario y que no salga más a la calle to hacer mi vida lo mejor posible y como antes, pero llegando a mis límites. ¿Se sorprende de su fortaleza? -No me sorprendo de mí misma. ¿Vive ahora noticias o situaciones trágicas de otras personas de diferente manera que antes? -Sí. Necesito mucho ayudar a los demás. Por ejemplo, necesito dar mi apoyo a las víctimas del reciente accidente de autobús de los scouts decirle a los niños de 8 años, sobre todo a los amputados, que cuenten conmigo para lo que necesiten. ¿Qué es lo que más la relaja? -Ir a mi pueblo, Logrosán, en Cáceres, que es donde más me refugio. -Lleva siete operaciones. ¿Le queda alguna más? -Sí, la de la nariz, pero tengo una infección en la espalda. Hay que esperar. ¿Qué le diría a la gente de su edad que pasa un poco de todo? -Le diría que aproveche la vida todo lo que pueda. ¿Cuáles son sus proyectos? -Irme a vivir a Extremadura, seguir trabajando y disfrutar de la vida todo lo que pueda. Nunca me gustó Madrid, y, ahora, muchísimo menos.